Es conocida la anécdota de cuando el líder de los Smashing Pumpkins se quejó ante Kim Thayil, guitarrista de Soundgarden, de que en las fotos de la banda siempre le ponían al fondo. Ante eso el guitarrista, que no olvidemos compartía grupo con Chris Cornell, explotó y le dijo "¿Qué quieres decir? Tú escribes todas las canciones, y haces todas las entrevistas. Tocas todos los instrumentos en el disco. Controlas la banda hasta el punto de que la mayoría de la gente piensa en Smashing Pumpkins como la Billy Corgan Experience, ¿y a ti solo te importa cómo sales en las fotografías?". La respuesta de Corgan fue reveladora: "Pero lo odio, eso significa que piensan que no soy el guapo"...
Así que comencemos con ello, Billy Corgan siempre ha sido un egomaniaco redomado, algo que es un inconveniente si tienes relación personal con él, pero no tanto si lo único en lo que estás interesado es en la música que hace. Y es que fue precisamente ese ego el que le llevó a imaginar cosas tan absolutamente desproporcionadas y mágicas como este "Mellon Collie And The Infinite Sadness" que cumple ya 30 años. Un disco que es, posiblemente, el culmen y, a la vez, la tumba del pequeño reinado del rock alternativo de los 90 del que Corgan fue uno de los nombres indispensables.
Con "Siamese Dream" le habían colgado la etiqueta de nuevo Kurt Cobain y cuando Cobain se suicidó en abril de 1994, Corgan pasó a ser visto como el relevo más claro, el hecho de que "Pisces Iscariot", una recopilación de caras B y descartes, se colara en el número 4 de las listas estadounidenses ese mismo año así lo confirmaba. Pero pocos estaban preparados para lo que vendría después.
Un disco colaborativo
"Mellon Collie and the Infinite Sadness" (el título ya es representativo) es uno de los discos más ambiciosos que se han hecho nunca, claro que es un disco a la medida del ego de su principal responsable. Eso sí, esta vez permitió a sus compañeros una mayor participación, después de que en "Siamese Dream" hubiera grabado casi todas las guitarras y el bajo el mismo, dejando al guitarrista James Iha y a la bajista D'arcy Wretzky como meras comparsas. Algo que hace de este disco, en el que vuelve a estar la poderosa batería de Jimmy Chamberlin, el disco más grupal de su carrera, incluso dejando meter un par de canciones al propio Iha.
Eso sí, precisamente canciones no le faltaban. Este disco surgió de uno de los periodos de creación más fértiles no solo de la carrera de Corgan, sino de nadie en el mundo de la música pop. El disco que saldría de allí tendría 28 canciones y duraría más de dos horas pero en el tintero se quedaron otras 28 que se publicaron como caras B y rarezas en el recopilatorio "The Aeroplane Flies High", publicado al año siguiente, mientras que otras 40 terminarían saliendo a la luz en reediciones recientes, todas escritas entre 1993 y 1995. Un total de 106 canciones con las que probablemente Corgan podría haber sacado un tercer disco con otras 14 canciones (por ejemplo "Pennies", "Mouths of Babes", "The Aeroplane Flies High (Turns Left, Looks Right)", "Said Sadly...", "The Boy", "Set the Ray to Jerry" o "Meladori Magpie") casi a la altura de los dos discos de "Mellon Collie".
Aunque hay que tener claro que, a pesar de que "Melon Collie" es considerado un disco doble, nació en la época del reinado del CD como dos discos, pero realmente en vinilo estaríamos hablando de un cuádruple disco, sus más de dos horas de música son más del doble de duración que el primer doble de la historia, el "Blonde On Blonde" de Bob Dylan o 40 minutos más largo que el doble con el que el propio Corgan lo comparó, el "The Wall" de Pink Floyd, y es que fue el cantante sin abuela el que comentó que este disco era "El Muro" de la Generación X. uniendo su nombre al de una de las bandas más denostadas por el punk y el rock alternativo... Supongo que no es necesario alimentar más el ego de Corgan, pero puede que sea incluso mejor que el disco de los de Roger Waters.
