Si metemos en una coctelera y mezclamos, pero no agitamos, los nombres de las bandas españolas que más han actuado en los festivales veraniegos del alegre país en el que vivimos, el resultado tiene un sabor muy parecido al cartel del Festival Independiente de Zaragoza. Y si a estos nombres les añadimos dos exóticos cabezas de cartel con eficacia probada para levantar los ánimos, el resultado es tan exitoso como el que ha vivido el FIZ 2014, que después de 14 ediciones goza de muy buena salud, por lo menos a lo que número de espectadores se refiere.
El invitado de la tierra de este año, al que siempre se relega a un mero papel de encargado de abrir el festival, fue el oscense Pecker. No se amedrentó, sacó pecho y no sólo estuvo a la altura del resto del cartel, si no que entregó uno de los mejores directos de la noche. Sacó toda la artillería pesada, tiene singles efectivos de pop electrónico de sobras, y además presentó varios temas de su nuevo disco, “Suite”, que no hicieron más que aumentarán las ganas de poder escucharlo entero. Miss Caffeina venían montando mucho ruido, pero al final sólo conquistó a los corazones de las muchas jóvenes que acudieron en buen número a primeras horas de la tarde. Ahora una lentita para ver lo tiernos que somos, ahora una movidita para menear las caderas. Con profesionalidad, pero sin gracia entregaron un repertorio que busca parecerse tanto al nuevo indie patrio como a los grandes bandas de estadio tipo de Killers. Otra cosa muy distinta fue lo que ofrecieron L.A. Se mueven muy cómodamente entre un sonido pop más convencional y ciertas raíces americanas y realmente el resultado es más que satisfactorio (aunque más interesantes cuando se acercan a lo último). Poseen canciones tan estupendas como “Hands” y sobre las tablas suenan precisos y con garra; tienen merecido su éxito.
Izal llegaron al FIZ por primera vez, y ya convertidos en la nueva promesa de la música pop española. En cuestión de un año han pasado de tocar en pequeñas salas a encabezar grandes festivales. Con su tesón y la suerte de estar en lugar y en el momento adecuado lo han logrado; no ha sido por ser unos compositores especialmente hábiles y ni un grupo con grandes recursos en directo. Unas letras generacionales y la fórmula del ritmo trotón les ha funcionado muy bien y cada vez se encaminan por ese camino, del éxito por lo que parece. Sólo hay que ver la impresionante respuesta de su público cuando llegó el momento de “Prueba y error”. Por el contrario, la que ha perdido un tanto de tirón comercial es la en antaño omnipresente Russian Red. Sabe que el actual circuito de conciertos pasa por los grandes festivales, así que ha intentado reenfocar parte de su repertorio a contentar a las masas. Sigue siendo poseedora de una encantadora voz y va respaldada por una solvente banda, pero un recinto como la Multiusos no es el mejor recinto para poder apreciarla.
Y llegaron las estrellas indiscutibles del festival. Ya han pasado varios años desde la impactante irrupción en la escena musical española de Vetusta Morla y hay que saber reconocerles el esfuerzo por no haberse quedado en una moda pasajera. Los trabajos posteriores a “Un día en el mundo” han resultado mucho más sólidos de lo que esperábamos muchos y su directo se han consolidado como un valor seguro, aunque escaso de sorpresas. Les han salido múltiples imitadores, pero su reinado sigue sin peligrar. Desde el arranque con una intensa “La deriva” hasta el final no dieron descanso al ansioso público, que todo les pareció poco. Igual les da entregar los esperados hits (“Valiente”, “Sálvese quién pueda”) que cualquier tema resto de su repertorio, Pucho y compañía ofrecieron un show sin momentos bajos. También salieron a matar León Benavente. Fue una actuación corta, pero con las ideas muy claras. Su directo es abrasivo, con un volumen atronador (excesivo incluso en algunos momentos), y no hicieron prisioneros. El repaso a su exitoso primer disco resultó más que placentero, en el que dieron rienda suelta a ese sonido oscuro suyo, con un bajo de esos que hacer palpitar el corazón. Su música puede ser muy intensa pero eso no quitó para que Abraham Boba mostrará su faceta más desatada. Pronto vuelven a Zaragoza. Para no perdérselos.
Lo primeros representantes internacionales fueron Kakkmaddafakka, todos unos expertos en eso reventar festivales: tienen un show festivo, alegre, desvergozado, que resulta idóneo para ello. Pero visto con perspectiva, si se les desnuda, si de su espectáculo se eliminara los efectivos y divertidos coristas, las cabriolas de sus músicos y sus canciones más reconocibles, el asunto haría aguas. El escaso tiempo de actuación jugó a su favor. Rinôcerôse (en la foto) son unos viejos conocidos del FIZ. Actuaron hace ya 12 años. Su propuesta de música bailable puede parecer un tanto caduca a estas alturas, pero es innegable que ofrecieron el mejor de sus conciertos posibles. Apostaron primero por el sonido de sus primeros tiempo, más house y sutiles, para luego dar rienda suelta a su faceta más petarda con “Bitch” y “Medicine”. Quizá un poco forzado mezclar los dos estilos, pero a esas horas ya no importaban las sutilezas.
Los más valientes se despidieron de esta última y exitosa edición con la actuación de Krostrok y todo apunta que en próximos años los organizadores seguirán apostando por esta línea: menos arriesgada pero más atractiva para las nuevas generaciones, que prefieren los grandes eventos a las pequeñas salas para disfrutar de la música que les gusta.
Al Real Madrid si le quitas a Cristiano Ronaldo, Benzema y juegan sin portero igual también pierde. Kakkmaddafakka fueron el mejor concierto junto a Rinocerose y Vetusta.