Había ganas de Womad. Después de dos años sin poderse celebrar en Las Palmas por desacuerdos económicos con el gobierno de la ciudad, Fuerteventura se ofreció para acoger este festival emblemático en el mundo y también en Las Islas Afortunadas. Y a tenor del éxito conseguido por la organización, que cifró en 25.000 personas la asistencia desde el jueves al domingo, parece que ha llegado a esta isla para quedarse. Además el presidente del Cabildo de Fuerteventura, Mario Cabrera, confirmaba en rueda de prensa que la filosofía del festival es la misma que la de la isla: “desarrollo sostenible, respeto al entorno y apoyo a la multiculturalidad”.
Fue en 1993 cuando arrancó por primera vez este evento auspiciado por Peter Gabriel y lo hizo en la Playa de las Canteras de la ciudad de Las Palmas. Ahora parece volver al lugar donde no debió irse, un entorno ideal para este tipo de festival. Y es que la imagen que daba el espacio, mirándolo desde el paseo marítimo de ese pequeño pueblo que es Gran Tarajal, era impresionante. Dos enormes escenarios anclados en la arena volcánica de la playa, enfrentados y separados unos 300m. Además el artista británico Angus Watt diseñó casi un centenar de coloridas banderas que dispuestas en tres hileras creaba una avenida imaginaria y espectacular entre ellos. Como las actuaciones eran alternas, la fotografía del público trasladándose de un escenario a otro, era muy singular.
Asimismo el tiempo durante todo el fin de semana se podría calificar de ideal, con una ligera brisa suficiente para que no pararan de ondear las banderas, pero sin que resultara para nada molesta y una temperatura perfecta hasta para bañarse. Con estas premisas y siendo totalmente gratuito, es difícil no disfrutar este festival.
A pesar de que el jueves se dio por inaugurado, musicalmente los conciertos tuvieron lugar el viernes y el sábado. Y recordamos que cada grupo tocaba durante una hora y el Womad es muy estricto en esto, así que los grupos debían saber concentrar sus energías.
El cantautor (y muchas cosas más) Arístides Moreno con sus irónicas y simpáticas composiciones, y sobre todo su alta experiencia en los escenarios, fue el privilegiado que estrenó este nuevo Womad y lo hizo moviendo y haciendo cantar al público como solo él es capaz.
Le siguió La Sonrisa del Guirre, banda de pop/rock nacida justamente en Gran Tarajal, y fue todo un lujo para ellos, y sus seguidores, el tocar en ese espacio, además cumplieron.
Tras ellos cambio de escenario para recibir a Çigdem Aslan que nos ofreció esas canciones ancladas en el rebético, un estilo vilipendiado en sus inicios, porque nacieron dirigidas a una clase marginada en el exilio, pero que te transportan con facilidad a ese mar Egeo donde se originaron. Çigdem nació en Estambul de padres kurdos y es capaz de cantar en turco, griego, búlgaro, kurdo o ladino, pero su melodiosa voz hace que suene como si te acariciaran los oídos. Estuvo asistida por la banda londinense, aunque plurinacional, She’Koyokh que se transforma en su banda de acompañamiento, y sus instrumentos de orientación acústica son ideales para que sobresalga la preciosa voz de Çigdem y sus cantos melancólicos y emotivos.
Contraste total con La Chiva Gantiva, grupo de residencia belga, pero compuesto por colombianos, franceses, un vietnamita y una chilena. Con solo dos discos han sabido crear una música muy rítmica basada en sus raíces afrocolombianas mezcladas con rock, afrobeat o funk. Una combinación muy bailable que unida a su gran experiencia de tocar en las calles, les facilita la interacción con su audiencia. Hicieron mover a todo el que estaba allí de un lado a otro, les hicieron agacharse, saltar, y eso con un público tan receptivo y cómplice como el canario, es éxito seguro. Sonaron realmente festivos con “Para arriba”, su éxito mas popular “Pelao”, el irresistible afrobeat de “Estrenendo” o la vitalista “Vivo”. Esta banda explosiva, con un cantante que no para quieto ni un momento, está triunfando en todos los festivales por los que pasa, y este no iba a ser menos.
