La creatividad es, sin lugar a dudas, la mayor arma de mAthe. El salmantino regresa con un nuevo trabajo en donde revisa y perfecciona trece canciones que no habían sido publicadas hasta ahora, dándoles además un sentido global y común, uniéndolas en torno a una experiencia que ha marcado su inspiración musical.


El disco está inspirado en la tragedia ocurrida en Fukushima y los beneficios irán destinados a sus víctimas. ¿Por qué nace esta iniciativa?
En efecto, Yayoi pretende rendir homenaje a los damnificados por la tragedia que, el 11 de marzo de 2011, asoló la localidad de Fukushima. Para ello, los beneficios serán íntegramente donados a las asociaciones de las víctimas del desastre. No obstante, el disco tiene una inspiración de índole más global. Su concepto subyacente, el “pegamento” que da unidad, coherencia y sentido a la obra, es Japón.
El país, su esencia y su cultura han sido una fuente de inspiración para mí desde antes incluso de haber vivido en Tokio, donde residí hace unos años y donde tuve ocasión de conocer de manera directa el carácter nipón, que admiro profundamente, así como las circunstancias de la citada tragedia, que me sobrecogieron. De ahí este humilde recuerdo a sus damnificados y, con carácter general, al pueblo japonés, al que me siento profundamente unido.

En este disco recopilas y actualizas canciones de 2013 y 2014. ¿Por qué se quedaron esas canciones en el tintero y por qué las publicas ahora?
Yayoi no ha sido concebido únicamente como un disco: es más bien un emotivo wrap-up de los últimos tres años de música. Es el colofón de una deliciosa etapa creativa de una intensidad que jamás antes había conocido y que me ha dado mucho más de lo que hubiera podido imaginar. Es el harakiri del samurai antes de saltar por el precipicio y volver a nacer.
Tras cinco discos, sentí la necesidad de tomar distancia, de echar la vista atrás para apreciar el camino recorrido. En ese momento, me di cuenta de que la mayoría de mis canciones más emotivas, quizá las que más dentro llevo, no habían sido jamás publicadas oficialmente. La mayoría habían sido plasmadas en singles inéditos que guardé celosamente, en proyectos que nunca salieron a la luz o en grabaciones originales que consideré demasiado personales para ser circuladas.
Decidí dar un paso adelante en dos sentidos: por un lado, en términos de sinceridad, ofreciendo públicamente y desnudando estos pedazos sentimentales de mi vida, y, por otro lado, en términos de producción, reinventando, actualizando y llevando a un nivel musicalmente superior unas canciones cuya esencia, esqueleto y significado continuaban muy vivos en mi imaginario.

“Yayoi pretende rendir homenaje a los damnificados por la tragedia que, el 11 de marzo de 2011, asoló la localidad de Fukushima”

El sonido de este trabajo fluye entre lo abstracto, con instrumentales que dan la sensación de flotar, y lo poético, que evoca a la reflexión y la relajación. ¿Qué otras maneras se te ocurren a ti para describir Yayoi?
Creo que es una definición muy justa y precisa. Desde una perspectiva conceptual, definiría Yayoi como un torbellino de manchas dálmatas, de cerezos en flor en pleno hanami, de radiactivos retratos de distópicos parajes orwellianos, de amaneceres de verano con aroma a lavanda, de sugerentes y caóticos trinos de pájaros en una exótica playa nevada. Es, en suma, una fiesta electrónica en pleno Fukushima.
La imagen gráfica de la obra, realizada por Estudio Primo, plasma de manera fiel este planteamiento. Creo que también lo hace el título de la misma, que no es casual y que recoge también una dualidad: Yayoi, es, por un lado, el nombre japonés para el mes de marzo, el mismo en el que tuvo lugar el devastador accidente de Fukushima, y, por otro, el nombre de pila de una de las artistas que más admiro, Yayoi Kusama, cuyo universo creativo, abstracto y colorido a la vez que sombrío y enigmático, me ha influido intensamente.
Desde una perspectiva musical, creo que se trata de una obra ecléctica y variada estilísticamente en la que pueden encontrarse influencias de electrónica downtempo, de synth y de dream pop, de ambient e, incluso, de chillwave y de slam y spoken word. Mi intención es que se entienda como una síntesis del “universo mAthe”, como una carta de presentación de mi mundo musical y, como tal, como un disco atemporal y absolutamente personal.
La apuesta por Yayoi como obra global se completará con el lanzamiento de su edición física, prevista para final de año, que incluirá tres bonus tracks exclusivos producidos por Lowlight que, personalmente y aunque esté feo decirlo, me encantan. Gracias a ellos por participar en el proyecto.

En Ura decidiste no darle voz a tu música, pero en esta ocasión sí. ¿Qué contenido lírico o mensaje protagoniza este nuevo álbum?
Creo que la esencia de una actividad creativa debe ser la innovación. Es necesario tener algo que decir con cada proyecto, cada nueva obra tiene que ser una bofetada y reflejar un estado mental. Partiendo de esa base, cada álbum ha tenido un motivo específico detrás y ha buscado proponer algo sustancialmente diferente respecto del anterior. No veo el sentido de repetir una idea varias veces, considero que el artista necesita jugar, experimentar, plantearse retos para estar vivo, para no asfixiarse, en definitiva, para existir. Por eso me gusta cambiar en cada disco, incluso de manera marcada. En este contexto, Yayoi es el siguiente eslabón de la cadena, el último paso. Por el momento.
En cuanto al contenido lírico del álbum, considero que es profundamente dual: luminoso y oscuro, edénico y distópico, nihilista y naif al mismo tiempo. Creo que el mensaje se traslada a través de un vehículo poético impresionista, visual y evocador, introspectivo, quizá en ocasiones críptico por sus diversos niveles de lectura. No falta ninguno de mis fantasmas particulares en él.