El ciclo se renueva con conciertos, arte y debates

Pocas veces tiene uno la ocasión de ver nacer y crecer en tiempo real proyectos tan interesantes y apasionantes como el de Ritual Cvlt Barcelona. Después de tres ediciones con música en directo que ya apuntaban maneras pero que no dejaban de ser conciertos de bandas locales de rock y metal -muy buenas, eso sí-, esta serie de fiestas temáticas con vocación ceremonial, casi litúrgica, ha regresado, tras un pequeño paréntesis, con renovadas ambiciones.

La primera y más evidente prueba de ello la encontramos en la cita del pasado 29 de noviembre en la sala Hangar de Barcelona: un evento multidisciplinar que aglutinó arte, videoinstalación, música en directo y charla íntima entre los artistas y los cerca de un centenar de asistentes. Los protagonistas de la noche: Mark Cunningham, cofundador del grupo de lo setenta Mars, auténtico referente de la No Wave; los barceloneses Obsidian Kingdom, quienes acaban de editar un álbum de remezclas de su destacable debut “Mantiis”; y la enigmática cantante y compositora Jarboe, la dama oscura e inaccesible, la artista misteriosa que caminó durante años al lado de Michael Gira en Swans y que ha colaborado con bandas como Neurosis, Kirlian Camera, A Perfect Circle o Jesu.

Los dos primeros compartieron escenario para edificar un envolvente e hipnótico drone set de círculos concéntricos; una espiral de atmósfera y ruido que se adentró en nuestro pecho y cabeza nublándonos los sentidos y levantándonos un palmo del suelo. Distribuidos en una alfombra roja rectangular en medio del espacio e iluminados por bombillas blancas que colgaban del techo, la formación retorció cuerdas, escobillas y sintetizadores; notas y ritmos perfectamente entrelazados y guiados por la trompeta de Cunningham. Un bonito experimento complementado por la proyección de fondo: la imagen amplificada de una mantiis real cazando y devorando una colección de ignorantes y funcionales grillos. Naturaleza. Belleza. Muerte. Arte.

A continuación, Jarboe ofreció unos cincuenta minutos de set desnudo y desgarrado; sin amplificación, cantando a viva voz y únicamente acompañada de la guitarra acústica de Peter Emerson Williams. Su presencia fantasmagórica, descalza y con vestido y pelo lacio y desaliñado hizo enmudecer la sala. Canciones en su mayoría de su dilatada carrera en solitario se sucedieron con fluidez y ceremoniosa ejecución. Una extraña sensación flotaba en el ambiente, algo inexplicable sobrevolaba nuestras mentes, probablemente la certeza de estar asistiendo a uno de esos momentos difíciles de revivir, cercanos, excepcionales y casi indescriptibles.

Los mismos adjetivos pueden aplicarse a la charla informal que los músicos mantuvieron entre ellos y con el público antes de los conciertos: una mesa redonda distendida y de lo más interesante, con todos los asistentes sentados en el suelo o de pie alrededor de los músicos. Sorprende que Jarboe, acostumbrada a evitar a los medios y a esquivar hablar de su carrera y de su persona en general, se abriera a nosotros como lo hizo, probablemente por la presencia de Mark Cunningham, antiguo amigo suyo, a quien admiraba como músicos ya antes de conocerlo. De hecho, la presencia de Cunningham fue una de las condiciones que la artista impuso para participar en el evento. Mark, como miembro de Mars, tuvo un importante papel en la No Wave, movimiento musical surgido en Nueva York a finales de los setenta y principios de los ochenta como respuesta y reacción a la excesiva popularización y comercialización de la New Wave. Swans, de los que Jarboe formó parte entre 1984 y 1997, también fueron uno de los pilares de dicho movimiento, caracterizado por la experimentación, el ruidismo, los sonidos atonales y la música drone, trazada sobre repetitivos drumbeats y oscuras letras nihilistas.

Acerca de esta conexión entre ambos artistas y de la New Wave en sí giró buena parte de la conversación. “Cuando fui por primera vez a Nueva York en 1984, Mark fue la primera persona a la que Michael (Gira) me presentó”, explica Jarboe. “Lo sabía todo de todos los artistas que vivían allí en aquel momento. Estaba muy, muy emocionada”.

¿Podemos afirmar, pues, que Mars fueron una influencia importante para ella? “Bueno, todo lo que estaba pasando en Nueva York en aquel momento me influenció”. Mark interviene: “Mars tan sólo era otra pieza más dentro del rompecabezas de la escena No Wave”.
(Jarboe): “Sí. Mars, DNA, Lydia (Lunch), Jim (Chance and the Contortions)… Había toda esta movida en marcha en aquel momento, y yo quería pertenecer a ella. Hice las maletas y pensé… ‘que sea lo que Dios quiera””.

Pero, ¿qué fue de la escena No Wave?
(Mark): “La escena No Wave nunca terminó, tan solo mutó. La escena en Nueva York nunca deja de mutar. En aquel momento, un montón de música Dance estaba empezando a pegar fuerte, de manera que empezaron a abrir muchos locales que estaban orientados hacia ese estilo. Así que lo que nosotros hacíamos dejó de ser el centro de la escena en aquel momento. Y luego volvió a cambiar, cuando empezaron Swans, junto con una nueva hornada de bandas que nacieron en los ochenta”.

