Tres años largos de continuos y tremebundos directos apoyados sólo en un mini (“Dragonfly”) y varios singles habían creado la necesidad de escuchar de una vez el debut de Sidonie. Pues ya está aquí. Y como además hemos coincidido alguna vez con el trío por la noche canalla barcelonesa, sabemos que lo suyo sí es actitud y lo de The Strokes juegos de niños de teta. Así que aquí los tienen: Axel, Marc y Jesús, en pleno uso de sus facultades mentales. O no, vaya usted a saber…

Como me los veo venir, arranquemos por la parte seria, la de promoción del disco. “Sidonie” (Bip Bip/El Diablo, 2001) confirma que estamos ante una de las pocas bandas inclasificables -en el buen sentido- del panorama español. ¿Rock psicodélico? ¿Retro-electrónica sixties? ¿Surrealismo? ¿Incienso? ¿Talento desatado? En el disco hay de todo eso e infinidad de cosas más, como baladas (sí, he escrito baladas, escuchen “Through The Daylight”) y hasta un tema de bases hip-hop gangsta style (“In Da Sun”). También incluye una pista con el clip de “Feelin´ Down 01” que les ha colocado en la senda de los malditos: les han prohibido el vídeo en Alemania. “Se me ve en la playa (Axel) en bañador, cazadora de cuero y gorra de soldado, recreando el personaje de “El Italiano” mussoliniano que a veces adopto en los directos. Hago como medio gesto de saludo militar y voy dándole en el culo a Marc con una matamoscas. Resulta que en Alemania las leyes contra la apología del nazismo son tan estrictas que no lo van a emitir. Nosotros somos antifascistas.

“Queremos ser un espectáculo total, cara al público, nada de ese rollo de pop sufrido. Nos damos un beso en la boca antes de salir, un vodka con limón y al ver el público lo damos todo”

Era algo irónico, estético, una escena puramente surrealista, pero lo entendemos. Haremos una copia editada para Alemania, porque después del éxito en el Popkömm nos interesa que nuestro video se vea. De todas maneras, es un orgullo para nuestro corazón roquero: a los Rolling Stones también les pasó”. Nada más empezar a dar cuenta de las cervezas, la tortilla y las bravas… esto, la entrevista… ya aparecen dos de sus obsesiones: el surrealismo y los Rolling Stones.“El surrealismo forma parte de nuestra formación cultural. Hacemos psicodelia porque es la forma musical que más se acerca al surrealismo. En los noventa El Niño Gusano hacía surrealismo lírico, pero el nuestro es escénico, estético y musical. Ahora no hay más bandas así”. No, no hay muchas más bandas así. No hay bandas que vivan el proyecto las veinticuatro horas del día, que se curren los arreglos del disco hasta extremos dificilísimos de ver en proyectos locales y, ante todo, no hay más bandas con un directo como el suyo. “Lo de los directos es natural en nosotros. Nos encanta el escenario y entregarnos a la gente. Nos gusta ser mirados. Estamos entre amigos y con nuestra música: no necesitamos nada más. Queremos ser un espectáculo total, cara al público, nada de ese rollo de ´pop sufrido´. Nos damos un beso en la boca antes de salir, un vodka con limón (n. del r: uno cada uno, imagino; vaya mierda de actitud sino) y al ver al público lo damos todo”. Ya, y con eso y un bizcocho, hasta el próximo concierto a las ocho… “Bueeeeno… la influencia de las drogas está hoy en todas partes. No diremos que no hayamos experimentado con ellas en directo y para componer, pero sólo cuando nos apetece. En “Dragonfly” se notaba mucho la influencia del cannabis, por ejemplo, pero en ´Sidonie´ ya no hay nada de eso”. Debe ser porque se han tirado a la coca, directamente (¡eh! eso lo digo yo, no se lo tomen tan al pie de la letra). Es cierto que sus conciertos son dignos de cualquier bestia de escenario, pero eso no debe obviar la disciplina de ensayo, trabajo y composición que hace de su debut un disco de alto nivel, tanto por lo arriesgado de su contenido como por los detalles y las horas de trabajo que se aprecian en él. “Estamos muy contentos del resultado. Tardamos tres años porque no queríamos arriesgar temas muy importantes para nosotros en un disco innecesario. Dimos cinco temas en ´Dragonfly´ para ver si resultábamos interesantes y para sentar unas bases que hicieran que la gente esperara nuestro disco. Fuimos con pies de plomo porque queremos dedicarnos en serio a la música. Es un disco muy fresco, real, que casi puede tocarse.

