Viejo conocido la escena alternativa de Buenos Aires, Maxi Prietto canta en la exitosa banda de rock Los Espíritus y Viaja al Cosmos Con Mariano en su proyecto indie más personal. En el mundo del underground conoció hace años a Poli (cantante de la banda hermana Sr. Tomate), y juntos han unido inquietudes para acercarse a uno de los géneros latinoamericanos por excelencia, el bolero. Entre los dos interpretan las canciones que, hace unos meses, vieron la luz dentro de un álbum desgarrador, “Boleros y canciones” (Alto Valle, 18), que despieza la tradición.

¿Cómo te surgió el interés por el bolero? 

El bolero es un género muy popular, pero la verdad es que hasta unos seis o siete años no le había prácticamente prestado atención. Fue durante un viaje a México cuando realmente lo descubrí. En una cantina se armó una especie de guitarreada y trasnoche, y ahí oí como unos treinta boleros seguidos y me fasciné. Yo tenía algunos discos de Agustín Lara, pero ahí lo empecé a escuchar más. Compré otros discos de Los Panchos y comencé a meterme un poco en el mundo, porque me voló la cabeza. A partir de ahí empecé a tocarlos y convertirlos en temas. Hice un disco que se llama “La última noche”, donde cada día grababa un tema y lo sacaba. Así lo hice cada noche durante veintitrés días seguidos. Luego tuve un grupo con el que tocaba boleros en bares. Lo hicimos un verano y ahí quedó eso. Pero después me agarraron ganas de hacer un disco más serio o mejor producido, y decidimos armarlo con Poli a dúo. Organizamos un ensayo, se sumaron muchos amigos nuestros y se empezó a armar una pequeña orquesta. Al final, el último que se sumó fue Charly Pacini con las cuerdas (él toca la viola, el violín y el cello), que son las cuerdas de la Orquesta de Tango Fernández Fierro, y así se completó todo un combo de músicos del cuarteto, músicos de Los Espíritus, etcétera. Empezamos a tocar algunos temas que teníamos medio ensayados y el resto fluyeron allá.

“A mí me gusta la música y detesto quedarme quieto en un lugar donde empiezo a sentir que me estoy imitando a mí mismo”.

Cuentas que “Historia de un amor” la escuchabas cantar a tu abuela. Es decir, creciste con algunos de estos temas.
Esas canciones todas todas tienen una vida. “Historia de una amor” es una, y después hay otras que también las elegí por motivos personales, porque tienen que ver con la família o porque me remiten a algunas personas. Cada tema tiene su historia, y a mí me atrapan por motivos distintos, lo cual les agrega un peso a la hora de interpretarlas. Cuando todo eso lo tocamos en los ensayos, el momento que se creó fue muy especial. Además me hizo probar cosas nuevas. No hay batería, tocamos a un volumen muy bajito. No estoy acostumbrado a hacer música a este volumen y es muy placentero, pasan muchas cosas. Se escucha mucho la voz. Cada elemento de lo que arma el sonido en conjunto tiene su propio lugar, nada compite con nada, y se arma una atmósfera que me encanta. También me encanta cuando tocamos rock, pero esto no tiene nada que ver.

¿Cómo llegaste a entrar de verdad en el género?
Yo creo que entender un género, y esto me lo dijo un amigo mío y creo que es muy acertado, es en realidad encontrarle la belleza. Quizá un tipo al que le gusta escuchar heavy metal, o cualquier otra cosa, tiene la capacidad de disfrutar de algo que tal vez tu no puedas disfrutar. Lo mismo pasa con el bolero. Cuando uno ama mucho un género, en realidad está encontrando todo su bien. Para mí, entiendes un género cuando aprendes a amarlo, y desde ese punto de vista se puede decir que entendimos el bolero. Pensamos que nosotros también podíamos tener un lugar ahí dentro, y hacer nuestras versiones con nuestros recursos, que son limitados porque todos los boleristas tienen trayectorias enormes. Cuando ves un género por encima parece sencillo, pero si te acercas de verdad descubres sus matices, cómo de distinto se toca, la forma en que se canta y la manera en que se arman los coros. Es muy sofisticado. Tuvimos la suerte enorme de que en algunos temas se sumó Andrés Calamaro y resolvió muy bien todo el tema de los coros y las voces.

