Hace un rato me he sorprendido diciéndole a mi tocayo y compañero de oficina “No sé, Luis, pero últimamente todo me suena igual”.

 

 

 

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Especiales

A toda pastilla

02-03-2011

Llevo toda la mañana escuchando novedades: Young Legionnaire, Heidi Spencer And The Rare Birds, Alessi’s Ark, Thousands, All Tiny Creatures, James Walbourne,… Y hace un rato me he sorprendido diciéndole a mi tocayo y compañero de oficina “No sé, Luis, pero últimamente todo me suena igual”.

 

Hace tiempo que me rondaba la cabeza escribir un post a propósito del fenómeno James Blake. En realidad ya lo hice unos meses ha cuando reconocí no entender el por qué de todo el revuelo que se estaba generando alrededor de los Eps previos. Mi opinión sobre Blake es bastante similar a la que Celestí Oliver ha dejado por escrito para esta revista, así que no me extiendo más sobre ella. Pero el otro día leyendo un artículo a propósito del nuevo niño mimado de la crítica mundial me di cuenta de un factor a tener muy en cuenta a la hora de enjuiciar nuevos valores: hablando de sus referentes, el “veintipocoañero” Blake citaba a Feist y Laura Marling. Respeto a la primera y me parece realmente bonito el disco de la británica, pero nunca se me ocurriría señalarlas como referencia de nada. La Historia de la música ha estado repleto de cantautoras más o menos sofisticadas que han dejado huella, de Joni Mitchell a Jude Sill, o echando la vista sólo un poco más atrás PJ Harvey, Shanon Wright, Julie Doiron,…

 

Y estaba en estas cuando de repente me di cuenta que finalmente estaba ahí, no podía ignorarlo: estoy en el otro lado del salto generacional. Y comprendí que James Blake no se ha convertido un fenómeno musical tanto por ofrecer algo realmente novedoso como por parecérselo a sus no menos jóvenes aficionados. Y qué está bien que así sea, qué coño.

 

De alguna forma debe estar relacionado con todo esto una cosa que leo en el blog La Increíble Verdad Redux, del crítico Iván Conte, y en el que cita una entrevista a Demdike Stare donde afirman “No nos permitimos quedarnos demasiado tiempo o ir muy lejos en algo”. En la carretera a los coches les limitan la velocidad de circulación mientras que en la música todo va cada vez más rápido... Y creo que hay una consecuencia muy dañina: sin sonidos preminentes ya podemos olvidarnos de rebelarnos contra nada. Los grandes movimientos musicales, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva, son definitivamente cosa del pasado.

 

 

 

 

 

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