En cierto modo, la No Wave tuvo una relación directa con la crisis económica internacional de aquel momento. Ahora mismo estamos viviendo otra. ¿Hay alguna relación entre la visceralidad de la escena musical y la precariedad de la situación económica internacional?
(Mark): “Creo que las crisis hacen que uno tenga que confiar más en sí mismo. Creo que, en aquel momento, Nueva York era una ciudad pobre y eso molaba, porque nos las apañábamos con poco. Y nos sentíamos muy libres en ese sentido, no sentíamos ningún tipo de presión económica. Es muy diferente a lo que está pasando ahora. Pero creo que lo que sí se ha repetido es la idea de hacer las cosas uno mismo. Hazlo tú mismo. Si quieres empezar una banda, empieza una banda”.

(Jarboe): “Yo no vi nada de esto… (ríe). La economía no tuvo nada que ver con el hecho de que fuera a Nueva York, lo hice sólo por razones artísticas. Tenía una colección de música compuesta por tres mil álbumes en la que oí a muchas bandas seminales como Einstürzende Neubauten, Swans y White House. Y sentí que estas bandas estaban creando un sonido que nunca antes había oído, algo muy distinto, y me sentí muy atraída hacia todo lo que vi, especialmente al aspecto muscular de Swans. En aquel momento yo era culturista y boxeadora de Bondi y me sentía muy atraída hacia el carácter físico de la música; levantaba pesas al ritmo del álbum ‘Filth’. Swans estaban haciendo algo que no hacía nadie más. Lo que me llevó a Nueva York y me hizo abandonar a mi marido, a mi madre y a toda mi vida fue su sonido; su sonido me ponía a cien. Aquella lentitud, aquel poder y aquel fango eran los estímulos a los que mi cuerpo respondía, y por eso necesitaba formar parte de ello. Swans eran unos marginados y todavía siguen siéndolo; han influenciado a un montón de grupos pero no forman parte de ninguna escena ni de ningún sonido; son aislacionistas”.

¿Cómo fue su bautismo de fuego en la banda de Michael Gira?

(Jarboe): “Bueno, Swans eran muy ruidosos… Incluso nos pusieron una multa porque cuando ensayábamos, alcanzábamos el nivel de sonido de un avión a reacción en pleno despegue. Cuando me puse a tocar mi primera canción con ellos en el garaje, les volé los sesos. Yo era incluso más ruidosa que ellos. Así que al acabar, me fui y votaron. Porque tenía que ser dura, ¿sabes? Sé fuerte, sé duro, trabaja tus músculos; parafraseando a Michael Gira. Fue muy estimulante”.

Entre muchas otras bandas, Jarboe ha colaborado con los totems del post-metal Neurosis, una experiencia de la que conserva muy buen recuerdo. “Ya sabíamos los unos de los otros mucho antes de poder conocernos en persona, y cuando nos encontramos hubo una conexión totalmente fraternal, realmente como si fuéramos hermanos. Nos entendimos al instante, y habíamos estado muchos años escribiéndonos para provocar ese encuentro. Diría que, ahora mismo, aparte de los ‘nuevos’ Swans, Neurosis es la única banda con la que me siento yo misma; me sentía como en casa cuanto actuaba con ellos. No son una banda de metal al uso, crean un muro de sonido orquestado con la cualidad visceral de la música metal, exactamente igual que hacen Swans. Entregué mi corazón a ese proyecto; las canciones que grabamos, las saqué de mi experiencia personal: una canción sobre mi madre, otra sobre la cirugía del tumor cerebral de mi padre, escribí sobre mi vida, mi vida real. Y cuando actuábamos, todo era completamente genuino, porque surgía de un lugar de tremenda integridad, supongo; sin ningún tipo de artificio. La primera vez que me subí a un escenario con ellos, volví a sentir esa descarga eléctrica zumbando a través de mi cuerpo; eso es lo que hizo que volviera a interesarme por la música rock“.

Ya en el tramo final de la charla, uno de los asistentes se interesa por la colaboración, a priori antinatura, entre Mark Cunningham y Brian Eno en el disco “No New York”; un extraño puente entre la escena lo-fi de Nueva York y el carácter perfeccionista del músico y productor.

(Mark): “Bueno, él siempre ha sido alguien con una especie de antena para las cosas rompedoras, para todo aquello que va a tener repercusión en el futuro. Fue él quien nos contactó. Estábamos un poco sorprendidos al principio, pero la verdad es que acabamos llevándonos muy bien, teníamos mucho en común, como la música étnica, por ejemplo. La música africana y ese tipo de cosas también supusieron una gran influencia para Mars. Durante la grabación, básicamente nos dejó a nuestro aire; quería grabarnos tal y como éramos. No quería interferir. Quería captar la esencia auténtica del asunto”.

Por otro lado, se anuncia ya la siguiente cita, con Scott Kelly And The Road Home (Scott Kelly de Neurosis junto a su compañero Noah Landis y Greg Dale). Les acompañará el grupo de Madrid Otus.