Tu haces rock con Los Espíritus y tocas indie en Prietto Viaja al Cosmos con Mariano. Ahora haces un disco de boleros. Podría sorprender la mezcla de estilos.
Hay que sorprenderse a uno mismo, porque en realidad todos los proyectos consisten en hacer música y hacer canciones. La composición de una canción permite infinitas posibilidades. Por ejemplo, hay tangos de los que después se hizo la versión bolero. A mí me gusta la música y detesto quedarme quieto en un lugar donde empiezo a sentir que me estoy imitando a mí mismo. Prefiero abandonar la comodidad y moverme, y haciendo esto he aprendido que aunque hagas algo con lo que en un principio parece que no tienes nada que ver, siempre queda tu sello, una parte de lo que tú tienes dentro para dar. Tu personalidad no la decides tú, sino que es la que es. Hagas lo que hagas siempre va a quedar una parte de ti, ya sea cantar, cocinar… Estuvo bueno resolver ese problema de encontrarme con sonidos, canciones y palabras que no las escribí yo. Pero recién me puedo animar a hacer estas cosas, porque hasta que llego allí me tiene que gustar mucho un género.

En algún lugar leí que se referían a este disco como la versión indie argentina de “Romance”, el primer disco de boleros mexicanos de Luis Miguel. Ahora su obra volvió a reflotar con la serie que hizo Netflix. ¿Escuchasteis el disco?
Cuando yo era pequeño ese disco estaba muy de moda, pero yo me pasaba el día escuchando Led Zeppelin. La verdad es que para mí no había forma de que yo le prestara atención a esa música. De todas formas, el bolero que a mí me gusta no tiene que ver con la producción pop, sino con el su forma más tradicional. Lo que hizo Luis Miguel fue una adaptación moderna a finales de los ochenta de ese género, con batería, con elementos eléctricos. Es otro tipo de sonido, mucho más pop. El nuestro trata de agarrar más la parte no cuidada del bolero, la parte desprolija, la interpretación trasnochada.

Sin duda, el bolero en Argentina no es un género que escuchen los más jóvenes…
Es más de otra generación, propio de gente más mayor. Por eso algún bolero me recuerda a los abuelos. No conozco gente joven que escuche boleros, nunca vi a nadie tocar un bolero. Pero al mismo tiempo sí que se conocen porque es música que suena en la radio. Es posible que lo más famoso sean las versiones pop de Luis Miguel, antes que Los Panchos. Puede que sonaran durante una época en la radio, y al cabo de unos años ya no los volvieron a pasar más.

El disco lo interpretáis a dúo con Poli. ¿Cómo fue vuestro encuentro para impulsar el proyecto?
Con Poli nos conocemos desde hace un montón, porque tocábamos en la misma escena, ella en Sr. Tomate y yo en Prietto Viaja al Cosmos con Mariano. Lo primero que hicimos juntos fue un disco en 2009 llamado “Elesplit”, donde tocaban su banda, la mía y Shaman y donde todo estaba intercalado, era un conjunto entre los tres grupos. Por aquellas fechas ella me había comentado que quería hacer un disco de boleros y yo en ese momento la verdad es que no lo entendí bien. Al cabo de un tiempo me preguntaron en una entrevista qué tal estaba Poli, y cómo era cuando nos juntábamos a tomar mate. Y pensé “hace un montón que no la veo”. Entonces le propuse hacer unas canciones juntos y terminamos haciendo un disco.

