Con muchas horas de autobús encima y más tiempo para grabar, el cuarteto londinense capitaneado por Ellie Rowsell y completado por Joff Oddie (guitarra y voz), Theo Ellis (bajo) y Joel Amey (batería) ha dado forma a Visions Of A Life (Dirty Hit/Music As Usual, 17). Después de caerse del cartel del Mad Cool, Wolf Alice finalmente visitará nuestro país en enero de 2018, pero este verano pasaron por Madrid para dar detalles sobre su segundo trabajo. Amey y Oddie fueron los encargados de ponernos al día de sus andanzas.


La última vez que hablamos con vosotros decíais que teníais que volver a casa y tocar tierra para asimilar todo. ¿Conseguisteis hacerlo?
(Joff)
Tuvimos como dos semanas hasta que empezamos a trabajar otra vez. Somos unos adictos al trabajo, no podemos evitarlo. Dos semanas para descansar, y luego montamos una especie de estudio al este de Londres, en un sótano, y estábamos ahí todo el rato.

¿Y vuestras visiones de la vida y la música han cambiado?
(Joel)
Claro. Nuestras vidas han cambiado. Incluso desde la última vez que estuvimos en Madrid, en febrero. Tuvimos nuestra gira más grande por Reino Unido, estuvimos muchos meses por América, vimos lugares que nunca pensamos que íbamos a ver, vivimos en un autobús durante ocho meses o así… Las cosas son diferentes, y luego regresas a casa y quieres ver EastEnders o algo así. Lo que antes te aburría tanto y era el incentivo para salir de casa ahora te resulta cómodo cuando vuelves. Ha cambiado todo, para la música también. No somos los mismos músicos y creo que el disco lo refleja.

¿Cómo ha sido la grabación? ¿Habéis sentido presión después de un debut tan exitoso?
(Joff)
Un poco… Tuvimos mucho tiempo para grabarlo. Para el primero tuvimos mucho tiempo para componer y poco para grabar, y esta vez ha sido al revés, se ha dado un equilibrio. Había un ambiente de trabajo muy agradable, con Justin Meldal-Johnsen (Paramore, Tegan and Sara, Beck, Nine Inch Nails), fue muy majo, y estuvimos unos tres meses con el disco, tres veces más que con el anterior.
(Joel) Era raro. Cuando tocas en directo sabes lo que te gusta y lo que no te gusta, y piensas, “quiero hacer ese redoble cuando toque ir al estudio”. Pero cuando llevas un tiempo sin tocar y entras en el estudio, todo te suena mal, ha sido un poco diferente. Sin embargo, trabajar con Justin ha sido genial porque es tranquilizador y democrático, nunca te decía cosas como, “¿Sabes que eso ha sonado mal, ¿no?”. No había errores o aciertos con él, lo fuimos descubriendo juntos y poco a poco.

¿Os preocupaban las expectativas de los fans o la crítica?
(Joff)
Nosotros nos metimos en esto para hacer la música que queríamos hacer, o lo tomas o lo dejas. A nosotros nos gusta; si no le gusta a nadie más, será una faena enorme, pero al menos habremos hecho lo que queríamos hacer.
(Joel) Tienes que asegurarte de que mientras hayas hecho lo que querías, tienes hecho la mitad. Y si tienes la suerte de que le guste a otra gente, guau. Si sacas un disco que no te gusta pero al resto del mundo sí, y tienes que pasarte dos años de gira con él, eso es mucho peor.

“Nosotros nos metimos en esto para hacer la música que queríamos hacer, o lo tomas o lo dejas”

En el primer single, Yuk Foo, Ellie canta sobre estar harto de lo que se espera de ti. ¿Pensáis así como grupo?
(Joff)
Quizás no de una forma tan agresiva. (Risas)
(Joel) En los primeros años de Wolf Alice, hubo decisiones que nos podían haber llevado por un camino muy diferente. Recuerdo tener conversaciones con la vieja guardia de la industria en las que lanzaban unas preguntas a Ellie que nunca le harían a un chico joven, por ejemplo. Pero nunca hemos cedido ante ese tipo de cosas, siempre hemos sido bastante perspicaces, como músicos y como personas; somos un grupo, no andes jodiendo a ninguno de sus miembros. Yuk Foo es lo más agresivo que hemos mostrado de nosotros mismos, y puede que a alguna gente le cuesta conectar con la canción. Otros puede que se vean más reflejados en su letra y están conectando con el sonido, y eso mola.

