En el lejano Oeste de River Bass no hay héroes, solo hombres cansados que siguen caminando pese a la asfixia del horizonte baldío. Detenerse significa morir y la justicia aquí sangra, miente, se equivoca y, a veces, incluso dispara primero. Astiberri recopila en un único volumen de proporciones hercúleas las cinco primeras historias de “Marshal Bass”, reeditando con rigurosa nobleza y respeto por la marca la crónica deformada y feroz del primer ayudante de sheriff negro en la América de finales del siglo XIX.
Su paisaje hostil y sádico nos traslada a un mundo en el que la ley se escribe a punta de revólver. En él, el imposible Bass aceptará sin más remedio el cargo de agente federal, dispuesto a mutar de identidad tantas veces como su superior, el Coronel Terrence B. Helena, se lo designe. Así, y sumergidos en un relato río que suena a novelita de Estefanía pasada por la batidora de Peckinpah, descubriremos los sinsabores y aristas de un protagonista tan imperfecto como cautivador.
Infiel, ácido, poliédrico, temperamental, obsesivo con su deber y a su vez dotado de una dignidad prístina, Bass pondrá su pellejo en riesgo y hará gala de su imperfecta épica en los escenarios y entramados más inverosímiles. Desde la temeraria empresa de tener que infiltrarse en la banda de un pernicioso cacique (“Blanco y Negro”) hasta su contravenida obligación de lidiar con la endogamia blanca (“Asesinatos Familiares”), mostrarnos a regañadientes su lado más paternofilial (“Su nombres es Nadie”), exponer las infamias del sistema penitenciario de la época (“Yuma”) o reconvertirse en un detective decimonónico al servicio de la sombra y la inferencia (“El ángel de la calle Lombard”).
Sin miedo a cruzar líneas rojas ni pasarse de frenada, Darko Macan imprime en la psique de su personaje estrella una representación desidealizada y amoral del paladín canónico, libremente inspirado en la figura de Bass Reeves y sometido a situaciones límite de las que rara vez sacará una lectura edificante. En su lugar, esta suerte de trasunto hosco e intratable de quien realmente fue un antiguo esclavo convertido en mito nos mostrará sin filtros sus vicios y costuras, errando, contradiciéndose, y en última instancia, sobreviviendo a la imperante jerarquización racial de una civilización todavía liminal.
Al servicio de este texto áspero e incisivo encontramos el dibujo físico, tenso, explícito e incómodo de Igor Kordey, siempre dispuesto a lograr con su absoluto dominio del ritmo visual que una mirada o un gesto ejerzan en el lector una virulencia superior a la del propio plomo. Una conjunción, la de ambas partes, con resultado casi cinematográfico y gravitación febril en cada viñeta. Y lo mejor es que esto es solo el principio, pues la editorial nos anticipa en el crepúsculo del volumen que un segundo ejemplar, vertebrado por tres historias más de nuestro justiciero atormentado, está ya en camino.
Macan y Kordey devuelven al western su pulso perdido, desquebrajando los clichés del género, desafiando los tabúes del mismo desde su trasfondo coyuntural y subrayando la singularidad de un nombre llamado a ser leyenda. Sangre, polvo y memoria en las botas de una figura irrepetible que desafía al tiempo.

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