Crítica de "La sombra de mi padre", película que se estrena hoy en cines
Cine - SeriesAkinola Davies Jr

Crítica de "La sombra de mi padre", película que se estrena hoy en cines

8 / 10
Don Disturbios — 06-03-2026
Empresa — BBC Film, BFI, Element Films, Element Pictures, Crybaby Films, Fatherland Productions
Fotografía — Fotograma de la película

La alargada sombra de un progenitor ausente acostumbra a dejar una huella insondable en el recuerdo de un niño. Un trauma asociado al abandono que puede provocar una exaltación romántica de los recuerdos de la infancia. Justo eso nos plantea esta película nigeriana que revive, a través de los ojos de dos hermanos de ocho y once años de edad, un día muy especial junto a su padre en Lagos: La gran capital de Nigeria en la que todo tiene un cariz especial y donde se manifiesta de forma rotunda el impenetrable misterio de los adultos.

Y es que en esta ópera prima del realizador Akinola Davies Jr, escrita junto a su hermano Wale Davies, se nota y mucho la profunda carga autobiográfica de ambos a la hora de convertir en protagonistas, tanto el recuerdo infantil de esa primera visita a la gran ciudad, como el descubrimiento de una figura paterna a la que se le debe respeto por encima de todo.  Aunque a la postre resulte ser un auténtico desconocido, y vaya mostrando de forma sutil, a lo largo de la película, todas las debilidades que acarrea como humano. Un padre que no deja de ser una víctima más de una sociedad sumida en el caos político, empresarial y humano de la Nigeria de 1993, a la vez que los niños, sus hijos, son víctimas de un abandono forzado por un sistema que obliga a su progenitor a trabajar lejos de casa, y mantener una vida duplicada de la que ellos no saben nada y de la que, gracias a ese día de convivencia, lograrán esbozar algo de su existencia.

“La sombra de mi padre” es una de esas películas en las que se adivinan más cosas en los matices, las miradas y los gestos que en los diálogos. Una cinta íntima y profundamente humana que trata temas tan universales que interpelan a cualquiera, por mucho que la acción se sitúe en los primeros años noventa y en el continente africano. Y es que no hay nada más común que la inocente mirada de ese niño que absorbe como una esponja todo lo que le rodea en ese proceso de formación hacia la edad adulta. Lo mismo sucede con esas relaciones paterno-filiales de las que nadie escapa, por muy diferentes que puedan resultar o ser las situaciones socioeconómicas y culturales de cada uno de nosotros. Todos hemos tenido un padre y todos hemos tenido que bregar, en mayor o menor medida, con esa sombra que se cernía sobre nuestra infantil existencia. Por todo ello, no debe extrañarle a nadie que la cinta haya acaparado un gran número de premios internacionales y haya despertado un interés que el cine africano no está acostumbrado a generar. Lo merece.

 

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