One Hot Minute, el disco maldito de Red Hot Chili Peppers
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One Hot Minute, el disco maldito de Red Hot Chili Peppers

Eduardo Izquierdo — 07-02-2026
Fotografía — Carátula del disco

Treinta años después de su publicación, "One Hot Minute" sigue siendo el disco maldito de Red Hot Chili Peppers, un álbum que muchos prefieren olvidar. A veces, incluso la propia banda ha parecido querer hacerlo, porque sigue ardiendo como una herida abierta en la historia del grupo.

Publicado en 1995 tras el monumental éxito de "Blood Sugar Sex Magik", el disco fue el resultado de un torbellino de circunstancias: la marcha de John Frusciante, la llegada de Dave Navarro y el regreso de los demonios personales de Anthony Kiedis. En palabras del propio vocalista, aquel periodo fue “una época de confusión, de adicción y de pérdida”, y todo eso quedó impregnado en la música. Demasiadas cosas para que el disco no se resintiera.

Los Peppers venían de su mejor momento en lo que respecta a las audiencias y al calor del público. De ser una banda de esas considerada de nicho, casi de culto, Red Hot Chili Peppers habían pasado a llenar estadios gracias a un disco doble que cambiaría para siempre sus carreras, y también sus vidas. La primera la de John Frusciante, su guitarrista, que abandonó el grupo en plena gira. “Todo sucedió a la vez y no podía soportarlo”, confesó el guitarrista años más tarde en diversos medios. Su salida dejó un vacío enorme. Chad Smith, el baterista, fue quien propuso a su colega Dave Navarro, de Jane’s Addiction, para sustituirle. Su fichaje marcó un giro radical y, quizá por eso, solo grabaría un disco con la banda, el que nos ocupa. Frusciante era sutil, abierto. Navarro, por su parte, optaba por la densidad y tendencias algo más psicodélicas.

Las sesiones de grabación comenzaron en 1994, pero, como podéis suponer, se desarrollaron en un ambiente tenso. Kiedis, que llevaba cinco años sobrio, recayó en las drogas durante la producción, y eso ralentizó – por decirlo suavemente- el proceso. Navarro, por su parte, no acababa de adaptarse a la dinámica del grupo y no tenía claro lo que esperaban de él. “No entendía la forma en que trabajábamos”, recordaba su colega Smith en Uncut. “Trabajar con él no era lo mismo que con John”. Las fricciones se notaban, y esa incomodidad influyó de manera definitiva en el tono emocional del disco. Para colmo, Navarro no era especialmente fan de la música que había marcado siempre a la banda, el funk.

El contenido
Musicalmente, "One Hot Minute" es un álbum extraño, a ratos fascinante y a ratos desorientado. La apertura con “Warped” deja claro que el funk ligero de antaño ha dado paso a un rock más denso y áspero. Se nota, ya de entrada, la influencia de Navarro. La voz de Kiedis suena encerrada, distorsionada, atrapada dentro de sí misma, mientras canta: “Estoy fingiendo ser fuerte y libre de mi dependencia, me está deformando”. El eco de su recaída está en cada verso. Más claro, agua. En cambio, frente a ese inicio sombrío, “Aeroplane” actúa como un respiro: pegadiza, alegre, bailable, fue el gran éxito del álbum y el único tema que la banda sigue tocando en directo. “De todos nuestros discos, fue el que probablemente menos tocamos en directo”, reconoció Chad Smith en una entrevista para The Drummer’s Journal. “No nos sentimos conectados con él, pero estamos muy orgullosos de lo que hicimos”. La letra de “Aeroplane”, sin embargo, no oculta su trasfondo: “Será mejor que alguien me abofetee antes de que empiece a oxidarme”, canta Kiedis, como si pidiera ayuda a gritos. “Eso era exactamente lo que era: un grito de ayuda”, admitió años después en sus memorias.

“My Friends”, una de las baladas más sombrías del grupo, muestra la vulnerabilidad del cantante ante sus propias heridas. “Shallow By The Game” recupera el funk rock para acercarse a la crítica social y religiosa, y “Transcending”, por su parte, cierra el disco con una dedicatoria a River Phoenix, amigo personal de la banda, fallecido por sobredosis en 1993. El dolor de la pérdida recorre toda la letra, y su final se convierte en un cruel estallido final.

Dave no era el hombre
Es fácil decirlo ahora, porque en su momento pocos alzaron la voz ante la elección, pero Dave Navarro no era lo que el grupo necesitaba en aquel momento. En entrevistas posteriores, por ejemplo, en Rolling Stone, el guitarrista reconoció que su paso por la banda fue problemático. “Entiendo que los fans no se sintieran conectados con el grupo cuando yo estaba”, dijo años más tarde. “Para ellos, no eran los Chili Peppers de siempre”. Y tenía razón. "One Hot Minute" suena como un grupo tratando de encontrarse sin su brújula habitual. Robert Aniento lo definió en estas páginas en 2006 como “un paso en falso”. Aunque Navarro no era la única razón. El bajo de Flea se mantiene, más protagonista que nunca, convirtiéndose en el eje que mantiene todo unido mientras Kiedis se hunde en su propio caos y Navarro explora territorios que van del rock alternativo al metal ligero sin encontrar nunca el sitio. ¿Experimento fallido? ¿Muestra de valentía?

La crítica de la época fue implacable a pesar de los dos millones de copias vendidas en Estados Unidos. Rolling Stone calificó el álbum de “inconsistente” y “demasiado oscuro para su propio bien”. Kerrang habló de “un lado nuevo, más extraño y oscuro en los Red Hot Chili Peppers”. Y Q de que “resulta irregular frente al estándar que los Peppers”. Cuatro años más tarde llegaría "Californication", el retorno de Frusciante y el renacimiento de los Chili Peppers. “Sin ese periodo oscuro, no habríamos tenido la claridad necesaria para lo que vino después”, reconocería Kiedis en una entrevista con la emisora australiana Triple J. Un período en el que la adicción del propio Kiedis y la muertes de Phoenix e incluso de Kurt Cobain (el cantante andaba obsesionada con ella), influyeron demasiado. Aunque, hoy, treinta años después, uno no puede evitar pensar que quizá, "One Hot Minute", fue demasiado maltratado.

 

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