Siempre les cuento a mis amigos que el In-Édit es mi momento de mayor inspiración anual y no lo acaban de entender. Pero yo les digo, ¿ hay algo en el mundo que pueda inspirar más que la MUSICA y el CINE juntos ? En mi caso, ya os digo yo que no. Y eso que la literatura, los viajes, el basket, o el “Rocket To Russia” de los Ramones, que sería algo así como “mi religión”, tampoco se quedan cortos iluminando cada paso de esta singladura llamada VIDA.
De este modo, espero que después de este espacio, tan amablemente cedido por mis amigos de Mondo Sonoro, no solo lo comprendan, sino que el año que viene me acompañen en este magnífico viaje a través del tiempo y lo experimenten junto a mí y a las más de 33.000 almas que, en esta decimosegunda edición, han batido el récord de asistencia de la historia del festival.
Para los que entendemos la música como una forma de vida, y no como un objeto de consumo, el leer y visionar estas vidas ejemplares, como si de hagiografías se trataran, es tan rico e inspirador como escuchar su legado artístico. Sinceramente, pienso que es imposible apreciar el punk y la música de los Mekons (Revenge of The), si no entiendes que la decisión de continuar firmes en sus postulados, no sólo cambió la vida de los miembros del grupo, sino que la orientó de un modo determinado haciendo que acabaran convirtiéndose en un combo de country/folk y provocando que la mayoría de ellos se mudara a Chicago, tierra del blues y de la mafia.
No creo que nadie virgen en estas lides pueda digerir como ( Super Duper ) Alice Cooper ha llegado a ser uno de los personajes más influyentes en la historia del rock, sin conocer previamente la historia de su manager, Shep Gordon ( Supermensch).
No estoy dispuesto a aceptar que nadie que no conozca la obra de Duke Ellington (On The Road With), pueda ni siquiera imaginar lo que supuso para la escena hip-hop la aparición de un personaje tan emblemático y determinante como Nas ( Time Is Illmatic ).
Y es que cuando te das cuenta de que esto no va de virtuosismo ni de intentar ser como ( Conducting ) Mahler, cuando llevas tras más de treinta años años acumulando discos que van del Pop Naif de Sarah Records ( My Secret World ) al Black Metal de “A spell to ward off the darkness” en el fondo de tu armario, por fin llegas a la conclusión de que la música es esencia y no forma, como nos enseña John Cage en su epitafio en forma de documental, “How To Get Out The Cage”, y es cuando aprendes a vivir a través de ella.
La vida es cambio, y la historia de la música así lo refleja. El In-Édit es un festival que te enseña que ser un rude-boy en los 60´s y escuchar Ska:( Legends Of ) a golpe de cervezas, era lo mismo que ser un Gabbers! en los 90´s y ponerte fino a rulas treinta años después. ¿ Realmente pensáis que la forma importa algo ? La música, como la energía, ni se crea ni se destruye, sino que solamente se transforma.
Como Kevin Rowland y sus Dexy´s ( Nowhere is Home ),que pasaron de ser soul rebels a rebeldes del swing, sin perder un ápice de su frescura y de su buen hacer a la hora de fabricar hits de puro pop. O como Spandau Ballet ( Soul Boys Of The Western World ), que cogieron ese soul primigenio y, a través del azul de sus ojos, lo llevaron a los corazones de millones de jovencitas que experimentaron la fuerza de la música a través de esos hits ochenteros tan certeros como incontestables. O como mis adorados Pulp ( A Film about Life, Death and Supermarkets), que después de haber lamido las mieles del éxito a través de la luminosidad de “A different class”, decidieron volver a sus oscuros principios cruzando la densa senda de “This is Hardcore”.
Sí, compañeros de fatigas. En la vida, cómo en la música, hay que tener la valentía de escoger el camino adecuado. Y este puede tan arduo como la torturada y tortuosa vida de Roland S. Howard ( Autoluminiscent ), o tan placentero como el de Nick Cave ( 20.000 days on Earth ), caras ambas de una misma moneda que, dependiendo de cómo se lance al aire, caerá de un lado o al otro de esa estrecha línea que separa la desgracia de la felicidad.
In-Édit nos lleva enseñando durante más de una década que la evolución en la música, al igual que en la vida, es algo que siempre existirá, y que las mentes más cerradas y cobardes jamás podrán detener.
Cuando ves un documental como el de Europe in 8 bits, es cuando te das cuenta de que cada generación de nuevo cuño siempre tendrá un lenguaje propio que les separará de sus antecesores para reinventarse, para no cometer errores pasados, y, sobre todo, para reafirmarse en sus postulados y en sus convicciones, tan válidas o más que las de sus héroes de antaño. Héroes caídos, como Freddie Mercury ( The Great Pretender ) , Joe Strummer ( I Need A Dodge ) o Frank Zappa ( Phase II – The Big note ) , o estrellas anónimas como Gruff Rhys, que veinte años después de estrenarse con los Super Furry Animals nos ha obsequiado con esa opus magna de nombre American Interior, la cinta ganadora de esta XII Edición de In-Édit.
¿Qué mas da si la inspiración y la fuerza para ser feliz en la vida te llega a través del blues de Johnny Winter ( Down and Dirty ), de la bendita locura de Kate Bush ( Running Up That Hill ), de la rimbombancia de Mike Olfield ( Tubular Bells ) o del maravilloso ruido que nos muestra el documental Beautiful Noise ? Lo importante, queridos amigos, es ser consciente de que la música es mucho más que tres acordes, una chupa de cuero o un MP3 de mierda perdido en el disco duro de tu ordenador. La música, como dice Fela Kuti en el magnífico Finding Fela !…
ES EL ARMA DEL FUTURO.
Gerardo Cartón – 5 de Noviembre de 2014
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