Nacho Vegas, 25 años de un acto inexplicable
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Nacho Vegas, 25 años de un acto inexplicable

Marcos Gendre — 12-01-2026
Empresa — Limbo Starr
Fotografía — Carátula del disco

Celebramos el aniversario de “Actos inexplicables”, el primer LP en solitario de Nacho Vegas, con el que se doctoró como oráculo de toda una generación para la cual dicho álbum supuso un hito mesiánico como pocos ha habido en este milenio pop.

Desde el nido LIMBO STARR
Ya ha pasado un cuarto de siglo y uno de los hechos inamovibles que no han podido derrumbar las modas ni “todo lo que vino después” es la certeza de que Nacho Vegas fue el legítimo novio de las musas durante sus años en Limbo Starr.

Fue en dicho sello donde se fue fraguando una carrera en solitario de la que, ateniéndonos a sus comienzos en bandas de trasfondo indie como Eliminator Jr. o Manta Ray, nadie podía esperar que tuviese el recorrido que ha tenido en todo este tiempo y menos desde los códigos estilísticos de un songwriter de insuperable capacidad lírica para adentrarnos en historias sórdidas, aunque también algo luminosas, como las que pueblan cada rincón de “Actos inexplicables”.

Desde el mismo momento de su publicación, en 2001, este trabajo fue considerado como uno de los pilares de la canción española de todos los tiempos, clave en abrir las puertas del indie español hacia unas coordenadas estilísticas de espectro folk que abrieron su radar a un público más masivo y heterogéneo. Y eso desde una mirada con una personalidad hermanada con las teorías de la narrativa cruda y personalísima desarrollada por Fernando Alfaro, el otro ángel oscuro más relevante del pop nacional en estas últimas décadas.

Fraguando la revolución 
Pero para poder levantar monumentos como “El ángel Simón”, “Seronda”, “El callejón” o “Molinos y gigantes”, el camino vino de la mano de un desarrollo que parte del encuentro entre Nacho y David López, máximo responsable de Limbo Starr, que nos cuenta cómo “A principios de los noventa, con Kebrantas, coincidimos varias veces en directo con los grupos de Nacho, Eliminator Jr. y unos incipientes Manta Ray. De ahí nació una buena relación, que se estrechó cuando empezó a salir con una de las integrantes de Nosoträsh, a quienes fiché para RCA en mi etapa de A&R local, tras ganar el concurso de maquetas que organizábamos con Rockdelux. Así que estaba bastante al tanto de sus planes de iniciar una carrera en solitario”.

La música sobre la palabra 
De ahí a la práctica, se fueron dando diferentes fases en la sombra que determinaron varias decisiones sobre la marcha, las cuales se pueden notar desde el mimo con el que fueron fraguados los tonos musicales que conforman “Actos Inexplicables”. Del gusto por las atonalidades eléctricas a lo Mark Ribot al halo crepuscular heredado de Nick Drake, Nacho juega con los códigos calma-tempestad del slowcore, quiebra las constantes asociadas a la canción-río con arreglos ajenos a la literalidad lírica o nos propone una profunda descontextualización panorámica del folk norteamericano mediante un sentimiento fuertemente arraigado a su latido asturiano. Al norte del norte, tal como reza uno de los pináculos de este disco.

En este sentido, “Actos inexplicables” se trata del reverso más contundente que uno se pueda esperar de la típica gramática cantautora. No en vano, como el propio David López llegó a comentar sobre aquel kilómetro cero en la carrera de Nacho: “Desde el principio evitamos la palabra cantautor, porque no encajaba con lo que hacía. Preferimos “singersongwriter”, que lo situaba más cerca de esa tradición americana que va de Dylan o Johnny Cash a los outlaws del country —con Townes Van Zandt como referente— y de ahí a figuras más ‘europeas’ como Leonard Cohen o Nick Drake, hasta contemporáneos como Bill Callahan, Bonnie ‘Prince’ Billy o Nick Cave”.

Quizá estas tres últimas referencias son las que asientan los parámetros creativos que suben y bajan la temperatura de la emoción según lo requiera la canción en cuestión. Sin duda, una adaptación ibérica inaudita hasta aquel momento en España de lo que “fue un proceso largo, desde aquella primera maqueta casera de cuatro canciones hasta Actos inexplicables”, comenta David. “Hubo un trabajo de preproducción muy minucioso, donde se fue definiendo no solo el sonido, sino también la estética y la identidad del proyecto. Desde el principio teníamos una fe absoluta en esas canciones, sabiendo que estábamos presentando algo importante, al margen de modas o tendencias, con la voluntad de perdurar”.

Kilómetro cero 
Pero no sólo perduró, sino que un trabajo mayúsculo como éste devino en antesala de algo más grande, que llegó un año y medio después como el mastodóntico “Cajas de música difíciles de parar”, aunque este milagro discográfico bien se merece un capítulo aparte

Entre 2001 y 2008, Nacho escribió un sinfín de hitos del pop español y universal. Muestras genuinas de un talento desbordante, borracho de genio, con una tendencia exagerada a la fertilidad compositiva. Años que parten de “Actos inexplicables”, “el cual, para nosotros significó el inicio de un proyecto vital”, reconoce David López. “En el caso concreto de Nacho, pudimos publicar cuatro álbumes esenciales en la música en castellano del siglo XXI, además de varios EP memorables, justo en un momento de transformación de la industria, cuando las canciones empezaban a descargarse directamente de internet y los sellos aún buscábamos cómo sobrevivir a aquello”.

En este sentido, “Actos inexplicables” no sólo se entiende como una rara avis artística que deviene en molde generacional de una impronta musical perfectamente reconocible, sino que también significó un refugio emocional para todos esos adolescentes de finales de los ochenta y principios de los noventa que crecieron al son del indie español con Surfin' Bichos, Penelope Trip, Aventuras de Kirlian y Lagartija Nick. Gente que ya entraba en la treintena, cuando dicha edad aún estaba asociada al mundo adulto. Sin duda, un pasamanos para no tropezar en otras propuestas ajenas al poderoso poder empático de un tipo que, en su metamorfosis a través de “Actos inexplicables”, captó a una legión de fieles que no han dejado de crecer con el tiempo. Unos cuyo alimento primordial sigue perteneciendo a discos como el señalado, emblema de cómo triunfar desde la derrota personal o de ser la voz de miles de personas desde un sentimiento profundamente otoñal que grabó en piedra a través de letras como las que abren “El camino”, en una de las representaciones autobiográficas más contundentes de su era. La misma que define las constantes vitales que daban cuerda a la inspiración que atesoraba Nacho en aquel arranque de siglo: “Me levanto y echo a andar sin lavarme la cara. Tal vez complete un trecho en la Gran Espiral con las cosas que he ganado y las que he perdido, mi ceguera y mi bastón. En el camino. Me encontré al predicador seduciendo a un peregrino. Me ofreció su mal amor y un buen trato y yo grité todos mis pecados viajarán conmigo, ayudándome a acertar el camino”. 

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