Y cambio de tercio porque tomó el escenario el compositor, multiinstrumentista y cantante Julián Maeso (ex Sunday Drivers). Centró su show en su nuevo disco “One Way Ticket to Saturn” basado en ese rock setentero americano de reminiscencias funk, country o hasta gospel, pero con mucho groove. Julián demostró su gran dominio del hammond y la guitarra, y su cuarteto le respaldó en todo momento y con intensidad. Y gran interpretación del “Wild Horses” stoniano de ambientes reggae, cercana a la versión de Leon Russel.
Tras él el salto estilístico no fue tan grande, porque llegaron Arizona Baby. Son solo tres, dos guitarras y batería, pero que buen directo tienen. También basaron su show en su último y reciente trabajo “Secret Fires” que justo ahora empiezan a presentar, sin embargo todas sus canciones sonaron compactas, intensas y emocionantes. A destacar la resultona “It Helps If You Sing” (cantar siempre ayuda, afirmaron), su reciente éxito “Wooden Nickles”, esa experimentación de “Create Your Own God”, la ya clásica “Shiralle” o ese final impactante e impecable con “Real Lies”. Para sorpresa de la interacción de músicos que consigue este festival, acabaron recomendado a la gente para que no se perdiera la actuación de La Pegatina. Toma ya.
Y de nuevo cambio total de registro musical para escuchar al quinteto francés de L’Hijâz’Car, música instrumental muy melódica y tranquila. Podríamos hablar de sugerente jazz mediterráneo y contemporáneo para hacernos una idea de su propuesta, aunque visualmente lo que más resalta son los instrumentos con los que desarrollan esa incitante y a veces inquietante música. Ellos son un oud (laúd árabe), tarhu (un diseño único de instrumento de cuerda frotada), percusión, clarinete bajo y contrabajo. Fue el momento de “relax” ideal para llegar al nigeriano Seun Kuti.
Era uno de los más esperados y a pesar de que contagio a todos con ese irresistible afrobeat, no fue su mejor actuación. En la pasada edición del festival Primavera Sound donde le pudimos ver, fue mucho más contundente, e hizo casi el mismo setlist. Puede ser que siendo tan solo una hora, no bastara para que su numerosa banda alcanzara el calentamiento suficiente, aún y así repito que su actuación fue destacada. Casi todo su repertorio se basó en su último trabajo “A Long Way To The Beginning” y empezó con “Ohun Aiye”, un cadencioso highlife, estilo primigenio del afrobeat, que hizo la banda en solitario. Al acabar apareció Seun con su saxo en mano para hacer, como acostumbra, una versión de Fela. En esta ocasión fue “VIP”, que no quiere decir lo que parece sino “Vagabons in Power”. Para seguir con esos largos y rítmicos temas donde brillaron “African Smoke”, “IMF” (duro repaso al Fondo Monetario Internacional, donde cambia su acrónimo por “International Mother Fucker”), o ese final enérgico con “Kalakuta Boy”.
La noche acabó en las manos del dj El Especialista Manel Ruiz, catalán residente en Las Palmas que hizo una buena transición de los ritmos africanos a los caribeños, pero con el baile como punto de enlace.
El sábado fue el joven e inquieto canario Germán López el encargado de hacer sonar su timple (pequeña guitarra canaria) en la playa de Gran Tarajal. Y lo hizo con un proyecto encargado por el propio festival, crear un grupo que representara a los músicos de las siete islas, basado en la música tradicional pero desde un enfoque actual. “Así de timple” se título y reunió a una docena de músicos que se movieron sin problemas desde el folklore al jazz, pasando por el pop (guiño a Michael Jacson incluido) y demostrando una buena conjunción entre esa tercera generación de timplistas. Especial atención a un repentista canario que soltó unas letras improvisadas realmente imaginativas y que lanzó uno de los mensajes más repetido por la mayoría de artistas, “En Fuerteventura no queremos petroleras”. Esperamos que el proyecto de Germán tenga continuidad, se lo merece.
