El doble cartel formado por la británica Gemma Ray y el canadiense Ned Collette -ambos artistas afincados en Berlín- llegaba a Zaragoza dentro de la programación invernal del ciclo Bombo y Platillo, iniciativa muy valorada en la ciudad tras varias temporadas cumpliendo con el ofrecimiento de “conciertos selectos para gente selecta”. A lo largo de la presente gira conjunta los músicos han alternado su orden en el escenario, inaugurando en esta ocasión la velada Gemma Ray (en la foto) quien, acompañada únicamente del distinguido batería (y teclista) Andrew Zammit -capo del sello Bronze Rat-, logró llenar el escenario en base a visceralidad interpretativa. Una ejecución ampliamente más agresiva e impactante (pero igual de elegante) que la ofrecida en su último disco “Milk For Your Motors” (Bronze Rat, 14), donde la poderosa voz de la inglesa resultó protagonista. La vocalista demostró así encontrarse más cerca de PJ Harvey que de Cat Power (dos referencias habituales al referirse a su obra), además de probar mayor profundidad que Anna Calvi (por mencionar un referente de reciente éxito). Plenamente centrada en su música y obviando cualquier tipo de empatía con el público, su actuación resultó impactante, siempre intensa y tan afilada como el cuchillo con el que ocasionalmente rasga las cuerdas de su única guitarra.
Por su parte, la propuesta de Ned Collette llegaba en formato de trío (bajo el nombre de Wirewalker) para presentar las canciones de su último álbum “Networking In Purgatory” (Bronze Rat, 14) y recuperar buena parte de “2” (Fire, 12). Tras lastrar problemas técnicos durante los primeros temas, la banda finalmente encontró el punto desde el que desarrollar con garantías ese pop ensoñador de aspecto pretérito, deudor de Robert Wyatt y que tiende a derivar en solvente psicodelia. Lo suyo son canciones extensas, desarrolladas con cierta anarquía controlada y que terminan por envolver al oyente entre sus capas. Sin bien su actuación no resultó del todo certera, mantuvo a cambio el interés a lo largo de composiciones insinuantes como “Bird”, “Long You Lie” o “The Hedonist”. Una presencia realzada por las propias virtudes de una iniciativa que por cercanía, acústica, calidez, gusto y comodidad, resulta idónea para disfrutar de la música con el mayor de los respetos.
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