Ayer, cuando al inicio del concierto unos encallecidos The B-52´s clavaban un “Planet Claire” inolvidable, punta de lanza del pop raro y una explosión de sci fi cincuentera con unos teclados y unos coros imposibles, nos las prometíamos muy felices. Pero a partir de ahí la cosa fue para abajo, apenas salvada cuando atacaron sus temas más celebrados, los que todos esperábamos. Y la verdad es que fue una pena porque seguro que lo pueden hacer mejor. Fred Schneider sigue convenciendo como frontman, y Cindy Wilson y Kate Pierson continúan en forma, la primera con sus bailes sesenteros marca de la casa, y la segunda con sus extraños movimientos y esa timbre vocal único. Hasta Keith Strickland no abusa de los excesos rockeros (apenas hubos dos momentos AOR en el concierto), pero algo falla. Quizás porque abusaron de un “Funplex” que no está a la altura de sus clásicos pasados, quizás por un público que ha descubierto al grupo norteamericano en M-80 gracias a “Love Shack” (uno de los momentos de la noche, toda hay que decirlo), quizás porque ahora solo pueden aspirar a hacernos pasar un buen rato y poco más, sin muchas exigencias… Eso si, ayer a The B-52’s nadie les quita dos momentos para el recuerdo, dos instantes que nos recordaron lo grandes que una vez fueron. Primero el ya comentado de “Planet Claire”, y segundo ese final apoteósico con “Rock Lobster”, otra muestra de ese pop mutante y psicótico que sigue siendo referencia para mil y un grupos que ahora empiezan.