En uno de mis primeros trabajos periodísticos, cuando no hacía mucho que había aterrizado en Madrid...


 

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Felicidades por el concierto

19-01-2011

En uno de mis primeros trabajos periodísticos, cuando no hacía mucho que había aterrizado en Madrid, me enviaron a Inglaterra para entrevistar a Richard Ashcroft a su mansión (una de sus mansiones en realidad). Por entonces se hacían así las cosas, una discográfica era capaz de enviar a tres periodistas un par de días a Londres a cambio de una página en la publicación de turno, que concretamente en aquella ocasión era la revista de tendencias .H. El caso es que entre las atenciones prestadas por la responsable de promoción para con nosotros, estuvo llevarnos a un concierto de David Byrne al que acudí sin mucha emoción. Y tampoco cambió mucho mi actitud cuando nos propuso, una vez terminado en concierto, pasar por camerinos y presentarnos en persona al mismísimo Byrne. Recuerdo que me pareció un detallazo por parte de la chica de EMI, pero estrechar su mano e intercambiar unas palabras con él no me impresionó gran cosa en su momento: no había seguido la trayectoria de Talking Heads con gran pasión, y el invento aquel de Luaka Bop y la colisión entre pop y músicas del mundo al que acababa de asistir en directo -y que venía siendo el eje de su carrera desde hacía años- me parecía simple y llanamente una horterada. La ignorancia juvenil es atrevida, y hoy veo con otros ojos la aportación de Byrne al mundo de la música. Al igual que supongo que dentro de un tiempo moriré de la vergüenza por haber aireado por aquí determinadas opiniones.

 

Me ha venido todo esto a la cabeza a propósito de la lectura de “Diarios de bicicleta” del propio David Byrne, cuaderno de viajes a dos ruedas por diferentes ciudades del mundo que el de Baltimore utiliza como excusa para reflexionar sobre los temas más diversos, desde el modelo de vida americano, a los métodos de la Stasi o el vínculo del arte gráfico con la música y su posible desaparición como consecuencia de la tiranía del mp3. Me está resultando cercano (cuando dice… “Lo que llamamos hogar es también un decorado. Creemos que los detalles íntimos y familiares de nuestros propios espacios son parte única e integral de nuestra propia vida, pero de alguna manera no son más que elementos de atrezzo para nuestra propia narración…”),divertido y muy interesante, como si ese paseo en bicicleta lo hiciéramos hombro con hombro mientras visitamos ciudades a lo largo y ancho del mundo. Como si al fin pudiera tener con él esa conversación que aquel día hace unos cuantos años se redujo a un excesivamente correcto, casi hipócrita, “Hola, encantado de conocerte. Felicidades por el concierto…”.

 

 

Un comentario
  1. elhombremontaña 19 enero, 2011

    Bueno ,no hay que morirse de verguenza por ese pecado juveenil si no mas bien alegrarse porque la experiencia nos haya hecho capaces de apreciar lo que una vez despreciamos...
    David Byrne y antes que el ,Paul Simon , por ejemplo , nos iluminaron un pasillo del pop demasiado oscuro para la mayoria.

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