Pues va a ser que, tras cerrar la última página de esta genialidad, a un servidor no le queda más remedio que reconocer en “Palindrotiras” uno de los cómics no ya recomendables, sino imprescindibles del año. Y lo es porque, ante todo, su autor, José Pablo García, se ha embarcado en una aventura de la que podría salir trastabillado, pero que incluso le ha servido para superarse en un acto de ambición desmedida que ha llegado a buen curso gracias a varios motivos. Y es que lanzarse a un palíndromo en modo cómic paródico-histórico de ochenta páginas no es algo habitual de ver, ni mucho menos.
Donde otros tirarían de excusa pedante para justificar un artilugio de este calibre, Pablo García se nutre de una originalidad que no busca la extrañeza de la interpretación libre, sino que aboga por conformar un universo perfectamente reconocible a través de su despampanante fondo de armario estilístico. No en vano, a partir de la premisa de contarnos una historia seleccionada del cómic con diferentes formas de diseñar sus tiras, nos embarca en un relato donde no es difícil adivinar la influencia de Forges como fuerza motriz de una senda gráfica que llega hasta Magius, pasando por Gilbert Shelton, George Herriman, Max o Mauro Entrialgo, entre muchos otros.
Con semejante marco referencial, lo más fácil sería pensar que terminaríamos abocados a la comparación subyacente en cada uno de los actos-homenaje encadenados en tan valiente cómic, pero ni mucho menos. José Pablo García encuentra siempre su tono visual y narrativo dentro de una concepción de base donde el palíndromo sirve de arma de doble filo: como juego, pero también como modus operandi cuestionador de toda otra operación de este estilo que busque la forma antes que la acción. De hecho, al terminar esta lectura semi circular, lo que uno menos recuerda es el hecho por el cual este cómic destaca por su concepción arriesgada. Al final, lo que nos queda en la memoria es algo tan simple como inapelable: la presencia de un autor en su pico artístico, acompañado de ROF y Peramento, capaz de escudarse bajo excusas posmodernistas con el fin de hacer aflorar un ingenio arrollador, que cuestiona la propia forma de su cómic y que termina abrumando por la sencillez con la que alcanza el genio en cada uno de los sketches plasmados en tan vibrante demostración de recursos.

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