Doce años después de que Pascal Arbez-Nicolas, más conocido por su alter ego Vitalic, pusiera patas arribas la escena rave europea con temas como ‘La Rock’ o ‘My friendo Dario’, el productor francés regresa con ‘Voyager’ (Clive Music / Caroline International, 2017), su cuarto álbum de estudio -mezclado nada más y nada menos que por el barcelonés Alex Ferrer (The Requesters, Sidechains) en el que traza una ruta más definida y accesible entre los mundos que siempre han formado parte de su universo sonoro; ese espíritu clubbing, rabioso y visceral; y un sonido melódico, reposado y de tintes regios, deudor en gran parte de géneros que marcaron la década de los setenta.

Dos mundos que en este trabajo no solo conviven sino que se funden en cortes que viajan por el tiempo y que toca géneros como el disco, la EBM temprana de DAF y Fad Gadget o el electrochic parisino de Kavinsky o Daft Punk.

En este nuevo disco vuelves a mezclar géneros como el electro, el disco o el funk, resultando en un sonido más cercano a tus primeros trabajos que al reciente ‘Rave Age’. ¿Es esta una vuelta premeditada a tus comienzos?
Creo que aunque hubiese querido hacer un álbum distinto no me habría salido. No creo que sea capaz de hacer un disco entero de tecno. Mi objetivo era llevar la melodía a un terreno un poco pirado. Algo así como mezclar belleza, locura y energía. En todos mis discos hay temas muy duros y con una base rave, pero también otros muy tranquilos. Siempre ha habido dos vertientes, una más enérgica y otra más cerca de la música de banda sonoras.
Hace quince años que hago electrónica como Vitalic y no me veo haciendo el mismo disco cuatro veces. No me interesa repetirme. Esta vez me dije: “Tienes que hacer algo que sea tuyo 100%, que no suene a lo que ponen en todas partes”. No quería hacer otro ‘Rave Age’, que tenía un sonido más convencional. Daba igual si hay más voz o menos voz, si suena más tecno o menos tecno. El objetivo era crear algo homogéneo con un concepto detrás.

“En estos momentos, en París hay un movimiento underground disco enorme. Parece que la gente vuelve a tener ganas de escuchar este tipo de sonidos”.

Quizás el haber optado siempre por singles bailables para lanzar tus trabajos ha hecho que tu imagen siga vinculada al movimiento rave y techno. ¿No crees?
Cuando se habla de singles uno siempre se decanta por algo ligero, consensuado, que llegue más fácilmente al oyente. Es lo más lógico. En todo caso, jamás me he considerado un artista de techno, sino un productor de música electrónica en el sentido más general del término. En realidad, mis singles nunca son techno como tal; puedes llamarlo disco, EBM o como prefieras, pero nunca he dicho que yo fuera un purista del techno.

Me atrevería a decir que este es tu trabajo más francés hasta la fecha.
Sí, sin duda este es mi disco más francés. Supongo que debido al estilo de las melodías y la forma en la que uso los sintetizadores. Eres el primero en decírmelo, pero es algo que llevo pensando desde que acabé de grabar el álbum.

Mucho se habla y se ha hablado de la french touch. Sobre todo, cuando se reseñan álbumes de Daft Punk, Justice, Sébastian Tellier o incluso M83. ¿Cómo definirías tú esta etiqueta?
Para mí el sonido francés, ya sea cuando oyes a alguno de los que nombras o incluso a otros artistas de electropop menos conocidos en España, se caracteriza por una consecución particular de acordes en las melodías. Se juega mucho con los acordes mayores y menores, lo que desemboca en paisajes muy luminosos pero con una nube gris en el interior. Eso es para mí la french touch.

Hay mucho también en ‘Voyager’ del disco francés e italiano de finales de los setenta y principios de los ochenta.
Por supuesto. Es un tipo de melodía que se llevaba mucho por entonces. Aunque ninguno de nosotros hayamos vivido de primera mano esa época seguimos reproduciéndola en nuestra música. No deja de ser en cierto modo una continuidad de la chanson, aunque hecha con otros medios.

