Con ella llegó el escándalo
Conciertos

Con ella llegó el escándalo

-- / 10
17-05-2014
Empresa — Fusic
Sala — Parc de la Formiga / Vila-Seca
Fotografía — Maria Fuster

Hacía dos años que no acudía a la cita del FIM de Vila-Seca y me quedé gratamente sorprendido con la incorporación de escenarios de gran valía como La Mina Cafè Teatre o el Pati del Fènix, pero sin embargo eché a faltar el espacio del Hort del Centre para los debates y encuentros destinados a los profesionales del sector que esta vez se desarrollaron en un hotel Atenea más cómodo, pero bastante más impersonal. Un Hort del Centre que daba el pistoletazo de salida el viernes a las 19h con un encuentro entre profesionales amenizado por el cantautor Xebi SF que se lanzó con cierto voluntarismo, pero no excesiva fortuna, a desgranar las canciones de su reciente primer álbum. Ni siquiera la colaboración puntual de Joan Colomo en el tema “En mi pueblo”, logró levantar esa sensación de estar en el lugar y hora equivocados que no ayudaron que las canciones de “Duermevela” remontaran ese espíritu Lo-fi que las hace entrañables en disco, pero faltas de carácter en directo.  Algo parecido le pasó a Alberto Montero que debería haber brillado mucho más y quizás lo hubiera hecho en un espacio mucho más reducido y próximo que engrandeciera y diera ese toque de misticismo retro a canciones tan bellas como “Noche de Verano”. No fue así y la sensación de no haber rematado la jugada prevaleció en estos primeros compases de la Fira.

Tocaba cambiar de tercio y desplazarse hasta el Pati del Fènix para dejarse llevar por una propuesta de carácter más hedonista y desenfadada de la mano de La Banda Municipal del Polo Norte. Un grupo que parece haber generado ciertas expectativas con su segundo largo, pero sobre todo con el vídeo de su tema bandera el cachondo “Bailando mal”. Lo cierto es que su propuesta sirvió a la perfección para desengrasar el aire de solemnidad que había adquirido hasta el momento el festival, aunque pronto se pudo vislumbrar el evidente toque amateur de un combo que no pretende engañar a nadie con sus melodías pop desenfadas y ese toque entre naïf y retro tan simpático como insustancial. De esa forma podemos decir que la Fira empezó a coger algo de volada la noche del viernes con las actuaciones de Desert y Joana Serrat. Los primeros porque estuvieron a la altura de ese halo de misterio que parece envolverles, con una actuación que sabe tejer atmósferas ensoñadoras sobre las que anida la calida voz de Cristina Checa y que, esta vez sí, contó con el espacio adecuado para desarrollarse. Hablar de que son nuestros Beach House es simplificar demasiado, pero puede ser un buen referente para situarlos y animar a cualquiera a dejarse llevar por la magia que desprenden en sus conciertos.

Joana Serrat
parecía ser una de las cabezas de cartel del viernes y, si bien un álbum tan exquisitamente redondo y pleno como “Dear Great Canyon” sin duda lo merece, a la de Vic todavía le faltan horas de vuelo a la hora de defenderlo en directo. Empezó con cierto aire de titubeo y le costó un poco hacernos partícipe de la rotundidad que esconden sus nuevas composiciones. Cierto es que a medida que se iba haciendo más dueña del escenario y que la banda encontraba ese punto de engrase óptimo el concierto mejoró bastante, dejándonos un buen sabor de boca y la certeza de que si nos la volvemos a encontrar dentro de unos meses la cosa será de órdago. Los que no acabaron de conquistarme fueron El Último Vecino. Cabe decir que su propuesta con evidente sabor ochenteno auspiciado por sintetizadores y beats electrónicos tampoco acaba de embriagarme en disco, y eso ya de por sí genera cierto halo de injusticia en mis comentarios, pero juraría que pueden hacerlo mucho mejor sobre un escenario y es evidente que no son la banda más adecuada para tocar en la plaza de un pueblo con evidente ambiente festivo. Por último el encargado de poner la “cirereta” del viernes fue un Joan Colomo que está gozando de un reconocimiento inédito del que él parece el principal sorprendido, y quizás le falte asimilarlo para asentarse y sacar el máximo de partido a la dulce situación en la que se encuentra. Los temas de su último disco “La fília i la fòbia” lo justifican e impulsan hacia un directo interesante que puede llegar a ser incluso mucho mejor si se lo propone. Por eso no deja de fastidiar encontrarse al Colomo más
insustancial, embarcado en el ejercicio de recuperar bajo su prisma
particular clásicos de la radio fórmula más casposa. Lo pasamos bien, lo
reconozco, pero hubiera preferido un concierto al uso.
Testo: Don Disturbios

Arrancábamos la segunda y última jornada del FIM Vila-Seca con más gente en las calles que el día anterior, aunque sin llegar a las cifras del año pasado, como después nos confirmó la organización. Puede que parte de culpa la tuviera un final de liga muy reñido que mantuvo en vela a unos esperanzados culés que finalmente vieron como los colchoneros se llevaban la gloria. Pero dejemos el tema, que todavía duele.
Lo cierto es que ya desde primera hora de la tarde se podían ver grupos de gente escudriñando los programas de mano para mirar de escoger bien a quien ver y a quien sacrificar. Y es que como alguien dijo, elegir es dejar de hacer todas las demás opciones, así que hay que hacerlo a consciencia. Por suerte, el FIM no nos lo pone muy difícil, y la coincidencia de actuaciones no suele resultar un problema grave.

