Descontando la británica por sus lazos con Hollywood, la industria cinematográfica más poderosa del cine europeo es, sin duda, la francesa. Y una prueba de su vitalidad no son sólo las obras de sus grandes directores, las producciones de prestigio que acaparan premios en los principales festivales. También un buen número de películas comerciales de calidad, con unos valores de producción que, por ejemplo, en el cine español resultarían una anomalía absoluta y que no tienen otro objetivo que el puro entretenimiento. Y esto es lo que ofrece “La ResidencIA” (pintoresco título español del original “Dalloway”), un curioso thriller tecnológico realizado por Yann Gozlan, un especialista en el género, lo que ha demostrado en muchas de sus obras previas, como “Black Box” (21) y “Oscura obsesión” (23).
La trama de “La ResidencIA” nos remite, por igual, a un temor tan actual como es el auge de la Inteligencia Artificial y a clásicos del terror trash como la genial “Engendro mecánico” (77), en la que una casa controlada por un cerebro artificial “se enamoraba” de Julie Christie y se obsesionaba con la idea de tener un “hijo” con ella. Lamentablemente, la IA que se convierte en la principal antagonista de la protagonista de la película de Yann Gozlan, basada a su vez en una novela de Tatiana de Rosnay, tiene unas intenciones también maléficas, pero más elevadas y artísticas.
Estamos en un futuro cercano en el que las cosas no van muy bien para la humanidad. El cambio climático sigue acelerándose, y París se encuentra bajo una tremenda ola de calor. Por si esto fuera poco, la ciudadanía ha tenido que habituarse a una pandemia permanente al estilo COVID-19. Esto ha hecho que la circulación por las ciudades esté sujeta a rígidos controles y toques de queda, con una presencia masiva de policías y drones militares por todas partes.
Nuestra protagonista, Clarissa (Cécile de France), es una escritora de mediana edad que ha alcanzado la fama con una serie de bestsellers para lectores jóvenes. Ahora quiere realizar una obra más personal y comprometida en torno al suicidio de Virginia Woolf (lo cual, probablemente, indique que nos hallamos en un futuro alternativo en el que nunca se publicó la novela Las horas de Michael Cunningham, ganadora del Premio Pulitzer, ni tampoco se estrenó su excelente adaptación a la gran pantalla). Sin embargo, sufre el famoso “bloqueo del escritor” desde que su hijo se suicidó. Así que acepta la oferta de una fundación para pasar una estancia en la “residencia” del título, en la que estará al cuidado de una IA llamada Dalloway (obvio homenaje a La señora Dalloway de Woolf), la cual se ocupará no sólo de su bienestar físico, sino también de “animarla” a escribir. Tal vez con demasiada insistencia… En paralelo, un compositor que también se halla invitado, Mathias (Lars Mikkelsen) le inculca una inquietante idea: de que la IA no sólo está allí para ayudarlo, sino también para “absorberlos”. Algo que no es tan increíble: vivimos en un mundo donde damos por supuesto que los gigantes tecnológicos invaden nuestra privacidad y se apoderan de nuestros datos. Nos hallamos bajo vigilancia constante.
La película tiene otro subtexto muy real: la sustitución de los seres humanos dedicados a oficios creativos por sus IAs, la devaluación consiguiente de las artes. Para contar esta historia, Gozlan hubiera podido optar por un enfoque serio y, sí, artísticos, con una especie de versión siniestra de “Her”. O podría haber abrazado su naturaleza pulp y genérica, centrándose en la pesadilla de Clarisse, siendo controlado día a día por un “ente” artificial y omnipresente. Sin embargo, su director opta por un camino intermedio, que no funciona del todo. Por así expresarlo, la película está demasiado apegada a los clichés más gastados del suspense para que la veamos como algo más que un producto comercial eficiente; y se toma demasiado en serio a sí misma para resultar tan divertida como podría ser. Lo que podemos elogiar sin reservas es la interpretación de su protagonista, que consigue representar con exactitud un estado mental de desconsuelo, paranoia y amenaza.

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