Jimmy Eat World, veinticinco años de “Bleed American”
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Jimmy Eat World, veinticinco años de “Bleed American”

Luis Benavides — 09-03-2026
Empresa — Dreamworks
Fotografía — Carátula del disco

Con la publicación del cuarto largo de Jimmy Eat World, “Bleed American” (Dreamworks, 01), el emocore dejó de ser un secreto a voces para convertirse en un grito generacional.

Con motivo de su vigésimo quinto aniversario, repasamos una a una las canciones de uno de los grandes discos de la primera década de los dosmiles. Tanto es así que lo coronamos Mejor Disco Internacional de 2001 en esta misma publicación.

Cuando la etiqueta emo no estaba de moda, Jimmy Eat World echó el resto en una obra maestra del género como “Clarity” (99), su último disco para la multinacional Capitol. La banda atravesaba un momento dulce a nivel creativo, pero la compañía pedía unas cifras de ventas que nunca llegaban. Esto último, sumado a unos cambios en la directiva, precipitaron su despido. Lejos de venirse abajo, los de Arizona empezó a preparar su siguiente asalto. Jim Adkins (vocalista y guitarra), Tom Lindon (guitarra y coros), Zac Lind (batería) y Rick Burch (bajo) iban sobrados de ideas, incluso tenían alguna canción acabada como “Sweetness”. Querían grabar un disco mucho más inmediato y directo, menos grandilocuente que su predecesor, en el que metieron violines, pianos y programaciones.

El productor responsable de sus dos únicos trabajos con Capitol, “Static Prevails” (96) y el citado “Clarity” (99), Mark Trombino, se ofreció como ingeniero y estaba dispuesto a cobrar sus honorarios más adelante, cuando el disco despegara. El también batería de Drive Like Jehu sabía que más pronto que tarde algún sello importante apostaría por estos chicos de veintipocos años con aspecto corriente y talento extraordinario. La banda, por su parte, no descartaba la autoedición. De hecho, los cuatro amigos financiaron la grabación del nuevo disco con el dinero que hicieron girando por Europa y la venta del recopilatorio “Singles” (00) publicado a través de un pequeño sello independiente.

Finalmente, la compañía Dreamworks —el sello fundado en 1996 por Steven Spielberg y David Geffen—y la banda llegaron a un acuerdo para lanzar juntos un disco muy redondo y altamente contagioso que titularían “Bleed American” (01). Como curiosidad, su icónica portada, con siete trofeos de bolos colocados sobre una máquina de tabaco, pertenece a la serie “Los Alamos (1965-1974)” de William Eggleston, un pionero de la fotografía en color fascinado por la poesía de lo cotidiano.

El reconocimiento masivo de Jimmy Eat World llegó con los sencillos “The Middle” o la citada “Sweetness”, y su influencia desbordó la escena alternativa. A su rebufo, bandas coetáneas y amigas como The Get Up Kids y The Promise Ring salieron a la superficie, y también se allanó el camino hacia el “mainstream” para una nueva ola emo, la tercera, con Fall Out Boy, My Chemical Romance y Paramore a la cabeza.

Repasamos una a una las canciones de “Bleed American”, un puente entre la emoción underground y el rock comercial, un disco que la banda vuelve a presentar en una larguísima gira por Estados Unidos, Canadá, México y Reino Unido para rendirle el tributo que se merece.

"Bleed American”
La banda saca la artillería pesada en la potentísima “Bleed American”, una de las piezas más agresivas de su discografía. Líricamente, la canción hace referencia referencia a la soledad (“I’m not alone cause the TV’s on”) y los ataques de pánico (“I take the right pills every day”) que sufría Adkins en esos momentos, pero el título adquirió otro significado unos pocos meses después con los traumáticos atentados del 11-S. Por este motivo, se relanzó el disco como “Jimmy Eat World” y la canción pasó a presentarse como “Salt Sweat Sugar” (por una de las estrofas) en algunas emisoras de radio.

“A Praise Chorus”
“A Praise Chorus” fue uno de los cuatro sencillos del disco. Colabora su amigo Davey von Bohlen (Cap’n Jazz, The Promise Ring) en un puente memorable a dos voces convertido en un homenaje a otras grandes canciones. Así, mientras Jim canta las estrofas principales, Davey responde con frases sacadas de otras canciones de Madness, Bad Company, They Might be Giants, Mötley Crüe y The Promise Ring. Un “collage” maravilloso.