A continuación El Vega y la Farraband sorprendieron a muchos que no le conocían. Su desparpajo puede recordar a Muchachito, y su auto-etiquetada como rumba canaria engancha con facilidad. Fue asombroso la cantidad de chicas muy jóvenes que ocuparon las primera filas y cantaban sus canciones.
Tras él fueron de nuevo los londinenses She’Koyokh los que siguieron, pero está vez mostrando su propia propuesta, una mezcla de música klezmer y de rico folk del Este de Europa, Turquía y los Balcanes, y que resultó muy dinámico. Acabaron con una versión bailable del clásico gypsy “Opa Cupa”.
Y después comprobamos de nuevo lo grande que es este público del Womad. Porque la propuesta de la joven cantaora Argentina es de un flamenco clásico y que requiere de atención, pues el silencio que tuvo fue realmente sobrecogedor. Además en Canarias apenas hay grupos de flamenco, pero ello no impide que la gente disfrute con ese arte, y Argentina lo tiene, sobre todo en su voz. A destacar su preciosa versión de “Nuevo Día” de Lole y Manuel
Otra buena sorpresa llegó con Lo Còr de la Plana. Desde Marsella, con la singularidad de las polifonías masculinas y con sencillas percusiones (tres bendires, tambores), son capaces de crear magia acústica con sus arrolladoras combinaciones vocales y además cantando en occitano.
Lo dejaron a punto para uno de los triunfadores del Womad, el argelino Rachid Taha. A pesar de ser una caja de sorpresas, porque nunca sabes que puede pasar en sus directos, esta vez dio un autentico recital de vitalidad. Curiosamente lo vimos esa misma mañana en rueda de prensa, donde se evidenciaba que había pasado muy mala noche, sin embargo su concierto fue hasta rabioso. Apareció sobrio, animado, muy centrado en su música, y hasta bailó y saltó. Fue una autentica descarga de rock&raï, pero con actitud punk. Empezó con su personal homenaje a Lou Reed, una versión arabesca del “Walk On The Wild Side” y acabó con el vigoroso “Rock El Casbah” de Strummer, toda una declaración de intenciones. En medio un repaso a su extensa carrera con las imprescindible “Ben Sahra” de final in crescendo, la hipnótica “H’Asbu-Hum” o “Barra Barra” con la que invitó al desenfreno. La recta final con el ondulante “Ya Rayah” (con el acompañamiento de un violinista) y el reivindicativo “Voilà Voilà”, puso a la gente boca arriba. Impresionante.
Otros que también engancharon fueron The Correspondents, curioso dueto de dj y cantante, muy efectivos. El vocalista Mr. Bruce, vestido de manera espectacular y bailarín excepcional, conectó fácilmente con el público y junto a las bases de drum&bass, electro, house y jungle que el dj y productor Chucks lanzaba, hicieron que aquello fuera una disco gigante. Habían triunfado en el Womad de Cáceres y eran una apuesta segura, como así se vio. Otra apuesta segura fue la de traer a este festival a La Pegatina, y ellos se encargaron de demostrar el acierto de su visita. Y que nadie se asombre, este era ya su tercer Womad. Su dominio de la escena es total y manejan los tempos como nadie. Ya lo hemos dicho otras veces, son como los Ramones de la rumba punk, canciones cortas y contundentes que se empalman sin pausas, Cantan, bailan, se mueven en escena con una coreografía estudiada y práctica. En solo una hora condensaron innumerables canciones unidas con retazos de temas ajenos, pero efectivos y hacen que la fiesta no pare. Quizás por eso su gira se llama Adrenalina Tour. Fue un perfecto final de fiesta.
Aunque realmente todo acabó como había empezado el jueves, con el canario D Juan León y sus “imposibles” mezclas de folk autóctono canario y electrónica, una demostración de la riqueza musical de las islas y las posibilidades de la tecnología.
Lo mejor de todo es que el domingo a la tarde, una vez concluido el festival, la arena de la playa estaba limpia como el primer día y preparada para el próximo Womad.
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