Tedward
ComicsJosh Pettinger

Tedward

8 / 10
Marcos Gendre — 09-02-2026
Empresa — Ediciones La Cúpula

Tras habernos regalado uno de los cómics más bizarros de estos últimos tiempos mediante “Goiter”, Josh Pettinger no pone freno a la inspiración y mucho menos a su tendencia natural hacia los claroscuros cómicos del absurdo cotidiano. Lo suyo es una amplificación delirante de las costumbres asociadas a los patrones de conducta yanquis pasados por una túrmix weird, surrealista en su escenificación a partir de tramas que pasan por un protagonista que funciona como una versión psicodélica de los tópicos asociados al clásico triunfador de pueblo americano patentado en las películas de videoclub ochenteras.

Así, a lo largo de ciento setenta y seis páginas asistimos a un despampanante carrusel de tramas urdidas a partir de franquicias de higienistas mentales, competiciones de papel maché y toda clase de demostraciones alucinógenas de hasta qué punto las musas que asolan a Pettinger portan el don de la extrañeza onírica hasta niveles que siempre fluctúan entre el humor torcido y el terror psicológico. Como una mezcla imposible entre Simon Hansselman, Charles Burns y Chris Ware. O lo que es lo mismo, el goce absoluto de un delirio con una vertiente anclada en la metaforización de un mundo repleto de tentaciones que asolan a un protagonista absorbido en su propia dimensión a contracorriente con un exterior que le violenta constantemente a través de sus mecanismos hidropónicos.

Pero para que un guion de esta clase alcance un grado real de empatía el dibujo tiene que ser la verdadera narrativa, y a buena fe que Pettinger lo vuelve a conseguir por medio de un despliegue simpar de inquietantes tonalidades monocromáticas y una línea gráfica sustentada en toda clase de perspectivas, tan deudoras de José Domingo como de la geometría asociada a los arcades de los años ochenta. O lo que es lo mismo, toda perturbación referencial que refleje un estado perenne de indagación, sublimado en una fórmula de secuenciaciones cinemáticas que proporcionan un ritmo especial a este cómic tan deudor de la escuela clowesiana como de un desconcertante universo endogámico que no deja de ser más atractivo con cada nueva variación.

 

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