Keane es una de las bandas más discutidas de la actualidad. El desmesurado éxito de aquel multimillonario “Hopes And Fears” lanzó a la estratosfera un proyecto que quizás de base no era tan magnífico como la prensa británica nos hizo creer .Y llega el momento, dos discos después, de comprobar la salud musical de aquellos chicos convertidos en estrellas de la noche a la mañana. Todo hacía sospechar que tras la gira de “Under The Iron Sea” los coqueteos de los británicos con la guitarra irían a más en su tercer disco. Con la incorporación definitiva del instrumento en cuestión, ha desparecido aquel estandarte de banda sin guitarras que tan orgullosamente defendían originariamente en escena. Totalmente convertidos así en una formación convencional, suenan más sólidos que nunca, pero también vulgares y desangelados melódicamente. Comenzaron enlazando los potenciales singles de su reciente “Perfect Symmetry”, para ir poco a poco recuperando sus hits más conocidos. Canciones como “Bend And Break” o “Everybody’s Changing” consiguieron que los asistentes entrasen en éxtasis con los primeros acordes de piano. Es innegable el esfuerzo de la banda por elaborar un show entretenido y a medida de su heterogéneo público, pero parece luchar contra una idea agotada hace ya algún tiempo. Con todo, las influencias ochenteras de su último álbum, hacen rescatables media docena de momentos puntuales en un concierto un tanto apagado.