¿HIT O CANCIÓN?
Entrevistas / La Habitación Roja

¿HIT O CANCIÓN?

Redacción — hace 19 años
Fotógrafo — Archivo

DESDE LA PRUDENCIA Y LA ESPERANZA PODREMOS INTENTAR HACER JUSTICIA A LA HABITACIÓN ROJA. TAMPOCO PASA NADA PORQUE “RADIO” (GRABACIONES EN EL MAR/ASTRO, 01), SU NUEVO DISCO, NO SEA EL MEJOR ÁLBUM DEL POP NACIONAL DEL MOMENTO. NO POR ELLO VAMOS A DEJAR DE RECONOCER LA EVOLUCIÓN -ESTA VEZ SÍ- DE UN GRUPO QUE, AL CONTRARIO DE MUCHOS OTROS, PARECE CAPAZ DE EJERCITAR LA INTROSPECCIÓN Y PREVENIR LA AUTOINDULGENCIA. AL MENOS ELLOS SIGUEN SU CAMINO CON LA FIRME INTENCIÓN DE ENCONTRARSE. QUE NO ES POCO.

Acomodado en la umbría rinconera de un café madrileño, Jorge, voz y guitarra del grupo valenciano, cede el testigo de la declaración a Pau, compañero de tañidos y armonías vocales. Estos son los resultados: “Hemos ahondado en las virtudes y hemos corregido los defectos”. El taciturno y rubio guitarrista, resume así, con esa desarmante sencillez y concreción, el listado de mejoras conseguidas en “Radio”, tercer trabajo de larga duración del quinteto. Antes, de camino al garito, Jorge ya quería saber si me había gustado el disco. Tras nuestro encuentro, rendidos a un parloteo sin eco promocional, llamó José (batería), y preguntó si el disco me había gustado. La semana previa a la entrevista, Roberto, su contacto en Madrid, apelaba a mis sensaciones sobre el disco. Que si me gustaba y todo eso. Pues sí. Me gusta. Me gusta que los de L´Eliana empiecen a preocuparse por sonar a La Habitación Roja. Algunos pensarán que me conformo con poco, pero no creo que sea así. Y no soy el único. “En el pasado hemos cometido muchos errores… querer ser… querer hacer cosas… querer tocar un poco todos los palos… en ocasiones anteriores hemos pecado de jugar a ser otro grupo. Ahora hemos intentado dejar de lado los tics para buscar algo más propio. Creo que este disco es mucho más honesto y sincero. Y también por eso creo que estamos en un punto de madurez que nos hace estar preparados para mantener nuestra opinión digan lo que digan del disco. Este era el disco que queríamos hacer por encima de la compañía, de los críticos e incluso de los fans”, asegura Jorge, aunque el corolario, concreto y suficiente, es cortesía, nuevamente de Pau. “Yo creo que el salto más importante es que suena a nosotros. Ahora es más difícil sacar las comparaciones, porque suena a La Habitación Roja y eso es muy importante para un grupo. Creo que sin eso un grupo no tiene sentido”. Depende, digo yo.

“A todos los grupos nos falta un cero. Creo que si vendiéramos un cero más empezaríamos a respetarnos un poco más”