Y aunque el título está abierto a interpretaciones, ¿quién o qué os aburre a morir?
(Joff)
¿Personalmente?
(Joel) ¿Cuánto tiempo tienes? (Risas)
(Joff) No soporto a la gente que camina muy lentamente, lo he pensado alguna vez en el aeropuerto. Me aburre tener que ir detrás de gente que no sabe andar a un paso normal.
(Joel) Entonces es la gente que va despacio y yo, a mí me meten prisa en el aeropuerto. Intento tomarme las cosas con calma. (Risas)

En una entrevista decíais que os aburren un poco los festivales encabezados por reuniones de bandas.
(Joff)
Eso es aburrido, ¿no?
(Joel) Creo que no iba dirigido a nadie en concreto, no queremos faltarle el respeto a nadie. He ido a festivales en los que tocaba Black Sabbath y, por supuesto que voy a ir a ver a Black Sabbath. Pero hemos llegado a un punto en el que el debate no se puede ganar diciendo que no hay buenas bandas nuevas para encabezar los carteles para después programar durante todo el verano a Red Hot Chili Peppers y nombres del estilo. No funciona, alguien tiene que ser valiente. El festival Latitude se ha ganado la reputación de ser el trampolín para muchas bandas como Foals, Maccabees, etc. Antes de ir a Reading y eso, Latitude es tu primer paso. De todas formas, me parece que se está equilibrando la situación, pero siempre me hará feliz ver de cabeza de cartel a un grupo nuevo antes que al que vi hace cuatro años, es un ciclo que a veces se da. Creo que simplemente estamos celosos porque nosotros queremos hacerlo. (Risas)

Pero no os aburrís en el estudio, porque habéis reunido diferentes sonidos, saltando de un estilo a otro, de la delicada apertura con Heavenward a la rabia de Yuk Foo, por ejemplo, para después encontrarse con al sabor funky de Beautifully Unconventional o la tranquilidad de After the Zero Hour. ¿Buscabais esos contrastes que se pueden apreciar en el disco?
(Joff)
Creo que no de manera intencionada, tratamos cada canción como una entidad diferente, y por eso suenan estilísticamente distintas. Y nosotros disfrutamos mucho con esos contrastes. ¿Quién quiere escuchar un disco entero de Yuk Foo o After the Zero Hour? La gente ya no consume la música así, y hemos hecho un álbum que quizás sea como una lista de reproducción.
(Joel) Totalmente, como la cultura del mixtape. Los raperos cuentan con diferentes productores y distintas bases y colores, y no suena coherente, pero todo está unido por una voz, y funciona. Es interesante cómo las canciones van de un lado a otro. Las bandas no acaban de adoptar eso; a algunas les resulta fácil encontrar su sonido, la fórmula que les funciona y les gusta, lo cual está bien, pero luego sacan el mismo disco cada dos años. Creo que estamos descubriendo cada vez más que nuestro sonido no es sólo una cosa.

La canción que da título al disco, de ocho minutos, atraviesa diferentes fases. ¿Cómo la sacasteis adelante?
(Joel)
Fue un proceso divertido. Fue el momento más progresivo de la preproducción, porque Justin utilizó trozos de cajas de cartón y todo lo que tenía a mano para dividir cada sección y fue una por una, viendo cómo esos ocho compases podían ser los mejores. Y cuando fuimos a grabar era como una pista sin cortes de batería y bajo, y luego pasamos a un segundo estudio para explorar por encima. La canción atravesó muchas fases.
(Joff) Estuvo bien trabajar con una canción que cambia de estado de ánimo, porque no tienes muchas oportunidades para hacerlo. En música clásica se hace, se crean piezas muy largas.

Estaríamos hablando de movimientos, ¿no?.
(Joel y Joff)
¡Exactamente!
(Joff) Fue genial trabajar con algo que se acelera y se ralentiza, que combina diferentes ideas. Al final son tres movimientos diferentes que responden a tres procesos de pensamiento diferentes, de principio a fin. Es difícil de explicar, pero darle cohesión a una canción con tres secciones diferenciadas y a la vez mantener una fluidez… fue un desafío.
(Joel) Lo fue. Y, sorprendentemente, salió bastante bien en el estudio.
(Joff) Estuvimos una semana con ella.
(Joel) Y, de hecho, sí que utilizamos la expresión “movimiento”, que fue cuando supimos que nos estábamos poniendo progresivos.