Una rata enjaulada
Eso sí, más allá de la enorme ambición de ambos discos, poco se parecen, a pesar del contexto de los dos discos estando separados en vagos conceptos del día y la noche, "Mellon Collie" no tiene un tema claro, ni sigue una historia. Lo cual tampoco está mal si tenemos en cuenta que Corgan no es el más brillante de los letristas, siendo la frase más recordada de este disco ese "Despite of my rage, I'm still just a rat in a cage", que suena hoy más a meme que a respuesta generacional a aquel "All in all, you're just another brick in the wall"... Como diría Homer Simpson, cuando los Smashing Pumpkins hicieron su aparición en la mítica serie gracias a este disco, "gracias a vosotros mis hijos han dejado de soñar con un futuro que no les puedo proporcionar".
Pero, musicalmente, sí que es una verdadera maravilla, una en la que Corgan dio rienda suelta a sus múltiples influencias logrando un disco en el que el rock alternativo de "Siamese Dream" se ampliaba con toques de metal, rock progresivo, electrónica, pop barroco, toques New Wave e incluso pinceladas Dream Pop.
La verdad es que el verdadero logro de este disco en particular es su amplia paleta de sonidos, aquí, por fin, Corgan puede dejar que el ávido fan de New Order y The Cure cohabite con el admirador de los sonidos más pesados y oscuros de Black Sabbath, sigue siendo fascinante escuchar una primera parte en la que un riff tan potente como el de "Zero" puede coexistir con las delicadezas, arpa incluida, de "Cupid de Locke", o una segunda en la que conviven la salvaje "Tales Of A Scorched Earth" con la acariciante "Lily (My One and Only)", y lo hagan sin que suenen a dos bandas distintas, sino a una muy especial, con corazón propio.
Viajando a la Luna
El disco comenzaba con una preciosa balada de piano y cuerdas, en plan pop barroco, que servía de perfecta presentación al disco y a la canción a la que precedía, "Tonight, Tonight", con su grandiosidad orquestal y sus explosiones de cuerdas en el estribillo, una canción inseparable de su vídeo homenaje al "Viaje a la luna" de Meliés para toda una generación. Además, en su letra, por un momento, Corgan se quitaba la careta cínica e invitaba a creer en uno mismo en una de las mejores canciones de su carrera.
Luego venía el cuádruple ataque guitarrero que componían "Jellybelly", "Zero", "Here Is No Why" y "Bullett With Butterfly Wings", las guitarras chillaban en la explosiva "Jellybelly", una de las más cercanas en espíritu a "Siamese Dream", mientras que "Zero" contenía su riff más mítico y cercano a Tony Iommi, y "Bullet With Butterfly Wings" tenía el estribillo más certero, no en vano fue la canción que sirvió de sencillo de presentación del disco.
Pero mi favorita era esa barbaridad en la que se mezclaba la crudeza y la melodía llamada "Here Is No Why". Corgan se dejaba la garganta junto a algunas de las guitarras más saturadas de su carrera, pero la magia llegaba en ese puente casi espacial en el que la canción parece pararse y Corgan canta eso de "The useless drags, the empty days, The lonely towers of long mistakes to forgotten faces and faded loves. Sitting still was never enough" y entonces ¡bum! explotaba el mejor solo de toda su carrera, uno en el que se expresaba con más claridad que con las palabras.
Terrenos prog
Tras ese brutal comienzo el disco iba dispersándose en otras direcciones, añadiendo nuevos sonidos a la mezcla, "Cupid de Locke" era etérea y ambiental (aunque se podría haber ahorrado el final hablado...), mientras que "Galapogos" o "Porcelina of the Vast Oceans" se metían en terrenos prog con éxito y "Muzzle" podría haber sido sin problema otro de los exitosos sencillos del disco.
