Por el Monkey Week (II)
Especiales

Por el Monkey Week (II)

16-10-2012

El Festival Monkey Week es un microcosmos que en muchos sentidos reproduce los comportamientos y modos de consumo de la música pop: trece escenarios por los que durante dos días pasan 160 bandas, algunas de ellas en sesión doble o triple y que para colmo son en su mayor caso noveles (esto es, prácticamente desconocidos). Además, las circunstancias han hecho que en esta edición 2012 se prescindiera del escenario en el Monasterio que aglutinaba la mayor parte de programación nocturna, con lo que el transitar por las calles de El Puerto de Santa María con el programa en la mano se ha convertido en la razón de ser del Monkey desde aproximadamente las 12 del mediodía hasta las 5 de la mañana. Y bien, la verdad. Quién podía imaginar que de la necesidad surgiera virtud: los hosteleros encantados, potenciado el espíritu alternativo con actuaciones nocturnas en salas de pequeño aforo (aunque no siempre suficientes en el aspecto técnico, todo sea dicho) y nuestro ADN cultural, callejeros como somos, satisfecho.

 

Pero hablaba del Monkey como ejemplo del estado de la música, un abanico inabarcable de propuestas entre las que nos abrimos paso como exploradores en busca del tesoro. Mi mapa, como el de cada uno de los participantes, tiene el justo valor que cada cual estemos dispuestos a darle: Lisabö, Za!, Pony Bravo, Elle Belga, Joseba Irazoki, Hola A Todo El Mundo, X-Wife, Filastine, Ledatres, The Poppers, Xoel López, Raisa, Fee Reega, Pablo Und Destruktion y Fira Fem. A partir de ahí las opiniones y los descubrimientos, todo dios empeñado en abrirle los ojos al resto señalando al artista al que nadie ha prestado atención y que ha resultado ser “lo mejor del fin de semana”. Incorregibles, incluso (o muy especialmente) los “pros”, que siempre somos mayoría en el Puerto.

 

Nadie se libra, y yo desde luego tampoco, aunque intentaré no vender demasiado mi moto… En realidad, como cronista musical cada vez menos intento llevarme a nadie a mi terreno. Al contrario, son los otros los que han terminado por convencerme de que determinados músicos a los que encuentro un enorme valor nunca pasarán de ser apreciados más allá de un círculo minoritario. Bien está, me conformo con hacer el intento de explicar aquellos motivos por los que me resultan tan valiosos y excitantes.

 

 

La noche del sábado en el festival se acumulaban las propuestas interesantes. Acercarme desde primera hora al showcase del diminuto sello Pauken Grabaciones en la sala Super 8 implicaba darle la espalda a los conciertos de Toundra, Gallon Drunk o Los Cuantos. Además de los directos de Raisa y Modulok, en el coqueto patio reconvertido en pub íbamos a disfrutar prácticamente en familia de la sesión doble formada por Pablo Und Destruktion y Fee Reega. En ambos casos creo que la extrañeza es lo primero que cala entre los no iniciados. Viendo el paso fugaz de parte del público por la sala con una media sonrisa dibujada en la cara se entiende que en el caso de Fee y de Pablo la sorpresa y el exceso juega en su contra. No es que el sentido del humor no abunde en sus canciones y en su actitud frente al público, pero creo que por desgracia la mayor parte del público confunde eso con la broma y la humorada. Y no. Leía hace poco que un Teenage Fan Club comentaba al respecto que todo lo que no es plagio está condenado al fracaso, porque al carecer de referentes el público no puede (podemos) evitar reducirlo al ridículo y rechazarlo. Apliquemos este pensamiento en el contexto del indie a los gorgoritos de Fee o los aullidos y el extremismo gesticulante del asturiano.

 

Es curioso que en las canciones de ambos, a las que unen casi tantos aspectos como diferencian, el peso de la tradición sobrevuela todo el tiempo en el fondo y también en la forma. Fee Reega interpreta extravagantes lied en un castellano que ni puede ni debe disimular su origen. Y de igual forma aunque partiendo de la electricidad, tirando de los pedales de loops para levantar un muro de sonido, Pablo toma prestados elementos de la tonada asturiana que mamó desde que era un crío.

 

 

Pero la deconstrucción-recreación de la música popular que llevan a cabo en directo Fee y Pablo no acaba en lo musical. Pareja sentimental, sus conciertos se convierten en diálogos por los que ella apela a su hombre que marcha camino del trabajo y él responde cuando sale a escena una hora después cantando a su extranjera. A diferencia de buena parte de los artistas independientes actuales y a la manera de la canción popular, las historias de sexo explícito y frustrado que documentan “Pito Morado”, “Me quieres como a perrín”, “Novia”,… deberían resultarnos reconocibles, y sin embargo desconciertan por situarse a años luz de esas estilización (esterilización) que consumimos a diario vía modelos lejanos como el de Hollywood. En realidad este dúo desparejado en lo artístico pero curiosamente ligado cuando analizamos cómo afrontan la creación musical, plantea una paradoja: entregados a una estética y hasta un planteamiento vital de otros tiempos (los últimos meses los pasaron en una casa en una aldea perdida en las montañas de Asturias. Y no es accesorio, lo cuentan en sus canciones), la propia colisión cultural que supone su música, su sesión doble sobre el escenario, con Pablo rodeado de cachivaches electrónicos que no siempre funcionan como quisieran, resulta inevitablemente contemporánea. Son los nómadas, hoy. La generación post Erasmus que vuelve al pueblo sin un euro en los bolsillos.

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