“Popanrol” (Grabaciones en el mar, 96) rendía excesiva pleitesía, en su bisoñez, al mejor pop de guitarras de aquí y de allá, pero contenía alguna buena canción. “Largometraje” (Grabaciones en el mar, 99) terminó siendo un cajón de sastre en el que confluían ruido interestelar y melodías de claro ascendente británico, pero ¿Acaso “Largometraje”, “Eurovisión” o “Crónico” no eran grandes canciones?. Claro que sí. Y “La Habitación Roja” (Grabaciones en el mar, 98) merecía la pena sólo por monumentos como “Mi habitación”, una de las mejores composiciones de nuestro pop independiente en la pasada década. Al final, cuando se habla de pop, lo que queda son, precisamente, las canciones. Y “Radio” tiene algunas realmente buenas en sí mismas. Pero, aunque pueda parecerlo, no sólo de pop viven los miembros del grupo. “Yo he dicho ya muchas veces que el grupo español que más he oído es Barón Rojo. Y uno de mis grupos favoritos son Hanoi Rocks, que en el fondo son un grupo pop. Siempre nos han gustado los Ramones, que en Valencia son una institución, y New York Dolls y nunca hemos renegado de ello” se sincera Pau, sin temor. “Yo hace poco estuve viendo el concierto de Neurosis, ya ves, un grupo de death metal (¡) , pero también flipo con La Buena Vida y precisamente esa es una de las cosas que me gusta del grupo: que somos abiertos y que nos gusta sobre todo la música”, continúa Jorge. “Bueno y hace poco flipamos en el concierto de Fermín Muguruza. Para mí, de lo mejor español que he visto… bueno, español… europeo quería decir”, remata Pau, indignado con lo que el denomina “reivindicaciones tardías que ponen muy nervioso. Ahora a todo el mundo le mola Serge Gaingsbourg y Burt Bacharach, cuando ni siquiera saben pronunciar los nombres. Ahora a todo el mundo le gusta Jeff Buckley. ¿ A ti te gustan Panzer?… ¡coño pues dilo, tío, dilo!”. Pues no precisamente. Lo que me gusta es poder comprobar cómo han sido capaces de dotar a sus nuevas canciones de la suficiente entidad prescindiendo del manierismo que afectaba a su precedente. Parte importante de culpa en esta mejora se la lleva la producción -cortesía del pujante Pablo Iglesias, que últimamente ha apuntado en su agenda a bandas tan dispares como Romodance o Kannon- más ajustada, más escueta y también, ¿por qué no?, más rock. “Desde nuestros primeras maquetas nos habíamos autoproducido -asevera Pau- y el hecho de tener un productor ayuda porque no pierdes el punto de referencia. Un productor puede ver los fallos mejor que tú y decirte ´oye ¿dónde vas? Con Pablo ha habido buen entendimiento porque es una persona que técnicamente sabe lo que se hace. Mezcla muy bien y ha hecho un poco lo que quería, a pesar de que no es alguien que imponga las cosas. Él sugiere y luego discute con el grupo para llegar a acuerdos. Además ha dotado a las guitarras de una robustez que nos gusta mucho”. Cierto. Y además hay menos exuberancia, los arreglos se han visto convenientemente rebajados y en algunos casos (por ejemplo, “Canción de amor definitiva”) la arquitectura de éstas roza lo minimal. Jorge lo corrobora: “Hemos intentado ir más al grano. Creo que ahondamos en lo que habíamos hecho en el anterior pero hemos quitado paja que no nos servía. No queríamos hacer un disco tecnológico, con demasiados arreglos. En este disco hay menos ruido que en el anterior, porque estamos algo saturados de eso. No veíamos que le pegara ese rollo a las canciones. Vemos que son canciones muy de carne y hueso, muy de tocarlas tal cual. El grupo está ahora en una dinámica muy de directo, muy rock”, pero Pau, de nuevo, acota significados: “En realidad eso es producto de la selección de temas, porque las caras B serán más densas, más marcianas, porque en ´Largometraje´ las canciones del final eran las que más nos gustaban, pero el público no llegaba a ellas porque tenía una hora por delante”. El caso es que “Radio” no deslumbra, pero contemplado como nuevo paso en el devenir de un grupo joven, formado por personas muy jóvenes, se antoja una maniobra acertada que comienza a mirarse en los clásicos (“Hay un cierto primitivismo y una búsqueda de las bases” -dice Jorge-) y que deja entrever un estadio de consciencia, digamos, distinto (“Nosotros pensamos más en el día a día, en los conciertos que vamos a hacer, en que vamos a actuar en el FIB este verano… yo veo el irnos a mil kilómetros de casa a tocar y que vayan a vernos doscientas personas como un pequeño milagro. Con eso es con lo que nos quedamos, porque nuestros planes son a corto plazo. Para mí ya están pasando cosas; vender algunos miles de discos, que la gente vaya a nuestros conciertos… no pensamos en rebotes del destino ni nada por el estilo” -asegura Pau-) que nos hace volver a la cuestión de origen. “No hay que renegar del pasado. Si has hecho algo mal, ya no tiene remedio. Y si después de unos meses hay cosas del disco que nos empiezan a patinar, pues lo cambiaremos y ya está. Pero creo que éste es un disco que a la gente que nos sigue le va a gustar más que el anterior”. Pero también asoman otras cuestiones. Algunas de orden crematístico: “A todos los grupos nos falta un cero. Vender un cero más. Creo que si vendiéramos un cero más empezaríamos a respetarnos un poco más. Ese es el fondo de todos los males, porque es un círculo vicioso y porque ninguno de los grupos con los que sentimos afinidad -citaron a Nosoträsh, a Cecilia Ann, a La Buena Vida, a Los Planetas- lo ha conseguido. Tal vez ha sido así porque ninguno estaba preparado para ello” (Pau y Jorge al alimón) y otras de orden, ejem, ejem, periodístico. “En la crítica musical española se ha pasado de un amateurismo ilusionante a un semiprofesionalismo exasperante. Hay demasiada prensa y ahor

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