Me ha venido todo esto a la cabeza a propósito de la lectura de “Diarios de bicicleta” del propio David Byrne, cuaderno de viajes a dos ruedas por diferentes ciudades del mundo que el de Baltimore utiliza como excusa para reflexionar sobre los temas más diversos, desde el modelo de vida americano, a los métodos de la Stasi o el vínculo del arte gráfico con la música y su posible desaparición como consecuencia de la tiranía del mp3. Me está resultando cercano (cuando dice… “Lo que llamamos hogar es también un decorado. Creemos que los detalles íntimos y familiares de nuestros propios espacios son parte única e integral de nuestra propia vida, pero de alguna manera no son más que elementos de atrezzo para nuestra propia narración…”),divertido y muy interesante, como si ese paseo en bicicleta lo hiciéramos hombro con hombro mientras visitamos ciudades a lo largo y ancho del mundo. Como si al fin pudiera tener con él esa conversación que aquel día hace unos cuantos años se redujo a un excesivamente correcto, casi hipócrita, “Hola, encantado de conocerte. Felicidades por el concierto…”.
Bueno ,no hay que morirse de verguenza por ese pecado juveenil si no mas bien alegrarse porque la experiencia nos haya hecho capaces de apreciar lo que una vez despreciamos...
David Byrne y antes que el ,Paul Simon , por ejemplo , nos iluminaron un pasillo del pop demasiado oscuro para la mayoria.