Los chicos de La Nadadora eligieron fechas señaladas para poner fin a su aventura...
Los chicos de La Nadadora eligieron fechas señaladas para poner fin a su aventura. En mi caso leí el post definitivo, el “F-I-N” que le hacía un guiño a Le Mans el 24 de diciembre, lo que dejó un cierto gusto dickensiano a la inesperada clausura del blog.
De tratarse de una necrológica -supongo que en cierto modo lo es ¿no?- podría decirse que La Nadadora murió del mismo modo en que vivió, siendo conciente de cada una de sus decisiones a lo largo de sus tres años de vida y actuando en consecuencia. Y supongo que es precisamente es también por eso que las tres cabezas pensantes que lo hicieron funcionar durante este tiempo decidieran “suicidarlo” en vez de convertirlo en otro moribundo más de cuantos pululan por la red.
A La Nadadora tengo que agradecerle haberme puesto en la pista de unos cuantos grupos que, de no ser por ellos, habría tardado bastante más tiempo en descubrir o puede que no hubiera llegado a escuchar nunca. Pero sobre todo, si en algo valoro su pérdida, es porque esta bitácora se había convertido en uno de los últimos bastiones de una forma muy determinada de escribir sobre música, orgullosa de trasladar al terreno de las palabras el arrebato del fan. Lo de menos ha sido estar de acuerdo con sus peculiares listas de final de año, compartir o no su pasión por Los Directivos, Giorgio Bassmatti o Doble Pletina.
Supongo que lo que más duele de esta desaparición es que viene a poner otro clavo más en el ataúd que confirma la progresiva pérdida de los zines. Durante un tiempo Internet se señaló como esa panacea que de una vez por todas haría desaparecer al prescriptor profesional. La realidad en 2011 es que, al menos en lo que a nuestro país respecta, son los zines (digitales o no) los que se han convertido en especie al borde de la extinción. Y que cada vez me sobran más las listas interminables de canciones en Spotify, los blogs “recetando” las últimas novedades y haciéndose eco del festival de turno con la idea de canjear sus servicios por un pase cuando llegue el verano. Faltan, sin embargo, declaraciones de amor. Como la de La Nadadora.