Que nadie espere unas memorias al estilo de las de Moby. Que nadie aguarde un ejemplar ejercicio de literatura musical. Que nadie suspire por una revelación escalofriante. El libro del músico británico es como su música: efectista, llamativo, vistoso, resultón, revitalizante y hasta por momentos divertido, pero inevitablemente liviano. De corto calado. Un pelín superficial. Tampoco engaña ni ha engañado nunca a nadie: Norman Cook es tal cual. Es imposible no sentir simparía por quien fuera bajista de The Housemartins y alma mater de Beats Internacional, Freak Power y Fatboy Slim: una estrella improbable, que nunca imaginó serlo. Un héroe por accidente. Podría ser cualquiera de nosotros.
Más allá del relato autobiográfico de su vida, rebosante de honestidad y un sano sentido del humor (siempre hay algo que aprender: yo ni siquiera sabía que el término big beat proviene de sus fiestas en el Big Beat Boutique de Brighton, su ciudad), y de lo que supone como somero recorrido por el pop inglés y su cultura de club a lo largo de las últimas cuatro décadas, lo que aquí sobresale es el apartado visual: el desparrame de fotos, carteles, flyers y toda clase de memorabilia (sorprendente para un tipo que reconoce haber vivido años enteros en una nube etílica: ha tenido un buen puñado de colaboradores reuniendo material) hacen de este un libro – objeto de lo más pintón, aunque resulte más disfrutable por la forma que por el fondo.

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