La agenda de Mateo Kingman en nuestro país empieza a estar ocupada. El ecuatoriano estará el próximo12 de mayo en los Jardines de las Vistillas de Madrid en un show gratuito promovido por el Ayuntamiento de Madrid, pero también lo podremos ver formando parte del cartel de festivales como el Pirineos Sur oscense o el Río Babel que se celebra en IFEMA a mediados de julio en Madrid. No te pierdas este artículo firmado por nuestro colaborador Yeray S Iborra para saber más de este peculiar artista andino.

¿Se puede enlatar el eco de un golpe furioso a unos árboles centenarios, el correr intempestuoso del agua de un río, el estallido de timbres de las aves al amanecer? ¿Se puede hacer y, además, mezclar la suma con electrónica, con deep house? “Respira” (AYA Records/ZZK, 16), de Mateo Kingman, demuestra que lo orgánico casa con lo sintético.

La humedad no es un problema cuando convives con ella a diario. Tampoco lo es la lluvia torrencial o el calor sofocante. Más bien pueden ser aliados. A mil metros de altura sobre el nivel del mar se encuentra Macas (Ecuador), una pequeña ciudad atravesada por el río Upano, en mitad del Amazonas. Todo el que vive allí está tocado, de un modo u otro, por la selva. Mateo Kingman no es una excepción.

Kingman creció rodeado de agua y vegetación. Todo ello se vislumbra en “Respira”. “El disco es la síntesis de experiencia de una vida sencilla en un entorno muy poderoso”, comenta el músico, de veintipocos, cuando se le pregunta por cómo es vivir en medio de la nada, aunque rodeado realmente de todo. Lo que para otros sería la perdición, la desesperación ante un entorno y un clima exagerados, para él ha sido su fuente de inspiración. “Me gusta grabar sonidos de ríos, árboles o aves”. Más allá de grabar, le gusta jugar con esos sonidos… ¿Por qué? “Son fácil de mezclar. La selva tiene sonidos cósmicos que te permiten entrar en un trance interminable”, matiza Kingman. De este interés nace la fusión amazónica que caracteriza a “Respira”, un disco ancho, donde cabe la enseñanza ancestral y la experimentación (deep house), y que, sin grandes alardes, logra lo que el uno-dos al boxeo: un golpe con amago pero definitivo. El largo, además, ha sido cultivado con esmero junto al productor Ivis Flies, en Quito, y ha contado con Guanaco o Toño Cepeda.

 

Mateo Kingman se suma a la nueva cosecha andina, recogida en documentales como “The Nu LatAm Sound”; se suma a un movimiento todavía más grande de músicos en Sudamérica que han hecho, en los últimos años, de países como Chile, Colombia o Ecuador la vanguardia de la mezcla de músicas regionales con músicas modernas. Nicolas Jaar o Chancha Vía Circuito no estaban solos en esto de revisar el folklore y darle una nueva vida. “Algunos músicos hemos sentido que nuestros ancestros pueden tener una continuidad a través de la innovación”.