Estamos de acuerdo en que Moroder es una de las grandes influencias de este disco. Sin embargo, también hay trazas de otros estilos que poco tienen que ver con esta escena. Si decimos que ‘Sweet Cigarrette’ ou ‘Lightspeed’ se publicaron en un recopilatorio de Mute Records del 82 poca gente osaría decir lo contrario.
Por supuesto. ‘Voyager’ es una mezcla de todo lo que dices. En realidad está en la tónica de mis primeros trabajos, como el ‘Poney EP’. Quería volver al sonido de mis orígenes pero con una vuelta de tuerca. Supongo que me inspira lo que voy oyendo. En estos momentos, en París hay un movimiento underground disco enorme. Parece que la gente vuelve a tener ganas de escuchar este tipo de sonidos.

Miss Kittin colabora en el corte ‘Hans Is Driving’. ¿Es tu pequeño homenaje al hoy algo denostado electroclash?
Qué va. Fue cosa del azar. Ella vive también en París y solemos quedar para comer juntos. Al principio no tenía claro si este tema sería instrumental, así que lo hablé con ella, se lo puse para que lo escuchara y decidimos que ella le pondría voz. No fue algo a lo que diera muchas vueltas, la verdad.

¿Por qué crees que este movimiento, del que también formaste parte en cierto modo, ha envejecido tan mal?
Ya hacia el final aquello se había convertido en algo sin sentido. Todo sonaba exactamente igual; con las mismas bases, las mismas cajas de ritmo, las mismas voces de chicas… Todo atisbo de creatividad se había esfumado. Una vez estaba en una fiesta en la que el Dj solo pinchaba electroclash y al cabo de dos horas quería suicidarme. Era insoportable. Ya no tenía ese punto sexy y divertido del principio. Todos los artistas querían ser los nuevos Miss Kittin y The Hacker. Ahí fue cuando el electroclash dejó de tener gracia. Por suerte, a día de hoy hay nuevos proyectos que parten de un electropop melódico y oscuro y que creo que podríamos considerar como las nuevas generaciones del electroclash.

En tu discografía hay un puñado de canciones cantadas. ¿Es la fórmula que has encontrado para escapar del sonido clubbing y abrazar un público más amplio?
Al contrario de lo que pueda pareces nunca decido incluir voces para hacer que una canción suene más pop, sino simplemente porque las entiendo como un instrumento más.

En 2012 compusiste la banda sonora del filme de Davide Manuli ‘La Leyenda de Kaspar Hauser’. ¿Algún nuevo proyecto cinematográfico a la vista?
La verdad es que nadie me ha propuesto nada desde entonces y eso que aquel álbum tuvo muy buena acogida. Quizás llegue algo más adelante. De todos modos, no es lo que más ganas tengo de hacer en estos momentos. Ahora me apetece sobre todo dar conciertos y centrarme en esta nueva aventura con ‘Voyager’.

¿Sigues interesado en pinchar?
Les dj set sientan muy bien cuando llevas dos años tocando. Eso de pinchar temas de otros siempre es divertido, aunque lo mío es trabajar en el estudio y hacer directo. Tengo que decir que en países como España la gente no entiende muy bien mis sesiones ni la mezcla de temas que hago. No es exactamente lo que se espera de mí. Por eso a veces es un poco complicado…

¿Cómo dirías que ha evolucionado tu manera de trabajar desde el ‘Ok Cowboy’?
¡No mucho! (Risas). Antes lo hacía casi todo con una MPC AKAI y ahora trabajo mucho con Ableton. Aunque la forma de producir es la misma. Cuando tengo una melodía en la cabeza hago una grabación corta con teclados o sintes. Pasado un mes la recupero y bien, la avanzo, la dejo guardada en mi ordenador o la termino de golpe. También pasa que nunca la termino o que de repente me doy cuenta de que ya no me gusta.

¿Cuál es el último juguete que podemos encontrar en tu estudio?

El Buchla Skylab, un sintetizador modular.