El ruido eterno
Especiales

El ruido eterno

10-05-2012

 

El ruido se ha asimilado progresivamente por la música popular hasta el punto de bautizar a todo un movimiento, la escena noise de los 80, esencialmente británica y cuya acta fundacional se situaría en “Upside Down”, primer single de The Jesus & Mary Chain durante ese breve periodo de tiempo en que los conc

El ruido se ha asimilado progresivamente por la música popular hasta el punto de bautizar a todo un movimiento, la escena noise de los 80, esencialmente británica y cuya acta fundacional se situaría en “Upside Down”, primer single de The Jesus & Mary Chain durante ese breve periodo de tiempo en que los conciertos de los escoceses fueron poco más que una excusa para montar gresca.

 

 

Luego vino la banalización del movimiento y se le añadió al “ruido” los sufijos “pop” y “rock”, para construir una etiqueta que ha hecho muchísimo daño a lo genuinamente independiente, como tan bien sabemos por estos lares. Fue cuando la electrónica recogió el testigo, asimilando las enseñanzas de los noise-makers más extremos en el drum’n’bass y el ambient: no es de extrañar que a mediados de los 90, cuando Pavement paseaban por todo el mundo el estandarte noise-pop, el frente británico, los Robert Hampson (Loop), Sonic Boom (Spacemen 3) o Kevin Shields (MBV) mirasen hacia otro lado y se refugiasen en la abstracción. En cualquier caso, el ruido, tal y como se demostró hace cosa de un mes en el concierto de Hype Williams en Madrid, está (debería de estar) más que asimilado por unos oídos medio educados en la música popular de hoy.

 

 

 

Ayer tocaban en Madrid The Telescopes o lo que queda de ellos 25 años después de su acta de fundación, esto es, Stephen Lawrie y un guitarrista pintón cuya relación con el grupo desconozco. The Telescopes es un grupo extraño. No tanto difícil, que también, como resbaladizo, con una serie de referencias que es difícil ubicar en el tiempo porque en la mayor parte de los casos se publicaron muchos años después de su grabación. Y también porque poco tiene que ver el troglodita kraut de sus inicios (en la línea de los primeros Chain, Loop y Spacemen 3) con los efluvios baggy de “Untitled Second” (un disco que llama al equívoco, más cercano a los moñas de Ride que de otra cosa), y por último por lo que parece que ha sido la mayor pasión de Lawrie durante por lo menos los últimos 15 años: he aquí, sí, el ruido.

 

Reconozco que yo también me había olvidado: hace años que tengo colocado en la estantería una copia de “#4” su disco de 2005 en el que daban (daba) rienda suelta a esa nueva faceta. Lo había olvidado porque como les ocurrió a muchos en los setenta cuando corrieron a hacerse una copia de “Metal Machine Music”, yo también le di una escucha y lo abandoné hasta mejor ocasión. Así que cuando supe que The Telescopes hacían (¿hacían?) una gira 20 años después de su inicial disolución no caí en la cuenta de que lo que nos íbamos a encontrar iba a ser una versión antiacadémica del extremismo sonoro que nos podemos encontrar habitualmente en espacios como La Casa Encendida. Es mi culpa.

 

En ese sentido no hay lugar para las amargas quejas que se escuchaban a la salida del concierto porque la desinformación, y si acaso la falta de respeto, fue nuestra, no suya para con su público. No sólo eso: a mi modesto entender, con un bagaje de aproximadamente 20 años de castigo a mis sufridos oídos, tengo que decir que ayer The Telescopes dieron un notable concierto de noise (por momentos "-rock") que si acaso sólo cojeó cuando echó mano de los músicos de Shinkiro para dar forma a algo parecido a las canciones de sus primeros Eps, algo por otra parte lógico: ellos, como los Chain y como la mayor parte de los músicos de su escena y generación, siempre han sido tan pésimos instrumentistas como carismáticos performers. Mi reproche, el único, va por otro lado: si vas a joderle la cabeza a tu público lo mínimo es que lo hagas a pecho descubierto y no protegiéndote con tapones en los oídos, cabronazo. El mío, el oído izquierdo aún me pita cuando escribo estas líneas, espero que no sea un recuerdo para toda la vida del día en que los Telescopes enfurecieron a sus “fans” en Madrid.

 

 

Un comentario
  1. J. Batahola 10 mayo, 2012

    Coincido en que deberíamos haber sabido dónde nos metíamos, sobre todo teniendo en cuenta la trayectoria del grupo. No me gustó el concierto, independientemente del ruido y de que le dé (mucho) valor a la experimentación y hasta a las narices de hacerse 40 minutos de acoples y sonidos guturales. Me parece una falta de respeto al público que compró su entrada, que no fue mi caso.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.