Los días 6, 7 y 8 de octubre tuvo lugar en Formentera la primera edición de la experiencia comisariada por el Festival Sinsal de Galicia, SON EG Posidonia. La promesa de una propuesta diferente para conocer la isla pitiusa aunando naturaleza, gastronomía local y un cartel que se mantuvo en secreto hasta el último momento.

“Sabía que iba a hacer algo fuera de lo habitual, pero no había visto el lugar, no conocía exactamente el espacio en el que iba a tocar”. Como la artista Maria Rodés, todos los que desembarcamos en la isla de Formentera el viernes 6 de octubre, desconocíamos qué íbamos a oír, ver o sentir, los tres pilares fundamentales con los que se anunciaba la primera edición de SON Estrella Galicia Posidonia el pasado agosto. La promesa de una experiencia única y diferente, que pretende presentar la isla al huésped en su totalidad y, sobre todo, desde el respeto y la conservación del medio (el nombre nace en colaboración con la iniciativa “Save The Posidonia Project”, que lucha por preservar la vasta pradera submarina que rodea la isla).

Tres días de “experiencia” (remarcamos que no se trata de un festival al uso, pues se le quedaría justa esta clasificación) con rutas programadas a través de los parajes más destacables de Formentera, en los que caminamos hasta algún destino en el que nos esperaba un guía local para ilustrarnos sobre la vegetación o la fauna autóctonas. Tras estas breves exposiciones, tenía lugar la actuación de uno de los nueve músicos invitados, siempre sorpresa, y uno diferente por ruta asignada (la experiencia, limitada a 300 personas, se repartía en diferentes grupos por ruta).

“Lo he dejado muy a la intuición del último momento. Si lo hubiese sabido, quizás me hubiese decantado por tocar otras canciones”, confiesa Maria Rodés cuando le preguntamos cómo se prepara una actuación en unas circunstancias tan extraordinarias. “Cuando terminó de hablar la guía, cogí la guitarra y empecé a cantar “Ay pena, penita, pena” (incluida en su disco “Maria canta copla”). Me vino un poco así”. Y es que estas palabras no pueden definir mejor la atmósfera mágica y espiritual que se respira en cada rincón de la isla, entre los pinos verdes y las sabinas que remarcan el turquesa de sus aguas cristalinas.

Pero sin duda, la gran noche fue la del sábado, la que sirvió de despedida y la que puso el ritmo y la dosis de baile a la experiencia. Toda una sorpresa descubrir a La Dame Blanche, proyecto al que da vida la cubana Yaite Ramos, y que mezcla en un cóctel explosivo (y arriesgado) electrónica, flamenco, cumbia y rap. Una hora de actuación en las inmediaciones del mítico Blue Bar de Formentera, frente a la inmensa extensión del mar que se sabía al fondo. TODO el público asistente (y digo “todo” en mayúsculas) se levantó de su asiento para mover las caderas intentando cogerle el ritmo a la cubana, que alternaba los momentos musicales con un puro habano y tragos a una copa que podía ser fácilmente whisky y es que “no me fío de la gente que no bebe”, santifica La Dame Blanche. Ibibio Sound Machine, la formación capitaneada por la cantante nacida en Londres de origen nigeriano Eno Williams, lo tuvo realmente difícil, y aunque con una actuación correcta, no consiguió alcanzar el pódium al que su predecesora se había anclado con motivos más que evidentes.

La jornada del domingo sirvió a modo de despedida, y culminó tras una ruta por la vía romana de Sa Pujada, pasando por la cueva de Sa Ma Peluda hasta una cala de pescadores, donde tuvo lugar el concierto final, con los artistas que habían actuado en diferentes puntos del camino: el francés Raoul Vignal, el inglés folclórico Sam Lee y la cantante y compositora española Le Parody.

“Para mí, cuando miras al cielo estrellado y realmente piensas en la idea de que somos un planeta en un espacio vacío infinito, te saca de la burbuja en la que vives”. Esta reflexión última de Maria Rodés nos sirve para condensar la esencia de SON Estrella Galicia Posidonia, en la que la isla acaba por devorar al huésped.

Así vivimos SON EG Posidonia de la mano de Maria Rodés…