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02-02-2011

  Leo uno de los blogs firmados por Luis Menéndez y pienso en que tiene mucha más razón en uno de sus comentarios de lo que podría parecer. Se refiere a la gente que no dejaba de hablar en el concierto de GYBE en Madrid. Curioso personal ese, y además presente en muchos conciertos, sobre todo en aquellos en los que “hay que estar”. A los rockeros de vieja escuela y a los heavies suelen caerles muchos palos, cierto, algunos se merecerán, pero en una de sus actitudes parecen actuar con más cabeza que otros. Nunca van a los conciertos porque deben ir para convencer a otros de lo chachis que son. Y eso, desgraciadamente, ocurre mucho en otros ámbitos (dejando al margen a los críticos musicales, que esos –nosotros- somos aún peores). ¿Alguien me puede decir por qué en ciertos sectores son muchos los que van a los conciertos para no ser menos que aquel y aquel otro, o en algunos casos incluso para poder rajar al minuto de abandonar la sala? Por que son tantos los que se excitan sobremanera con un artista se ven prácticamente obligados a hacerlo para perder todo el interés cuando seguirle ya no sume puntos a su reputación. Dios mío, con todos los conciertos interesantes a los que ir, con todas las películas que queda por ver o libros que leer, por qué perder el tiempo en algo que ya no nos interesa demasiado desde el principio. Y sobre todo teniendo en cuenta que los precios de las entradas no suelen ser baratos. Saben, siempre me enfrento a aquellos amigos rockeros que me dicen cosas parecidas, pero –desgraciadamente- no hace falta más que ir a tres o cuatro conciertos de los grupos de moda para ver que, en algunos casos están en lo cierto. Aunque bien pensado, cuánta más gente haya en los conciertos mejor. Que no está el horno para bollos.

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