El año en que fuimos reyes Vol 1
ComicsJavier De Isusi

El año en que fuimos reyes Vol 1

6 / 10
José Martínez Ros — 05-03-2026
Empresa — Astiberri

La juventud es uno de los grandes temas de arte. La época de los descubrimientos vitales, en la que las pasiones amorosas y sexuales, el dolor y la pérdida, se perciben con una especial intensidad. Tal vez lo ha sido desde siempre; pero, como mínimo, podemos trazar una línea en lo que se refiere a obras narrativas desde que, a finales del siglo XVIII, un jovencísimo Goethe fundó el Romanticismo con el enorme éxito de “Las penas del joven Werther”. Si quisiéramos hacer un listado de obras con este tema de fondo, que no puede ser más universal, aunque nos ciñéramos sólo a las fundamentales, sería interminable. Y, por supuesto, también incluiríamos numerosos cómics; a todo ellos hay sumar este ambicioso volumen de Javier de Isusi, “El año en que fuimos reyes”: más de trescientes páginas en lo que se anuncia como la primera parte de un díptico.

El hilo argumental es de puro slice of life: nos presenta a cuatro chavales, Emma, Yul, Sam e Ignatz que acaban, por diferentes azares, compartiendo piso en su primer año de universidad. No obstante, el autor lo ha envuelto en un vistoso ropaje de “casi ciencia-ficción”, situando su historia en un presente alternativo, inspirado en un cuento breve de la escritora mexicana Laia Jufresa. Así nos encontramos en la ciudad de Babiló (tal vez una versión en una tierra paralela de Bilbao); y lo que nuestros protagonistas van a estudiar en la universidad local es algo semejante a Bellas Artes, pero que en ese mundo se llama esquinismo. Una disciplina que fue inventada (como en el relato de Jufresa) por un holandés llamado Van Gunten y que podríamos definir como la “intervención” de los espacios urbanos para extraer de ellos su belleza oculta. La estancia de los cuatro jóvenes en Babiló coincide con una serie de protestas populares; y aunque el sistema político y económico que aboceta de Isusi en su obra (el “contencionismo”) no es exactamente el mismo capitalismo salvaje que padecemos en nuestra realidad, no es difícil identificarlas con una traslación del 15-M o de los movimientos antiglobalización que tuvieron su auge a comienzos del siglo XXI.

El punto fuerte de “El año en que fuimos reyes” es, sin duda, el “envoltorio visual”: el dibujo de su autor, siempre dinámico y enérgico, nos mantiene atentos a lo que sucede en las viñetas, aunque la historia no llegue a apasionarnos. El “coming of age” que nos presenta no consigue despegarse de la multitud de referentes que acuden a nuestra cabeza, mientras avanzamos por sus páginas, incluso cuando en su recta final el tono se vuelve más mágico y onírico. El autor se esfuerza en individualizar a Emma, Yul, Sam e Ignatz; y lo consigue hasta cierto punto. Pero nunca llegamos a verlos como unos seres reales, tridimensionales, más allá de los tópicos más obvios respecto a unos aspirantes a artistas más o menos atolondrados, promiscuos o románticos. De hecho, la mayor parte de lo que se nos cuenta, aunque en muchos casos sea complicado o doloroso, se enfoca de un modo excesivamente naif y sensiblero para cualquier lector que recuerde que la entrada en el universo de los adultos es, sobre todo, un camino de decepciones.

 

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