“The Middle”
“The Middle” es el gran éxito comercial del cuarteto de Arizona. En el videoclip que acompañó el lanzamiento de este sencillo vemos a la banda tocando en una fiesta abarrotada de adolescentes en ropa interior. “Todo irá bien al final”, repiten en el estribillo, un pequeño himno para los jóvenes que, como el protagonista, sienten que no encajan. Tres minutos perfectos.

“Your House”
“Bleed American” es un disco variado en el que también encontramos piezas semiacústicas como la efectiva “Your House”, una de las piezas más introspectivas del disco. Una declaración de amor cargada de inseguridad adolescente finiquitada con la frase “If you love me at all…” repitiéndose más de veinte veces en un larguísimo “fade out” que suena a pensamiento circular.

“Sweetness”
“If you’re listening… Sing it back”. Con esta invitación a cantar a pleno pulmón empieza uno de los cuatro sencillos de la banda, una canción que la banda llevaba años rodando en directo y que descartaron incluir en “Clarity” precisamente por ser demasiado enérgica. Una canción ideal para los conciertos por su fuerza, sus constantes parones y acelerones y, sobre todo, esos “whoa oh oh oh oh” tan coreables.

“Hear You Me”
La sentida “Hear You Me” rinde homenaje a Mykel y Carli Allan, las hermanas de veintinueve y treinta y un años que sufrieron un accidente mortal cuando se dirigían con su coche a un concierto de sus amados Weezer, quienes escribieron en su honor “Mykel and Carli” (1997). Durante años habían ayudado a muchas bandas, organizando y asistiendo a conciertos DIY, y los chicos de Jimmy Eat World quisieron agradecérselo con esta balada (“You gave us some place to go / I never said thank you for that / I thought I might get one more chance”).

“If You Don’t, Don’t”
Una de las piezas más bonitas del disco es, sin lugar a dudas, “If You Don’t, Don’t”; es un hombro en el que encontrar consuelo cuando las cosas no salen como esperas (“at the least could we be friends?”) y también una confesión (“I’m sorry that I’m such a mess”). La voz de Jim Adkins te abraza en esta canción de power pop para seguidores de Nada Surf y Teenage Fanclub con la ayuda de Rachel Haden (That Dog.) y Ariel Rechtshaid (The Hippos).

“Get It Faster”
La banda se pasa al lado oscuro en “Get It Faster”, una canción en la que estos cuatro chavales con aspecto de no haber roto nunca un plato muestran los colmillos (“don’t want a thing from you”) porque están hartos de trampas y mentiras (“but I’m finding out cheating gets it faster”). Se acabó ser los pardillos del videoclip “Lucky Denver Mint”, ya está bien, parecen decirnos en esta canción remachada con guitarras metaleras. La rabia asoma.

“Cautioners”
Tras la publicación del recopilatorio “Singles”, el cuarteto sacó un split de seis cortes en total con los australianos Jebediah. Los de Arizona aportaron lo que parecían tres descartes grabados a toda prisa del “Clarity”: la balada “The Most Beautiful Things”, la guitarrera “No Sensitivity” y “Cautioners”. La última, un medio tiempo con texturas electrónicas y estribillo épico, con todo, tenía potencial. La regrabaron para incluirla en “Bleed American” y el cambio es espectacular. Uno de los momentos más experimentales del disco.

“The Authority Song”
Ya he mencionado antes a Rachel Haden, bajista de That Dog. Ella hace coros en seis canciones del “Bleed American”, pero su participación es especialmente destacada en “The Authority Song” aunque sea repitiendo “Do I?” una y otra vez. Imposible imaginar esta canción sin sus réplicas constantes. La también bajista de The Rentals se fue de gira para presentar este disco como corista y teclista.

“My Sundown”
El final del viaje llega con la pausa y la delicadeza de “My Sundown”, la pieza más larga del disco con diferencia. Sus casi seis minutos parecen pocos, eso sí, si los comparamos con los dieciséis de su despedida más célebre hasta la fecha, “Goodbye Sky Harbor”. Una canción menor dentro de su ya vastísimo repertorio, pero que cumple con su función en este disco. Su puesta de sol.

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