Sugar: La adrenalina del pop vigoréxico
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Sugar: La adrenalina del pop vigoréxico

Marcos Gendre — 14-01-2026
Fotografía — Archivo

Hasta treinta y un años hemos tenido que esperar por una novedad discográfica de Sugar, la cual simboliza el regreso de la que fue una de las formaciones más trepidantes del indie-rock facturado en el glorioso primero lustro de los años noventa.

(Sugar estarán actuando en la edición 2026 del Azkena Rock Festival junto a artistas como Alice Cooper, Social Distortion, Circle Jerks y muchos otros).

Más bestia
Bajo el nombre de “House Of Dead Memories”, así es cómo se titula el balazo con el que Sugar nos recuerdan que, ahora mismo, (casi) cualquier reunión es posible. Si bien es cierto que este corte pertenece a unas sesiones ya realizadas en 2011, cuando se fraguó una primera tentativa de retorno del trío comandado por Bob Mould, también lo es que, viendo el nivel del propio Mould, discográfico y en vivo, no estamos ante una vuelta sin más. Si no una que apetece mucho, y más después de refrendar que, tras el fin de Sugar en 1995, ningún otro grupo ha sabido recoger el testigo de forma tan excelsa como lo hicieron en su momento clásicos del indie-rock melódico como los insuperables “Copper Blue” (92) y, sobre todo, “Beaster” (93). En este último, Mould llegó a mirar de tú a tú a clásicos de Hüsker Dü como “New Day Rising” y “Flip Your Wig”, los dos álbumes por los cuales pasaron a la historia como el grupo más relevante de 1985.

En cierta manera, “Beaster” condensa la rabia y la actitud punk del primero y la intuición melódica superlativa del segundo. Media hora concentrada en seis canciones-matrioska en las que conviven velocidad hardcore, poética Springteeniana, efluvios heavy metal, tempestades de electricidad oscura y una dimensión sónica embebida en las sagradas enseñanzas del “Loveless” (91) de My Bloody Valentine, la cual ya se apreciaba en su primer álbum, aunque aquí alcanza un mayor volumen referencial.

Juego de influencias
En este sentido, se da un cruce de influencias que, lógicamente arrancó en sentido contrario, cuando Kevin Shields decidió optar por un sonido más panorámico para My Bloody Valentine gracias a cortes como “Slow”. El propio Shields llegó a reconocer a The Quietus que “previamente ya había estado usando el reverb al revés que había aprendido de leer una entrevista a Bob Mould. Lo utilicé a lo largo de todo el ‘Strawberry Wine EP’, pero todavía lo estaba utilizando de la misma manera en que la mayoría de la gente lo había utilizado”.

Se puede argumentar sin miedo a equivocarnos que Mould fue la inspiración que prendió la mecha de los avances logrados por Shields, el mayor revolucionario de las texturas eléctricas en estas cuatro últimas décadas. La retroalimentación entre los dos, dio para un periodo fértil para la viabilidad del “efecto trémolo” de la guitarra como eje del sonido final. De Bob Mould a Kevin Shields, sus avances con los pedales marcaron la ruta-guía en la conformación de la pauta shoegaze.

Copper Blue, azúcar y nervio
Precisamente, el halo shoegaze se puede advertir en el primer álbum de Sugar, donde también conviven cortes como “Changes” y “Helpless”, cuya base parte del trabajo previó de Mould en “Warehouse: Songs And Stories” (87), el último álbum de Hüsker Dü. En dicho doble disco, había temas como ‘Turn It Around’, la sublimación total del power-pop melancólico de Big Star, que Mould atomiza en melodías de pura energía gracias a la poderosa base rítmica conformada por David Barber y Malcolm Travis.

Otro corte que induce a la influencia de retorno es “A Good Idea”, la cual parece extraída directamente del “Doolittle” (89) de Pixies, grupo que obviamente destiló su abstracta fórmula punk neopsicodélica de las enseñanzas impartidas por Mould y Grant Hart en sus fértiles años al frente de los Dü.

A día de hoy, “Copper Blue” sigue siendo el ejemplo más rotundo de cómo atrapar la esencia power-pop dentro de una musculatura de impacto punk en cinemascope. Ensoñación en estado puro que trasladaron a unos conciertos épicos que ya han pasado a la historia como algunos de los más recordados de la década de los noventa, pero que el propio Mould nos recordaba por el vigésimo aniversario de “Copper Blue”, interpretando el disco en su integridad a lo largo de una gira inigualable en su terreno, coronada siempre por un set de una decena de canciones de Hüsker Dü.

Sugar, año 2025
En pleno 2025, la certeza de saber que Sugar vuelven como grupo a la palestra del directo es una noticia que está por encima de cualquier tipo de argumentación nostálgica. Se trata de un rotundo acto de fe, aunque aún no sabemos con certeza total si habrá más novedades discográficas. No obstante, todo apunta a que el infravalorado “Fuel Under: Easy Listening” (94), su canto del cisne discográfico tendrá continuación.

Aun con la incerteza de saber si dicho regreso estará a la altura de una trayectoria impoluta como la suya, el anuncio de su vuelta al ruedo también nos sirve para reevaluar un trabajo sobresaliente como el último álbum del trío hasta la fecha. El mismo en el que eran capaces de emular los grandes clásicos ochenteros de Dinosaur Jr. con “The Gift”, al mismo tiempo que exprimían con gozo su reformulación bestial del power pop por medio de singles tan rotundos como “Your Favorite Thing”, tirar de su típico pop abrumador de tonos acústicos en la memorable “Panama City Motel” o de regalarnos una joya pop incandescente como “Gee Angel”. Todo esto sin olvidar la más que sobresaliente aportación como solista central de Barber en el hardcore-pop armado para “Company Book”. Pruebas más que suficientes para poder corroborar la valía de un álbum del que, tres décadas después de su publicación, podemos decir por primera vez que no marcó el fin de un grupo cuyo retorno no sólo ha reactivado la carrera de Mould, sino que supone una ocasión única de volver a sentir el brío imponente de uno de los power trios más intensos y memorables en directo de estas últimas décadas.

 

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