Mi primera elección era clara: por nada del mundo quería perderme el nuevo proyecto de dos bestias escénicas como Pau Riba y Pascal Comelade, que presentaban su primer disco conjunto “Mosques de Colors”, diez canciones inéditas que en directo acompañaron dos músicos como base rítmica. Canciones, sí, porque cuando uno piensa en el concepto clásico “canción” lo más probable es que le venga a la cabeza cualquiera de los temas que este inclasificable dúo regaló a una audiencia más que motivada. Composiciones sencillas y juguetonas con reminiscencias de otros tiempos, impregnadas de un aire de nostalgia que teñía unas canciones infantiles pero con clave adulta. Un espectáculo, que sin ser una continuación de sus carreras paralelas, si pudimos encontrar lo mejor de cada uno: la potencia expresiva de Pau Riba y el universo sonoro único y personal de Pascal Comelade.

Era el turno de Negro, el proyecto del valenciano Fernando Junquera. Para ser sincera, no las tenía todas en mí: la idea de un solo tío encima del escenario con una guitarra sacándole sonidos imposibles y que con sobrada ironía anunciaba “Ya verán que hago todo hits. Esto lo hago para ganar dinero en la radio” era, por lo menos, arriesgada. Dos canciones le bastaron para cerrarme la boca. Su capacidad para crear melodías tan dispares que iban del sonido de un citar indio a la distorsión más grungera pasando por la psicodélia mantuvieron la atención de el público reunido en el Mina Cafè-Teatre, un espacio privilegiado para acoger una propuesta como esta. Cuarenta minutos de cortes rápidos y concisos demostraron que cuando se va sobrado de virtuosismo y simpatía no es necesario nada más.

Y así de contenta me dirigía hacia Coriolà, una cita casi obligada por ser la nueva promesa del ya viejo y conocido pop-folk catalán que tantos éxitos ha cosechado en los últimos años. Hijos de Manel y Mishima, finalistas del reputado concurso Sona 9, los Coriolà saben perfectamente que cartas tienen y como jugarlas, sin dejar demasiado lugar a la improvisación ni a las salidas de tono. Con velocidad crucero desde el primer tema, desplegaron todo su potencial sonoro con una banda muy sólida que consiguió vestir sin dificultades unas canciones emotivas pero sin llegar a la fragilidad que les han valido para llevarse el distintivo epíteto de “los Bon Iver Mediterrános”.

Con este sosiego del alma me dirigía hacia mi próxima cita: Falciots Ninja, el grupo liderado por uno de los vocalistas de los recientemente desaparecidos MiNE! y que con este nuevo proyecto se acompaña de músicos procedentes de Very Pomelo, Muyayo Riff o Guillamino, aunque en este directo la formación original se vio alterada por culpa de agendas demasiado llenas. Para nada se noto. La banda sonó con una contundencia exagerada y se palpaba el buen rollo encima del escenario que contagiaba a los asistentes. Y es que cuando los músicos se lo pasan bien tocando el resultado solo puede ser positivo: una descarga de energía canalizada en temas canallas a medio camino entre el rock y los ritmos bailables que hicieron mover el culo hasta al más pusilánime.

Pasamos a Xénia Rubinos. Y con ella llegó el escándalo. Sin duda la sorpresa del festival. Con una propuesta original, diferente y atrevida la neoyorquina dejó de piedra a una Plaça de les Voltes que no daba crédito al poderío que se había desatado encima del escenario. Su voz de cantante de soul brillaba por encima del teclado, bases electrónica y un inspirado Marc Buccelli a la batería. Estos pocos elementos eran suficientes para escarbar en géneros tan dispares como el beat boxing, el r’n’b, el hip hop o pequeñas dosis de jazz. Sin duda una apuesta diferente que aporta aire fresco a un panorama a menudo demasiado homogenizado.

La guinda de una jornada perfecta la puso Lost Fills, el grupo mallorquín formado por el carismático Pep Toni Ferrer (Oliva Trencada) a cargo de la guitarra y la voz, y Joan Cabot a la batería. Con un sonido sin destilar, crudo y directo, nos acercaron al rock-noise más noventero con canciones enérgicas y dosis de ruido. Per lo que realmente cautivo a los asistentes fue su actitud punk, que llevó a Pep a esconderse bajo el escenario, y su discurso políticamente incorrecto que nos dejo perlas como: “El Ukele es CIU. Nosotros hacemos sonido GRAPO”.

Así que contentos y de buen humor terminábamos una nueva edición, y ya van 15, de una de las citas anuales obligadas. Obligada por ser un magnífico escaparate de nuevas propuesta, por tener una organización intachable con un trato inmejorable y, sobre todo, por ser el certamen con el público más respetuoso que me he encontrado hasta la fecha, pues si algo me sorprendió de verdad fue el silencio de los asistentes en todas las actuaciones, incluso en las más tardías, en que el estado de embriaguez del personal podía hacer peligrar la compostura.
Texto: Maria Fuster

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.