Andrés Calamaro vuelve a estar en forma, tras el éxito rotundo de «Alta Suciedad» ahora ataca con un trabajo doble, «Honestidad Brutal», en el que desgrana un montón de canciones que recogen todas sus vicios y virtudes, gustos y pasiones… hasta hay un lugar para dedicarle una canción al monstruo del balompié: «Pelusa» Maradona. Por tanto, decidimos que nada mejor sobre lo que hablar con él que del mundo del fútbol.

Estamos en el principio de una minigira acústica que llevará a Calamaro por unos pocos teatros del estado español. Es la segunda actuación, en el pueblo bizkaino de Balmaseda. Andrés nos recibe al terminar el concierto en su camerino, aún sudoroso y mimando sus cuerdas vocales con infusiones. Se sorprende al descubrir que queremos hablar con él sobre fútbol, pues declara abiertamente que no es un gran aficionado a este deporte por mucho que se pueda pensar lo contrario. «Tengo amistad personal con varios futbolistas, sobre todo con Fernando Redondo, y puede que eso haya potenciado mi imagen como la de un apasionado al fútbol». De todos modos, Calamaro no rechaza el diálogo, puesto que dice estar perfectamente capacitado para mantener una conversación sobre ese deporte que tiene encandilada a la práctica totalidad de la población de España. No en vano es comprador asiduo del diario deportivo As. «Toda pasión que necesita alimentarse de un enorme colectivo me resulta sospechosa y debería hablarse muchísimo menos de fútbol y jugarlo más o acudir al estadio. Desde luego el fútbol es el opio del pueblo, y se habla muchísimo más de él que de política o música». Tras esta declaración de principios en la que se muestra hastiado de la monopolización futbolística comenzamos a indagar sobre los primeros contactos de Andrés con el mundo del deporte rey allí en su país natal. «Comencé a seguir el fútbol en Argentina a través del Independiente del barrio Avellaneda de Buenos Aires, allí el padre de un amigo nos llevaba a la cancha todos los domingos. Se trataba de un físico que acabó convirtiéndose en uno de los desaparecidos de la dictadura. Era una época gloriosa para el Independiente, que llegó a ganar cuatro Copas Libertadores, y su gran estrella era un número diez llamado Bochini, que sería fuente de inspiración incluso para Maradona». Hoy día, Calamaro afirma ser uno de los mejores hinchas con los que cuenta el Independiente, aunque allí no dejan de perdonarle que, en una ocasión, se vistiese una camiseta del Boca Juniors que el propio Maradona le regaló. Al llegar a España coincidió con la «quinta del Buitre», quedando encantado con el fútbol que practicaban. Eso le aproximó al Real Madrid, aunque también declara su simpatía por el Madrid de Jorge (así es como llama familiarmente a Valdano). Por aquel entonces conocería a Raül, Alkorta, etc. Andrés también declara su gran admiración futbolística por Redondo, aunque le pesa que sea un jugador infrautilizado y que solamente se aproveche una pequeña parte de sus recursos. «Una cosa que me gusta de la afición del Real Madrid es que, aunque el equipo gane 1-0, si no juega bien, no están contentos». De todos modos, volvemos a su admiración por otros jugadores argentinos que, en algún momento, han estado en España, como Simeone o Gustavo López.

Por otro lado, resulta inevitable hablar sobre el debate ideológico y la pasión que el fútbol desata en Argentina. Andrés elude esta cuestión y dice que eso es cosa de Brasil, allí es donde con más pasión, arte y belleza se ha vivido el fútbol. «En Argentina cuantos más conflictos sociales hubo, mayor peso tomó el fútbol, formando parte de una especie de sociedad secreta subversiva. Y ahí es donde la música se hermanó con el fútbol. Por eso llegaron los pelos largos a las canchas, por eso en las gradas argentinas son constantes las alusiones a los grupos musicales, a Bob Marley, a las hojas de marihuana…». Sobre Maradona reconoce que, como dice en la canción, «es una buena persona», además de muy inteligente. Se reconoce amigo suyo, pero sabe que no es una persona fácil. De hecho, El Pelusa es «mucho más que un rockero, que un cantante, charro, bailarín…». Después ambos hablamos un rato de la admiración incontestable sobre este genio del balón, recordando sus más gloriosas e irrepetibles jugadas. Para finalizar, volvemos a incidir en la parte negativa del fútbol, la que disgusta a Calamaro: el hecho de que esté recogiendo los más bajos instintos de nuestro mundo. Además, dentro del contexto de la sociedad actual, con el final de las ideologías y abierto el camino hacia el pensamiento único, en el que la distracción juega un papel fundamental, el fútbol se convierte en un elemento disuasorio para la gente. «En un opio del pueblo que tiene un montón de contraindicaciones y efectos secundarios. El opio es una paja intelectual que adormece el pensamiento, aunque siempre hay personas dentro y fuera de la cancha que intentan transmitir una imagen menos fascista del juego. Y si alguien lo elevó a categoría de arte, está claro que fue Diego». Concluyendo, apostilla que el rock’n’roll ha sido capaz de hacer mucho más por la sociedad que el fútbol. Y así fue como terminó nuestra charla con Andrés Calamaro, que, sobre las dos de la madrugada, acudiría a su hotel para descansar tras un intenso concierto. Pese a sus reticencias iniciales, habló de fútbol, lo que aquí resumimos y mucho más.