Tres años después de protagonizar una vitoreada reunión, David Gedge retoma el sonido más frenético de The Wedding Present. Lo consigue en “El Rey” (Vibrant/Junk), un nuevo disco que ningún aficionado debería dejar pasar.

1987 fue un año agridulce para los amantes del pop. Tan sólo dos meses después de que The Smiths anunciaran su disolución, The Wedding present se estrenaban con un álbum que recogía el legado de cinismo lírico de Morrissey, pero aceleraba las guitarras de Johnny Marr. “George Best” es ya un clásico indiscutible, pero su autor, David Gedge, no parecía sentirse del todo cómodo cuando el año pasado recuperó sus canciones en la gira conmemorativa del vigésimo aniversario del disco.

“Al principio, me resistía a la idea de tocar en directo ‘George Best’, aunque finalmente acabé disfrutando de aquella gira”

“Sí, tienes razón. Al principio, me resistía a la idea de tocar en directo ‘George Best’, aunque finalmente acabé disfrutando de aquella gira. Es el disco que menos me gusta de The Wedding Present. Como sucede con cualquier artista, creo que con el tiempo mejoras tus habilidades como músico o las técnicas que empleas en la grabación. No soy de los que se pasan el tiempo mirando atrás echando de menos cosas. Prefiero mirar al futuro. Es muy extraño, y algo surrealista, que tu mente retroceda veinte años en el tiempo y durante el tiempo que tocas te olvides del presente”.
Eso sí, después de tantas noches rompiendo las cuerdas de la guitarra sobre los escenarios, a Gedge le han vuelto las ganas de rasguear su instrumento a la velocidad de la luz como antaño. El furioso y rudo sonido de las canciones contenidas en su nuevo disco, “El Rey”, es casi la antítesis del orquestal y excelso “Take Fountain”. “Coincido contigo en que aquel disco sonaba tanto a Cinerama (la banda que formó Gedge durante el periodo de inactividad de su banda madre) como a The Wedding Present. Para ‘El Rey’, que en realidad refleja el sonido de cuatro personas tocando juntas en una habitación, no sentí la necesidad de incluir arreglos, teclados u orquestaciones. Sí, en cierto sentido podríamos decir que ‘El Rey’ es el primer disco de The Wedding Present propiamente dicho en doce años”.
El afable Gedge se ríe a carcajadas cuando le comento que, con esa fama que se ha ganado con los años de control freak, no me creo que la producción del afamado Steve Albini haya cambiado radicalmente el diseño de las nuevas canciones. Con tan sólo arañar un poco la áspera superficie de temas como “Spider-man On Hollywood”, salen a la luz esas implacables melodías marca de la casa. “La gente me pregunta qué añade exactamente Steve Albini al disco, y yo sólo puedo responder que es bueno en su trabajo, sabe como grabar. A veces se me acusa de incluir demasiadas melodías en las canciones, pero es que pienso que están infravaloradas hoy día. Creo que se debería prestar más atención a las melodías y a las letras, que al fin y al cabo es de lo que se trata el pop”.
Puede que “El Rey” no haya despertado el consenso unánime de la crítica, o que no todas las canciones brillen al nivel de la fantástica “Santa Ana Winds”, pero Gedge sigue rompiéndonos el corazón con otra ración de letras que narran fracasos y relaciones rotas. Tras “Take Fountain”, que Gedge define como “mi único disco estrictamente autobiográfico junto a ‘George Best’”, el inglés vuelve a hacer suyas conversaciones escuchadas en bares y cines, y leídas en libros y cómics, que llegan al hueso a pesar de su concisa estructura. “No estoy muy interesado en la imaginería poética, ni en las metáforas. Le encuentro más sentido a hablar sobre grandes asuntos de una manera muy simple. Normalmente compongo una canción pensando sólo en su principio y final, y luego trato de pensar cómo encajar las ideas y conversaciones que absorbo como una esponja. Es un proceso complejo en ocasiones, casi de investigación”.
Cuando llegue el día en que la Wikipedia de turno hable de The Wedding Present en pasado, ¿cómo le gustaría ser recordado, como frenético guitarrista o como letrista? A Gedge no le hace falta pensárselo mucho. “Creo que como compositor de canciones. No me considero un gran músico, ni tampoco soy un cantante brillante, así que centro todos mis esfuerzos en la composición”. ¿Y qué siente un artesano del pop cuando se le encarga adaptar material ajeno, precisamente de otro genio de las melodías como Robert Smith? “Digamos que no soy el mayor fan de The Cure, aunque me gusta el primer disco, ‘Three Imaginary Boys’. Cuando nos ofrecieron participar en ‘Just Like Heaven: A Tribute To The Cure’, queríamos hacer una versión de sus primeras canciones, pero ya estaban cogidas por otros grupos. Nuestro batería sugirió que probáramos con ‘High’, una de las canciones de ‘Wish’. Fue una buena idea. Si haces una canción que te gusta tiendes a afrontarla con recelo para no destrozarla. No fue el caso. No me gusta la canción y pienso que la letra es algo estúpida, así que pensé que lo mejor era reinventarla, convirtiéndola en una canción nuestra. Es probablemente bastante mejor que la original (risas).