El festival Jaleo! regresó a Santiago de Compostela con su segunda edición y, tras un debut muy interesante en 2025, la música volvió a resonar en la capital gallega, en base a un cartel que funciona como clara muestra del estado actual de la escena. Hubo espacio para propuestas con menos recorrido pero un presente muy prometedor, junto a otras cuyo nombre ya garantiza un resultado más que óptimo. Una combinación que, lejos de resultar dispersa, construyó un hilo coherente y bien medido a lo largo de toda la jornada.
La siempre complicada tarea de abrir la noche recayó en De Ninghures. Los gallegos, que jugaban en casa, no defraudaron. Acompañados en varios momentos por el productor Juan de Dios, transformaron el recinto en un auténtico “feirón”, con un repertorio ideal para ir calentando el ambiente. Demostraros, de paso, la versatilidad que caracteriza a todos sus miembros, hasta propiciar la aparición de los primeros bailes en el público. Una conexión pista-escenario que dejó claro que el éxito en un contexto así no se mide solo en asistencia —que también era notable— sino en la interacción. Y en su caso, fue total.
El relevo lo tomaron Sidonie, que volvieron a demostrar su fiabilidad sobre las tablas. Con su nuevo disco en catalán, “Catalán Graffiti” (25) bajo el brazo, combinaron esos clásicos infalibles de siempre con varias canciones de esta nueva etapa. Con el recinto ya presentando mejor cara, uno de los momentos clave volvió a ser el habitual paseo de Marc Ros entre el público a hombros de un miembro de su equipo, a quien se le unió un buen número de seguidores. Tras ellos, el tono cambió con Ojete Calor, responsables del tramo más desenfadado de la noche. El dúo ofreció exactamente lo que se esperaba: humor, hits coreables, y un show pensado para el disfrute colectivo, con buenas dosis del humor que los caracteriza. Sin mucho más que analizar en lo musical, pero absolutamente efectivos en lo suyo.

Sidonie
La recta final arrancó con Xoel López, otro que jugaba (casi) en casa y que no dudó en dirigirse al público en gallego. Su actuación, situada a apenas una semana del lanzamiento de su nuevo disco, no dejó sorpresas en el setlist más allá de los adelantos. El público no pareció necesitarlas... y visto el resultado de su concierto tampoco hicieron falta. Porque el cantante volvió a demostrar porque es el suyo es uno de los directos más fiables del panorama musical, con un concierto donde la emoción estuvo muy presente, pero que también dejó espacio a la diversión. Una mezcla al amparo de esa colección de canciones que ya son himnos de varias generaciones.
El cierre quedó en manos de Ultraligera (en la foto principal), probablemente el nombre más esperado por buena parte de los presentes. En pleno auge y arrancando la que será su gira más ambiciosa, dejaron una actuación sólida aunque por momentos algo contenida. Quedó cierta sensación de que su concierto se desarrollaba a medio gas, tanto sobre el escenario (en donde no se vio la intensidad que parece habitual en el grupo) como también en un público quizá más estático de lo esperado. Puede que fuera por las expectativas o quizá se tratase de una cuestión puntual. En cualquier caso, con las bazas mostradas bastaría para entender su actual posición privilegiada donde están, con un repertorio que en directo gozan de idéntica efectividad que en estudio.
Necesario mencionar a Señora DJ, quien tras los platos se encargó de sostener el ambiente desde la apertura de puertas y en los cambios de escenario, combinando grandes éxitos con propuestas más emergentes y cumpliendo de sobra con su papel. Se cerraba así una jornada diversa y bien medida, en la que el público respondió y disfrutó de las más de cinco horas de música en directo. Un día que sirve como parece dar el (sólido) pistoletazo de partida de cara la temporada de festivales estivales que ya asoma en el horizonte.

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