Hace un tiempo, Michelle Obama invitó a Valerie June a cantar en la Casa Blanca. Unos meses antes June todavía era una cantante anónima que trabajaba de lo que hiciera falta con tal de ganarse la vida. Eso sí, de vez en cuando hacía conciertos en los que vendía sus discos. Hasta que la descubrió Dan Auerbach y viendo el potencial de la chica, le propuso grabar un álbum en buenas condiciones y aquí la tenemos.

A partir de la edición de “Pushing Against The Stone”, que tuvo críticas excelentes, Valerie June dejaba de ser un secreto para girar en solitario o junto artistas como Norah Jones o Sturgill Simpson. El sello Concord la cuida porque sabe que es diamante en bruto, y a su favor juega que pisa con los pies en el suelo. Si continúa componiendo y cantando como en “The Order Of Time”, está claro que su límite es el cielo.

Hola Valerie, ¿qué tal? Para empezar, ¿qué sensaciones tienes ahora tras la publicación del disco?
Pues sigo como hasta hace unos meses, con la sensación de estar permanentemente de vacaciones. Hago música con mis amigos, y me lo tomó con tranquilidad.

Pero, tras las buenas críticas del primer disco, supongo que si eras consciente de las expectativas que se habían creado a tu alrededor.
No puedo negarlo, pero para mí es tan importante grabar un disco como preparar una comida para mi familia, todo tiene la misma trascendencia, no pienso mucho en si lo que hago es más o menos relevante, o en si lo que estoy llevando a cabo es erróneo, es simplemente música. Los músicos no somos más importantes que otro tipo de trabajadores. Aunque reconozco que esto tiene su parte de magia, y me siento afortunada con lo que me rodea. Para mí tiene más peso compartir algo con alguien que me importa que una portada en una revista o una buena crítica de un disco mío.

Entonces, interpreto que le das muchas importancia a lo que pasa hoy y no le das muchas vueltas al futuro.
Si sólo estamos pendientes de lo que hacen los demás, intentando ser más y mejor que el que está a nuestro lado, entonces tenemos un problema. Yo me fijo en lo que tiene que pasar hoy, y ni eso, en lo que va a suceder cuando acabe esta conversación. Lo focalizo todo ahí. Cada momento importa. Imagínate, un día me propuse ser cantante, y lo fui. Decidí mudarme a Nueva York, y lo hice.

Esa fue una decisión importante: llegar a esa ciudad te abrió más puertas para conseguir el objetivo de ser músico.
SÍ, pero curiosamente eso era sólo un añadido. Me fui hasta allí por amor. Me enamoré de una persona y lo dejé todo. Llegué a Nueva York y me casé. Al cabo de cuatro años rompimos, pero mientras tanto, yo ya me había convertido en una neoyorquina más.

En cuanto al disco, he leído que para ti era importante afrontar la grabación de este disco de manera muy natural, sin presiones. Tal y como me vas contando, dejar que las cosas pasen.
Cierto, era como estar con un grupo de amigos pasando unas vacaciones. Cocinábamos, dábamos largos paseos por el bosque, había conversaciones largas e interesantes durante la sobremesa.

Sin embargo, imagino que ya tenías material escrito antes de empezar con el proceso de grabar.
Sí. Durante los dos años que estuve girando después de “Pushing Against The Stone” compuse muchas canciones. Si bien, esto va más allá, para mí esas canciones son la radiografía de un camino que dura diez años. Hay pasajes que representan todo lo que me ha pasado durante ese tiempo; la gente que he conocido, todos los trabajos que he hecho aparte de la música. Hay mucha emoción en cada letra, cada una tiene su propio espíritu.

De hecho, la canción que abre el disco, “Long Lonely’s Road”, es una historia sobre tus padres, sobre tus abuelos.
Así es, la familia es importante para mí, siempre está presente, así que era ideal empezar de ese modo.

En cuanto a sonido, tu disco anterior era más crudo, muy en sintonía con el folk y el blues, en cambio “The Order Of Time” es más variado.
Quería que este disco vibrara, que no tuviera una dirección clara y sobre todo crear sin ningún tipo de límites. Que, como experiencia, reuniera toda clase de ingredientes. Tenía a los músicos adecuados y hubo una gran comunión. Han participado unas quince o dieciséis personas. Hay guitarras eléctricas, órganos, instrumentos tradicionales… hasta participan familiares míos. Norah Jones se pasó por allí. Aquello era una fiesta continúa, la gente se lo quería pasar bien, disfrutar aquél momento.

Rasgos diferentes a cuando grabaste tu debut…
Con aquel disco tenía más miedo que ahora, no me preguntes por qué, pero me causaba más respeto. Ahora no, he creado una familia. Esto es un regalo, me siento feliz.

En el disco también hay la presencia del ukelele, un instrumento que le da fuerza y que se asocia al bluegrass y al folk.
Hay ukelele y también banjo. La música, como todo en la vida, progresa y evoluciona, no te puedes quedar plantado siempre en un mismo punto. A mí encanta combinarla con la mandolina, mira como suena esto (ndr: imita con su voz el sonido de cada instrumento), puedes estar dos o tres días seguidos practicando hasta saber dónde colocar cada uno y cómo hacerlos compatibles. Es muy divertido, y se puede aplicar al blues, al soul, al rock. Ese es el espíritu. Todo tiene un uso.

Estoy de acuerdo en lo que planteas, con la música siempre se pueden probar cosas, no hay imposibles. Para acabar, quería saber como fue tu experiencia girando con Sharon Jones, quien lamentablemente nos dejó hace unos meses.
Si has tenido la oportunidad de conocerla, de hablar con ella, ya sabrás lo que transmitía. Cuando empezamos, a los dos meses le diagnosticaron el cáncer. Pero ella seguía igual, como si no pasara nada. Cuando iba al hospital a hacerse pruebas, la visitabas y te recibía cantando, siempre estaba alegre. Me enseñó mucho, sobre todo a cómo nos tenemos que plantear la vida, eso de lo que hablábamos al principio. Y si tienes un sueño, un deseo, persíguelo porque se puede hacer realidad.