Sin haber repasado a fondo los dos dvds -me queda tarea para los próximos días- la inercia me ha llevado a revisar esta mañana “Krautrock”, producido por BBC 4. Claramente etnocentrista, como casi todo análisis del pop que procede de Inglaterra, combina entrevistas actuales con los principales representantes de los grupos de cabecera del movimiento -Amon Duul II, Tangerine Dream, Faust, Can, Neu!, Kraftwerk, Popol Vuh, Cluster- con imágenes de archivo. Al final terminó por resultarme un poco irritante que tal y como lo plantea el documental, parece que aquella explosión de creatividad que vivió Alemania en el periodo 1968-78 fue sólo el caldo de cultivo, la excusa perfecta para que se grabase la trilogía berlinesa de Bowie, con Eno otorgando bendiciones a su paso por tierras germanas. Y un cuerno.
En cualquier caso, repasar una vez más la historia del rock experimental alemán de los 70 sirve para hacer hincapié en lo decisivo del entorno a la hora de analizar la música contemporánea. Casi todos los entrevistados coinciden en una serie de cuestiones: que tras la british invasión (la musical, que no dejaba de llegar de la mano de lo militar) se hacía necesario la búsqueda de una identidad propia, con peso de la tradición europea frente a la tiranía anglosajona. También la importancia del ambiente revolucionario y contracultural que se vivía en Occidente, la influencia de Stockhausen y su taller en Colonia y el peso de la culpa por todo lo que había ocurrido en el advenimiento nazi y la necesidad de exorcizar los fantasmas que en el caso de los berlineses tenían forma de muro. Esto así, a vuelapluma…
¿Se ha hecho en España un análisis similar de los diferentes movimientos del pop a lo largo de las diferentes generaciones? Definitivamente sí en el caso de los cantautores de los setenta y La Movida madrileña. Creo que no tanto con la generación de los noventa, aunque ahora mismo, con cierta perspectiva, no es complicado “comprender” el por qué de determinados sonidos y actitudes: en un tiempo de bonanza económica en que las clases medias vieron como mejoraba su calidad de vida, los jóvenes tuvieron acceso a otros tipos de música e instrumentos que les permitieron darle la espalda a lo que nació como revolucionario en los 80 y terminó convirtiéndose en puro establishment. Exactamente igual que sucedía en aquel momento en el mercado laboral, con los puestos directivos copados por una generación anterior todavía joven y con mucha cuerda, no había más remedio que montárselo por libre o asumir que prosperar era una quimera. La consecuencia de ello fue la primera generación que salvo contadísimas excepciones sigue publicando su música desde el margen, sin rendirle ni pedirle cuentas a nadie por ello, insobornable, cínica: los Errazquin, los supervivientes de Penélope Trip (Tito Pintado, Pedro Vigil), David Rodríguez, los Austrohúngaro, Surfin’ Bichos, Mancusos, etc. Otros como Vegas han alcanzado el éxito veinte años después, a veces dudo si a su pesar, pero claramente sin hacer concesiones.
¿Cómo aplicar todo esto al análisis de lo que está sucediendo en el presente en nuestro país? Vivimos un momento emocionante, de incertidumbres, en el que Internet obviamente ha marcado a fuego todo lo relacionado con la producción cultural. Pero la crisis económica, la repentina multiculturalidad del país, los apuntes a una Europa decadente y sin futuro, la percepción de que la juventud definitivamente pierde el tren, deberían tener aún más que ver con la música que se está facturando hoy en nuestro país que la recurrente polémica de internet. Si Vietnam dio la psicodelia, la recién reconstruida Alemania el kraut, la Inglaterra tatcheriana el punk y el postpunk, y la euforia de finales de los 80 la fiebre acid, ¿cuáles son los síntomas musicales del momento que nos toca vivir aquí y ahora? Se buscan síntomas en forma de discos…
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