Basta con mirarle para intuir que es un tipo peculiar; su camisa medio abierta, su pelo largo y barba prominente, esos dejes lunáticos y los bailes erótico festivos. Sin embargo, más allá de lo hilarante de su performance, Bigott es un artista y sin tener que dotar a sus actuaciones de una sobreactuada seriedad, es capaz de conmover con su arrolladora voz y su personalidad. “The new pornographers”, “Trois je t’aime” y “Afrodita Carambolo” fueron el trío de su anterior trabajo “Fín” escogidos para abrir el concierto. Del pop, al rock, aderezado con sabor a western, incluso en temas como “Horses back”, el zaragozano recuerda –a su manera- al añorado Johny Cash por un breve instante. Sin saber si disimula una timideza extrema o en realidad el escenario es su segundo hábitat, Bigott se hace dueño y señor de éste, consiguiendo la complicidad del público, quien le acompaña en temas como “She is my man” o “The jingle”, ensimismados por los contoneos sudorosos de su barriga. El momento álgido de la noche llega con “Dead mum walking”, que desemboca en una nube de sonido semi caótica en el que Bigott se lanza al público, quien, sonriente, le pasea unos metros por la sala. Lo mejor es saber que, más allá de coreografías histriónicas o no, Bigott demuestra ser un gran artista y, seguro, un tipo peculiar.
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