Un abarrotado Avalon Café lucía el especto de las grandes veladas, en las que las expectativas sobrevuelan por encima de la media y apuntan a una noche de fiesta que, en el caso de Camellos, quedó certificada por todo lo alto. El catalizador de tal algarabía recaía, en efecto, sobre la que era primera visita de Camellos a la ciudad, en una fecha incluida en esa gira con la que los madrileños se encuentran celebrando su décimo aniversario. Una excusa legítima cuando de hacer un generoso repaso por su discografía se trata, en un argumento que también hizo las veces de base sobre el que levantar el ardoroso concierto que el quinteto extendió a lo largo de más de hora y media.
Liderados por dos cantantes como Frankie Ríos y Fernando Naval, especialmente comunicativos y que interactuaron en todo momento con su público (y con el bajista Tommy Dewolfe llamativamente posicionado en las escaleras que dan al escenario durante toda la actuación), el grupo despachó –con soltura y esa chulería castiza inherente a su misma esencia creativa– un buen número de temas, repartidos entre pildorazos incontestables (“Loros”, la reciente “Oye cómo vienes”, el clásico “Arroz con cosas”, “Mazo” o “Quién se ríe ahora”, a las que cabría añadir la versión del “Máquina de baile” de Joe Crepúsculo) y compañeras de viaje menos impactantes, pero siempre funcionales o, cuando menos, aparentes en el marco del sarao.
Lo de Camellos va de indie pop-rock de guitarras, tan rugoso, descarado y algo macarra como en realidad pegadizo, que apuesta por el realismo de sus formas como cualidad innegociable. Es así como su directo luce con fuerza en esas distancias cortas como las que oferta la sala zamorana en cuestión. Sin trampa ni cartón; sin artificios y con esa lírica costumbrista y afilada con toneladas de ironía haciendo las veces de potenciador adicional. El resultado: un disfrute hedonista y contagioso, con mayoría de momentos copados por un público exaltado certificando el triunfo. Nada nuevo bajo el sol, desde luego, pero qué apropiado para descarrilar en la noche del sábado.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.