Los Bichos de Entrevías, el Coleta de Moratalaz, la Panda del Moco, los skaters de Plaza de Colón, los Ojos Negros de Legazpi, los moros de la Plaza del 2 de Mayo, la Pandilla del Callejón de Robledillo, los breakers de Azca, los heavies de los Bajos de Argüelles… Son algunos de los macarras que protagonizan este cómic tan fabuloso que radiografía el fenómeno pandillero en Madrid desde los años 60 hasta finales del siglo XX.
Iñaki Domínguez escribió un ensayo con el mismo título que fue publicado poco antes de la pandemia del COVID por la editorial Melusina y que a finales del 2025 Astiberri ha editado adaptándolo gráficamente. El guion de “Macarras interseculares”, el cómic, lo firma el propio Domínguez a pachas con la ilustradora Marina Cochet, cuyo trazo desenfadado contrasta a menudo con la dureza y la tragedia de las historias que retrata. En las viñetas de Cochet las fotografías de Alberto García-Alix conviven con drogadictos, maleantes y matones cabreados, todos juntos en los mismos barrios, en las mismas calles apestosas.
Además, no son pocas las referencias musicales: desde las peleas entre rockers y mods al estilo "Quadrophenia" hasta los primeros conciertos de Leño, pasando por la conexión techno entre la ruta del bakalao valenciana y la capital del Reino. También hay un par de capítulos dedicados a la explosión del hip-hop en Madrid, sin duda espoleada por la presencia de norteamericanos en la base militar de Torrejón de Ardoz, y el surgimiento de colectivos como Color Power en Fuenlabrada, MTR en San Blas, FMC en Moratalaz y los Madrid Vandals en El Carmen. En el capítulo dos incluso se narra cómo la banda de Dum Dum Pacheco, los Ojos Negros de Legazpi, ayudó a un desconocido Camilo Sesto a despegar musicalmente.
Considero todo un acierto que la introducción de cada capítulo se haya representado con los típicos azulejos que ilustran los nombres de las calles del Viejo Madrid, así como el homenaje al famoso libro de Maurice Sendak en el título del capítulo doce (“Donde viven los monstruos”). Y es que, muchas veces, los monstruos no son seres sobrenaturales: “Años 70. Un día cualquiera para los macarras de Lavapiés. En esa época, no solo en Lavapiés, sino en todo Madrid, dominaban las pandillas. Cada distrito y barrio contaba con su propia pandilla callejera. Entonces se estilaban las peleas a cinturonazos o a pedradas. Acabada la batalla los rivales se separan pensando que han ganado un terreno que no es de nadie. Un día más en el barrio. Un piño menos en la boca”. “Macarras interseculares” es como la mítica película de Walter Hill, “The Warriors”, pero en plan castizo chulesco.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.