Maison Ikkoku
ComicsRumiko Takahashi

Maison Ikkoku

8 / 10
Quim Pérez — 24-03-2026
Empresa — Planeta Cómic

Rumiko Takahashi con "Maison Ikkoku" reinventa el género de la comedia romántica. Hasta la aparición de este manga, publicado entre 1980 y 1987 en la revista Big Comic Spirits, era un género orientado sólo hacia el público femenino y Takahashi logra sumar a los lectores masculinos.

"Maison Ikkoku" arranca en enero de 1981 y narra el día a día en los apartamentos Ikkoku, dónde hay una fauna variada de inquilinos. Los protagonistas son el estudiante Yusaku Godai y, la encargada de los apartamentos, la joven Kyoko Otonashi. Ambos están enamorados, pero ninguno le confiesa sus sentimientos al otro. Todo es un sí pero no, o un no pero sí, como si los personajes girasen atrapados en una noria llamada tensión sexual no resuelta. Kyoko es una viuda guapa, de carácter dulce y tranquilo, pero que no logra superar el duelo. Está desubicada emocionalmente y socialmente por la muerte de su marido. Eficiente, independiente, pero con un vacío en su corazón y con el drama de carecer de planes para formar una familia; esto es, de casarse. Godai es dos años más joven que Kyoko, un detalle muy significativo en una cultura como la nipona que en los años ochenta ya asignaba roles muy marcados a los géneros. No es un héroe al uso, ni un buen partido, ni siquiera es un triunfador en ciernes. Godai es un panoli, un vago redomado, y un inmaduro, pero también es una buena persona. Todavía debe graduarse en la universidad y así ser merecedor de que Kyoko se enamore de él.

A Godai y Kyoko les rodean diversos personajes que son vecinos, familiares o amistades y todos ellos forman un elenco muy estrafalario y de edades diversas. La mayoría se mofa de Godai y él debe aguantar los continuos ataques del resto de inquilinos. Este humor hiriente y que vulnera la autoestima de Godai es habitual en la serie. Parecen ser una especie de coro griego que le recuerdan a Godai la presión por el triunfo que los hombres tienen en la sociedad japonesa y cómo él no cumple con dicho mandato.

Los diez volúmenes, en formato wide-ban, de "Maison Ikkoku" funcionan como una sitcom. Cada episodio está centrado en un tema o en una situación y la trama de fondo avanza con cuentagotas. Takahashi retrata situaciones cotidianas: un examen, una cita, una visita familiar, un día de playa, etc. Logra que el ritmo nunca decaiga y, aunque ya intuimos cómo acabará cada episodio, gracias a su portentosa habilidad narrativa el interés del lector no disminuye. La mangaka fabrica una gran comedia de los errores. Hay equívocos contínuos, creencias erróneas y malentendidos que provocan confusión, risas y que los verdaderos sentimientos de los protagonistas no afloren a la superficie sino que lo hagan los celos, las inseguridades y las frustraciones.

El dibujo es puro Takahashi: flequillos sobredimensionados y ojos como boles de ramen. La narración es muy fluida. No es un cómic juvenil, sino que apunta hacia el público adulto. Los personajes muestran una libido evidente, el alcohol circula como en un libro de Charles Bukowski y muestran defectos evidentes como ser celosos, engreídos o zafios. No es tampoco una historia edificante, sino que en demasiadas ocasiones es muy triste.

La vivencia del amor en "Maison Ikkoku" es algo que siempre está por llegar, algo que no se manifiesta ya sea por inseguridad o por miedo. Es una promesa que ninguno de los dos protagonistas sabe cómo alcanzar. Leída cuatro décadas más tarde, nos queda una media sonrisa al pensar que con las aplicaciones de citas actuales la trama de este manga no hubiese pasado de las cincuenta páginas. Estamos ante unas relaciones afectivas en los años ochenta, y en una sociedad como la japonesa, muy distantes con nuestra actualidad. Y no por tener un tratamiento blanco o inocente de las relaciones entre mujeres y hombres, sino al contrario, ya que en ocasiones es obsceno y explícito, sino por ser el reflejo de una sociedad con los roles de género muy marcados y machistas. Godai y Kyoko intentan escapar a ese encasillamiento, pero a su alrededor el resto de personajes les recuerdan que deben volver al redil de hombre y de mujer normativos.

Analizando "Maison Ikkoku" con una gran angular podríamos definir este manga como una comedia romántica dónde se pone en juego una cuestión como: ¿Hasta qué punto debemos permitir que los demás invadan nuestra individualidad?

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