Aun así, el segundo disco era aún más variado, conteniendo los contrastes más grandes entre algunos de sus temas más pesados y potentes, como "Bodies", "Where Boys Fear to Tread" o "Tales of a Scorched Earth", con algunos de los más calmados y relajantes, como su espléndida segunda parte.
Eso sí, las dos canciones más conocidas de este segundo disco son esa preciosidad llamada "Thirty-Three" en la que el rock alternativo se mezclaba extrañamente con el country, algo que solo habían hecho Pavement hasta ese momento, precisamente en esa maravilla en la que le tiraban a los propios Smasing Pumpkins llamada "Range Life".
La joya de la corona
Y luego estaba la joya de la corona, "1979", donde Corgan se olvida de las guitarras saturadas a lo Black Sabbath para decantarse por otra de sus grandes influencias, el post punk británico, en este caso con una huella evidente de New Order y Echo & The Bunnymen. Su canción más melancólica y tierna seguía una línea de guitarra que parecía continuar el comienzo electrónico, para luego rematarla con un hermoso estribillo, delicado, sereno, sabio y, apropiadamente, melancólico. No puede ser casualidad que Corgan eligiera esa fecha, con millones de adolescentes nacidos a finales de los 70 sintiéndose totalmente identificados con su letra sobre dejar la infancia atrás y comenzar con los retos de la vida adulta. La canción era tan buena que hasta Pavement terminaron haciendo una versión de ella.
Y luego estaba el final del segundo disco, cinco canciones en las que las guitarras quedaban enterradas y la banda se ponía a experimentar con sonidos totalmente distintos, sirviendo casi como anticipo a lo que estaba por llegar, ese "Adore" que dividió a su audiencia, aunque con tonos mucho menos oscuros y más brillantes. A pesar de ser una canción sobre vampiros, lo que le iba al pelo a un Corgan estrenando su imagen Nosferatu, "We Only Come Out At Night" era más luminosa que oscura.
Algo que se veía en su continuación, una absoluta debilidad personal, "Beautiful", cantada a dúo con la bajista D'arcy Wretzky, una preciosidad sobre lo intrincado del amor, "And I’m sure you know me well / As I’m sure you don’t / But you just can’t tell / Who you love and who you won’t", en la que hay varios cambios que van siempre mejorando uno de sus temas más bonitos y particulares de su carrera, uno en el que se pasa de la influencia de los Black Sabbath y los Cure, al Prince más pop. Sus toques electrónicos también parecen llevarnos a "Adore".
Adiós y hasta pronto
Luego "Lily (My One And Only)" sigue enseñándonos al Corgan más twee, con una preciosa melodía con una letra sobre un voyeur al que terminan llevándose detenido, disfrazada de canción de amor. "Starlight" es una balada más normal, vuelven las guitarras, pero es atmosférica y muy atractiva también. La despedida no puede ser más directa, después de casi dos horas, la banda al completo va tomando turnos para cantar "Farewell And Goodbye", en la que se demostraba que James Iha y D'arcy Wretzky no solo eran más guapos sino que también cantaban mejor que Corgan...
La moraleja es que no se puede tenerlo todo. Este tipo con un ego desmedido hizo un disco a la altura de dicho ego, y, por un breve momento, fue el hombre que siempre pensó que sería, poniendo a su banda en la cresta de la ola del rock alternativo y el grunge, con el disco subiendo al número 1 de las listas y la crítica rendida a sus pies. Pero las cosas no iban a durar mucho, "Mellon Collie And The Infinite Sadness" fue el epílogo del breve reinado del rock alternativo en la música 'mainstream' y, además, ni él, ni nadie de su generación, llámese Pearl Jam, Soundgarden, Alice In Chains o hasta sus archienemigos de Pavement, volvería a sacar un disco mejor que sus obras maestras de entre los años 1991 y 1995.

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