En el disco mezcláis clásicos del género (“Historia de un amor”, “Perfidia”) con composiciones propias de Poli (“Témpanos lejanos”, “Cigarrillos”). ¿Cómo se da el contraste entre la tradición y sus nuevas creaciones?
En un ensayo Poli comentó que tenía una canción, un bolero que había hecho hacía un montón y quedó allí en la nada. Nunca lo pudo tocar porque nunca estuvo en un grupo de boleros. Entonces nos mostró “Témpanos lejanos” y me pareció una canción increíble inmediatamente. La empezamos a tocar y al momento dijimos “esto es un clásico”. ¡De verdad parecía un bolero clásico! Así que empezamos a armar la versión y después Charly Pacini le agregó los arreglos. Al final, para mí es la canción principal del disco, porque es su único bolero original. Lo demás son todo versiones, menos “Cigarrillos”, que también es de Poli, pero eso es una canción, no un bolero. Por eso al álbum le pusimos “Boleros y canciones”. Pero creo que el mayor logro del disco es “Témpanos lejanos”, porque es un pequeño grano de arena que le sumamos a la historia del bolero.

“Andrés Calamaro es uno de esos artistas que hacen actuales las canciones por años que tengan”.

Charly Pacini armó los arreglos del disco. ¿Cómo os planteasteis vestir las canciones?
Él se encargó de los arreglos de cuerdas, y el conjunto lo armamos entre todos. Cada uno tocó a placer suyo pero siempre con la conciencia de respetar el espacio de los demás, sin que estuviera todo muy pautado.

Charly viene del mundo del tango, y puede que algo de ese sabor quede en el álbum.
Yo siento que sí. Me parece que es un disco de boleros pero a la vez es bien porteño. Nos salió muy arrabalero, lo que me parece que tiene que ver estrictamente con la inclusión de las cuerdas de la Fernández Fierro. La presencia tanguera está ahí, en las cuerdas, dándole una melancolía a las canciones que parece que es algo que no podemos sacarnos de encima acá. Parece que le ponemos melancolía a todo lo que hacemos, cuando de hecho lo que más nos gusta del bolero es todo lo contrario: las maracas, el sabor… Así salió.

El gran tema del bolero es el amor, uno muy sentido, muy romántico y muy pasional. ¿Qué os pareció hacer un disco así de intenso?
Me encantó. Parece que la primera impresión que tienen las letras de amor es que son algo muy cursi, muy simple, pero ahí hay una profundidad. Este tipo de amor es como una especie de estereotipo, es lo que hace que sea un bolero y no sea otro tipo de canción. Forma parte del mismo estilo. El amor en el bolero siempre se expresa bien desde el despecho o desde la alegría y el agradecimiento de haber vivido un amor que ya pasó. Es un compromiso al cien por cien.

Andrés Calamaro comparte voz contigo en “Guitarras lloren guitarras” y se encarga de algunos coros.
Él es uno de esos artistas que hacen actuales las canciones por años que tengan.
Un día estábamos hablando de música y conté que estábamos haciendo este disco de boleros porque me daba cuenta de que a los dos nos encantaban Vicente Valdés, la Sonora Matancera, Agustín Lara, Los Panchos… Teníamos un montón de músicas en común. Lo que le mostré le fascinó, así que lo invité a participar y ni se lo pensó. Me invitó a su casa y allí grabamos. Escuchó los temas y decidió meter voces aquí y allá, organizar los coros, cantar en “Guitarras lloren guitarras”. La verdad, fue una clase magistral de lo que pueden hacer unos coros bien puestos, como pudieron levantar una canción con la que nosotros ya estábamos muy contentos. De pronto, “Perfidia” y “Si no te vas”, con las que ya estábamos muy satisfechos, subieron un montón. Mejoró lo inmejorable.

¿Qué sensación te produce escuchar el disco terminado?
Quedamos tan contentos que ya quiero hacer el volumen 2. Estamos armando la lista de temas.