Carlsberg Worldwide Clubbing Festival
Conciertos

Carlsberg Worldwide Clubbing Festival

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30-09-2005
Fotografía — Archivo

Después de hacer parada en Valencia, Ibiza y Vigo, el festival itinerante Carlsberg Worldwide Clubbing llegaba a Madrid con un cartel al que no se le podía decir no, formado por algunos de los nombres con mayor tirón popular y que encajaban la perfección en la propuesta de los organizadores de servir de escaparate para lo que suena en clubes de ambos lados del Atlántico. Hubo cohetes y petardos para quienes los buscaban con la mirada en alto, aunque la noche también nos hizo cargar con algunos lastres, esperados unos, otros no tanto. La cosa prometía verbena, pero el aspecto de La Cubierta del Leganés se parecía más al del Kinépolis en el preestreno del “Episodio III”, con grandes pantallas que mostraban publicidad en bucle, una iluminación de plató televisivo, alfombra roja y el equipo de seguridad que se comportaba a veces como si aquello fuese Hollywood. Cagedbaby era el encargado de prender fuego a la mecha. El británico tiene fama de freak de la serie Z y de niño prodigio al piano, además de una atracción enfermiza por los ochenta. Lástima que servidor no llegara a verlo, y no fui el único: no más de veinte personas observaban una hora después al puntual Green Velvet tomar posiciones. Él fue el más perjudicado de un horario de actuaciones diseñado para producir descalabros. A pesar de todo lo suyo fue para subir y darle un abrazo: empezó vertiendo un petróleo tan negro como se le supone por ser de Chicago, tocó el palo que quiso (house, electro, acid) con elegancia pasmosa y terminó haciendo rugir a la ya multitud a base de techno color verde Matrix (hubo otros, “The Sky Was Pink”, penúltimo hit de Border Community; al menos dos temas de Coccon), algo que desbordó cualquier pretensión de que su labor allí fuera sólo “calentar” al personal. Más que una bienvenida, lo de este hombre fue un flechazo de sábado noche. A Layo & Bushwacka!, por el contrario, les tocaron todos los parones de la noche y algún incómodo “fallo técnico” muy mal resuelto. La verdad es que uno no acaba de pillarles el punto. Al dúo lo identificamos con los años en los que el big beat era tan popular que contaba hasta con equipos de segunda división (Freestylers, Dakota, Psychedeliasmith, estos Layo & Bushwacka!). Y los fragmentos orbitalianos con los que acolcharon su intervención de la otra noche dejaron sensación de déjà vu, de estar ante una reproducción cuidadosa de entonces. Si no apelan a la nostalgia, lo parece. ¿Retro? Podría ser, pero no ayudó en nada el chaparrón de percusión de clase de gimnasia que se marcaron. ¿Aerobic? Con los brazos levantados fue recibido Fatboy Slim, el protagonista principal de la película. Su sesión fue tan flexible como un monolito y 110% efectiva, una apisonadora de beats y bajo que sepulta vinilos de surf, a Michael Jackson, engulle estribillos hedonistas propios (“Don´t Let The Man Get You Down”, “Right Here, Right Now”) y ajenos (“Born Slippy”, de Underworld), soul, rock y que aniquila cualquier matiz posible porque te pega directamente en los pulmones. Norman Cook lució el aspecto de un Elvis sudoroso ante una barandilla del Titanic, delante de proyecciones con la cara de “Smiley” y perseguido por los focos mientras mostraba sus discos al respetable y lo conquistaba sin esfuerzo con actitud hooligan. Terminó dejando caer “Praise You”, para que no se diga que no tiene corazón. Para mí se pasó de burro. David Guetta tampoco pudo tener su noche más elegante con semejante volumen, y si al francés le separa mucha distancia de su vecino británico no fue aquella la noche ideal para apreciarlo. Él dio su propia visión de este asunto llamado “música de baile para estadios”, levantando una maquinaria rítmica muy bien engrasada donde piezas como “Sweet Dreams” (Eurythmics), “Song 2” (Blur) y “Smell Like Teen Spirit” (Nirvana) son pellizcadas a placer entre drones calentorros y subidones de campeonato. Su guiño: “La La Land” (Green Velvet). Tiga tuvo que hacer frente a un rumor que helaba la sangre: que 2 Many Dj´s, esperado final de fiesta caníbal, habían perdido el vuelo a Madrid. El canadiense es más comedido, pero tiene sus armas: programaciones ochentas, gusto pop y temas de aparente sencillez como la versión del “Sunglasses At Night” de Corey Hart. Para cuando terminó, el último golpe de la noche (la definitiva cancelación de 2Many Dj´s) resultó más dulce. Dos papeles colgados fueron los únicos encargados de avisarnos de la faena, ya cerca de la puerta, mientras D.A.R.Y.L. metía mano a un tema de Fischerspooner. Al día siguiente aún nos zumbarían los oídos.

Un comentario
  1. I was struck by the hosnety of your posting

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