"Buena suerte, pásalo bien, no mueras", crítica de la película de Gore Verbinski
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"Buena suerte, pásalo bien, no mueras", crítica de la película de Gore Verbinski

7 / 10
J. Picatoste Verdejo — 10-04-2026
Empresa — Universal Pictures, Blind Wink, WAM Films, 3 Arts Entertainment, Constantin Film, Robert Kulzer Productions
Fotografía — Cartel de la película

Nueve años después de la enmarañada “La cura del bienestar”, Gore Verbinski regresa a un planteamiento no tan lejano de aquella como pudiera parecer, pero con un tono más agradecido e hilarante. “Buena suerte, pásalo bien, no mueras” muestra también una sociedad enferma. Si allí la dolencia de base era la deshumanización de las empresas, la corrupción y el capitalismo, aquí lo es la dependencia de la tecnología y la aplicación de la inteligencia artificial como mayor amenaza. No por casualidad, en las dos se utiliza, en algún momento, la idea de los humanos como zombies. Hay, por lo tanto, ambición kubrickiana en Verbinski con su indagación de las sombras de la sociedad contemporánea.

Aquí, el director de “Rango” y de las primeras entregas de “Piratas del Caribe”, opta por la comedia futurista con un protagonista lunático, un antihéroe viajero del tiempo, habillado con un traje estrambótico y encargado de reclutar a la fuerza salvadores de la humanidad, labor en la que ya ha fracasado varias veces por arte y gracia del multiverso. En este sentido, el guion armoniza hábilmente elementos y recursos de probada eficacia a lo largo de la historia del cine. A las ya mencionadas referencias al multiverso y las metáforas zómbicas –que conectan con las inquietudes y las modas de la actualidad–, añádanse la siempre atractiva fragmentación del relato en capítulos que informan de la vida de los nuevos reclutas y el hecho propio del reclutamiento de personas de índoles y aptitudes diversas.

Hay, además, algo de gilliamnesco en la construcción de este mundo tan real como desquiciado en el que la tecnología impera peligrosamente. Especialmente dirigida a los apocalípticos, la película conforma una mirada gozosa y burlona al mundo actual no exenta de algún que otro exceso que, sin llegar a dañar el conjunto, resulta igualmente sobrero. Por su parte, Sam Rockwell calibra la idiosincrasia del protagonista con sabiduría y sin pasar los límites del histrionismo.

 

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