¿Y cómo creéis que sonará en directo?
(Joff)
Fantástico, eso espero. ¿A ti te ha gustado? Es una canción que me preocupa…

Sí, y, de primeras, aún sabiendo que era la última canción, pensaba que habíais colado una pista secreta. Luego ya me di cuenta de que era la misma con distintos momentos.
(Joel)
Metimos una en el primer disco, pero luego un idiota incluyó Pista secreta en el listado de canciones. (Risas)

¿Y de dónde vino la inspiración para las letras? Hay muchas historias diferentes.
(Joel)
Empezaron como entradas de un diario.
(Joff) Cuando terminamos la gira, teníamos los bocetos del 80% de las canciones. Cuando nos metimos en nuestra sala de ensayo, las sacamos y fue guay echar la vista atrás a esos pensamientos, cada uno conectaba con un momento o un evento de los últimos dos años. Fue interesante poder revisar esas ideas en retrospectiva y ver cómo podíamos intelectualizarlas y convertirlas en canciones de Wolf Alice.

“A todo el mundo le afecta la política y es importante que todo el mundo se involucre”

Grabación en Los Ángeles y primeros conciertos en Estados Unidos, ¿tan hartos estáis de Reino Unido?
(Joel)
Sí, hay ciertos aspectos que no nos agradan mucho. Es una época extraña… Se nos está mirando con lupa en los últimos meses. Nos enteramos de esas últimas elecciones mientras estábamos en América. Es un absoluto desastre y una vergüenza.

Fuisteis muy transparentes políticamente hablando e hicisteis campaña para que la gente fuera a votar, sobre todo Ellie a través de Twitter. Como jóvenes votantes, ¿cómo vivisteis la situación?
(Joel)
Fue raro para nosotros, porque hemos estado mucho tiempo fuera, pero es tu hogar y te importa mucho lo que ocurre. Sentimos que esta vez era un movimiento –esa palabra de nuevo– de gente que ya no tenía excusa para no participar, ya no te podía importar una mierda. Esta vez parecía una batalla entre el bien y el mal. Sin embargo, a la gente no le gusta que los famosos y las bandas utilicen su posición para animar a los demás, pero lo último que quieres es a un político hablándote de política. Si encuentras a alguien a quien te gusta escuchar, como Ellie, que hablaba de lo importante que era esto, va a resonar mucho más que un panfleto.
(Joff) Es el problema que ha tenido siempre la política, la incapacidad para conectar. Históricamente, siempre se ha tratado de un par de tíos blancos y ricos que no tienen ni idea de cómo vive la gente, y menos aún de cómo comunicarse con ella. A todo el mundo le afecta la política y es importante que todo el mundo se involucre, y me parece una gilipollez cuando te dicen que no hables de política.
(Joel) Que estemos en una banda no significa que sólo podáis escuchar nuestra música. Lo que pasa es que hay bastante resentimiento que viene de la gente a la que no le gusta leer que la banda que le gusta no está de acuerdo con ellos. Ellie tuvo que tragarse mucha mierda a través de nuestras redes sociales, a pesar de que nosotros no le estábamos diciendo a nadie lo que tenía que hacer. Y aunque el partido al que apoyábamos no ganó, sí sentimos que había habido un cambio.

Y hablando de vuestros fans… ¿de qué iban esas postales con títulos de las canciones que les enviasteis?
(Joff)
Era una manera de retomar el contacto con ellos, para que supieran que se avecinaba algo. Al anunciar un disco, puedes darle la exclusiva a una revista, que la NME escriba un artículo, o puedes hacer algo más creativo y personal. Decidimos hacer eso y que los fans informaran a la prensa. Se habían portado muy bien con nosotros y tenía más sentido.
(Joel) Tenemos suerte, porque en nuestro sello, Dirty Hit, cuando les propusimos enviar 50.000 postales con letras de las canciones a distintos puntos del mundo, nos dijeron que sí. Fue genial tener esa libertad artística para hacer algo así.