Hubo una época en que pasaba al menos una vez por semana por la Metralleta...

 

 

"> Noticias música indie - MondoSonoro
Especiales

Ra-ta-ta-ta-ta-tá

08-02-2011

Hubo una época en que pasaba al menos una vez por semana por la Metralleta, la tienda de discos de segunda mano del subterráneo de la Plaza de las Descalzas, una costumbre que abandoné hace cosa de un año por las exigencias económicas de las obras que afectan a mi casa (eso sí que es hacerse mayor de repente). Aquellos que lo conozcan supongo que estarán de acuerdo conmigo en que es un sitio diferente, de esos que provoca tanta fascinación como rechazo (en general las novias no lo soportan), uno de esos espacios que cuenta con una fauna peculiar formada cada vez más por friki-melómanos de la copla, el jazz y la clásica de cierta edad (los jóvenes hace tiempo que han desaparecido del mapa) y unos dependientes que venden discos como podrían vender hortalizas o menaje del hogar. Cuando te acostumbras, Metralleta, sus olores, su distribución claustrofóbica, tiene un encanto singular. Desde luego está lejos de parecerse a una de las tiendas de discos del Soho, lo que en sí resulta ni un valor ni un demérito: cuenta con una fuerte personalidad propia.

 

Después de muchos meses de no dejarme caer por aquello de la contención del gasto, el viernes pasado sentí un acceso de nostalgia y me acerqué. Algo había cambiado. La tienda, por supuesto, liquidando su colección de cds (ahora a 3 euros). Hubo un tiempo en que parecía que el dvd se convertiría en el sustituto natural de la música, aunque creo que esa idea ha terminado finalmente por irse de la cabeza de los que la gestionan. Las cubetas estaban medio vacías, lejano el tiempo en que los cds se amontonaban formando improvisadas estalagmitas. También yo, el consumidor, y lo que considero el valor de un disco hemos cambiado. O más exactamente cuánto vale arriesgarse con un disco desconocido o con uno que conocemos sobradamente (esas discografías de Pink Floyd, U2, o David Bowie que todavía danzan por allí…) pero que nunca fue objeto de ese ceremonial consistente en introducir la galleta y sentarnos a escuchar.

 

Lo que no ha cambiado y sigo echando de menos es esa sensación de entrar allí sin tener ni idea de lo que te vas a llevar bajo el brazo y eso, para mí al menos, es una pérdida: buena parte de mi formación musical tiene que ver con esos “disparos al aire”, con esas compras que en otro momento pueden resultar absurdas y que son consecuencia del arrebato del momento. Sin ir más lejos, esto...

 

 

 

Soy muy poco dado a la astracanada mainstream, pero hacía tiempo que tenía curiosidad por saber a qué sonaría el disco que contiene la que puede ser mi petardada favorita de todos los tiempos, “Can’t Get You Out Of My Head”. Mira que a día de hoy, con Spotify y todo eso, no hay excusa para esas lagunas y tampoco para gastarse un euro (fueron tres) en despejar este tipo de dudas, pero los impulsos son así… Por cierto, que el disco no me ha gustado, me esperaba un aluvión de temas disco y va a ser que no…

 

También me hice con...

 

 

 

Y por allí se quedaron un par de discos que valen bastante más que los 3 euros que se pide por ellos. Aquella banda que una vez fue hype, Edison Woods (llegaron a visitarnos en concierto, en la Casa Encendida, aunque recuerdo que les cayeron palos por todas partes por lo excesivo y teatral del show. Pero todavía hoy "Seven Principles Of Leave Not Trace" es un disco hermoso).

 

 

 

Y una debilidad personal, el “Metal Cares” de Picastro, que además es uno de los primeros trabajos si no el primero, que conocí con protagonismo de Owen Pallett.

 

 

Supongo que seguirán en la cubeta… por mucho tiempo.

 

 

 
 

 

 

 

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.