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Buena parte de la mitología del rock se ha cimentado alrededor del culto a la muerte, desde el famoso “club de los 27” hasta leyendas fundacionales como la famosa transacción de Robert Johnson con el diablo. Es de suponer que buena parte de culpa lo tienen los excesos asociados a la vida de “feriante” en la que inevitablemente termina convirtiéndose el día a día del músico, aunque también es evidente que la música popular tiene cierta tendencia a asomarse al lado oscuro: a nadie puede sorprender, la muerte es junto al amor el gran tema que ha ocupado al hombre desde que es hombre. Sin embargo en su ensayo “El asesinato de la música” Rafael Palacios “Rafapal” va más allá y presenta la Historia del pop como una conspiración global en la que en la que las muertes de los Morrison, Brian Jones, Lennon, Vicious y compañía están interconectadas como parte de un plan maestro.

Como divertimento desde luego que la cosa tiene su gracia. Palacios, fogueado durante años en TeleMadrid, Cadena Ser, RNE y -posiblemente el medio que mejor defina la razón de ser de este libro- la revista Muy Interesante, hace un buen trabajo trazando una línea que despega en el avión junto a Buddy Holy y termina en nuestros días conectando a Miley Cyrus, Kanye West y Madonna con los Illuminati. Se nota que se siente mucho más cómodo en el terreno de los clásicos que atendiendo a nombres más oscuros: Ian Curtis, Jeff Buckley o Elliott Smith –por decir algunos- no tienen cabida aquí, e incluso a Cobain se le despeja con un par de tópicos sobre las lagunas que rodean su muerte. Los treinta últimos años de música popular son despachados con unos brochazos, en comparación con el espacio dedicado a los treinta precedentes.

En el prólogo que firma otro periodista, Sardi, se arremete contra los molinos de viento de siempre (el indie, la anglofilia y las nuevas generaciones) a la vez que se pone en valor el trabajo de investigación que Palacios ha llevado a cabo para completar este libro, un trabajo que supuestamente tumbaría las versiones oficiales por las cuales Hendrix murió ahogado por su propio vómito y Brian Jones habría sufrido un ataque de asma mientras nadaba en la piscina de su casa. En realidad a Palacios hay que reconocerle el mérito a la hora de interconectar datos biográficos, letras de canciones y rumorologías varias para llegar, eso sí, a conclusiones caprichosas y construir un gran relato de ficción  en el que los judíos ponen y quitan números uno a su antojo, Malcom McLaren asesinó a Vicious, los Rolling Stones hicieron otro tanto con Jones para luego contarlo (cantarlo) en “Midnight Rambler”, y las grandes cantantes de la Historia del pop, el rock y el soul en realidad tenían en el lenocinio su principal actividad profesional (cierto es que el negocio de la música tiene enormes dosis de “prostitución”, sobre todo de un tiempo a esta parte. Pero hablamos de otra cosa, me temo…). Todo esto en un contexto de conspiranoia global relacionada con la CIA, el FBI y el MK Ultra, un programa secreto de la CIA que buscaría hacerse con el control mental de los grandes líderes de opinión, y condimentado con unas cuantas pastillitas de Captagon (por si no era suficiente con la que está cayendo estos días…).

En el fondo no está tan lejos de “Paul está muerto”, el reciente libro de Héctor Sánchez que compila mitos ficticios relacionados con las grandes estrellas del pop. En el caso del libro de Sánchez queda claro que todo se trata de una gran broma. Pero me preocupa pensar que alguien pueda pensar que “El asesinato de la música” no lo es en la misma medida…

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