“Sí, nos gusta vestir como los Rolling Stones en la portada de “Between the Bottoms” o los Beatles en la de “Rubber Soul”, pero eso e porque están muy guapos y nosotros también queremos estar guapos”

La gente nos dice que se nota mucho el trabajo invertido y ése es el primer elogio que buscábamos: queríamos que cada cascabel, cada voz india, cada chelo o cada violín al revés se entendiera. Cada detalle está muy meditado. Por eso recomendamos la escucha completa y a poder ser con cascos. Deberías haber visto las caras durante la grabación, que coincidía con los conciertos de verano. Fue un trabajo enorme, una locura. Estábamos hechos un poema”. Quizá por eso ahora entienden –como cuenta el tema que abre el disco- a Gene Clark, el miembro que dejó a The Byrds por el desenfreno que suponían los directos. Tampoco diría yo que ahora mismo presenten la rubicunda imagen de un lanzador de troncos escocés en una granja de las Highlands así que, en efecto, mejor no haberlos visto en su mala época. Sidonie -el disco y la banda- son una propuesta extraña en nuestra escena, arriesgada, casi marciana. Conectan bien entre ellos, muy bien. Se estudian y aprenden unos de otros. Se aman, casi. Y su hábil voluntad de experimentación musical, de arriesgar manos en palos de lo más diverso, no les resta ninguna capacidad de redondear canciones sólidas e incluso inmediatas. Aún así su apuesta, por compleja, puede resultar en ocasiones poco permeable. No a todo el mundo le entra a la primera el sonido de un sitar o unas tablas indias ni disfruta del característico aire oriental e hindú como lo haría de unas bases electropop clásicas. Pero eso también les hace diferentes. Afirman que lo que les importa es llegar juntos al tercer disco, que es el que creen que ha de marcar el destino de Sidonie; quieren dar tiempo a la gente para entender su extravagante concepto sonoro. “Somos una banda de ahora. Nuestro referente es la psicodelia de los sesenta pero la electrónica nos facilita los arreglos. Podemos hacer cosas que jamás soñaron los Beach Boys. Somos tres y podemos sonar como ocho. Eso nos ayuda mucho en nuestras canciones. No podemos ni queremos cerrar los ojos a la tecnología (de hecho, el tema “Sidonie Goes To Moog” celebra su encuentro con la electrónica). Somos un grupo de rock and roll, sin más. Pero es que hoy el rock puede hacerse con electrónica y samplers. Está claro que en los setenta eran muy auténticos pero tampoco había lugar a este debate porque la electrónica no existía. Renegamos de la imagen de puristas sixties, aunque a veces nos llamen mods. Sí, nos gusta vestir como los Rolling Stones en la portada de ´Between The Bottoms´ o los Beatles en la de ´Rubber Soul´, pero eso es porque están muy guapos y nosotros también queremos estar guapos”. Cuanto más mejor, que hay que ofrecerse a la vida con actitud rock. “En directo damos mucho sexo. Vendemos nuestra imagen. Si la gente además de música quiere culos, coños y pollas, pues se los damos (¡¿Coños?! Paso de preguntar cuál de los tres es el que da eso…). No nos importa desnudarnos porque nos encantan nuestros cuerpos (creo que se refieren cada uno al de los otros…). En un Purple Weekend, en León, una chica tuvo que irse porque le resultaba excesivo. Nos han llamado pervertidos, payasos y hasta pederastas. Pero es que nos ponemos muy sexuales. Ya sabemos que nuestro directo puede ser muy controvertido y tener detractores, pero no pensamos cambiar”. Y menos si después de los conciertos pueden sacar a pasear esas hormonas desbocadas. “Joder, es que alucinamos… Sí, el grupismo existe. Y sí, Sidonie tiene grupis. Y encima te lo proponen directamente. Nosotros somos músicos, pero reconocemos que el sexo y la bebida gratis son dos cosas buenas de tener una banda”. Futuras rock stars de las de antes, vamos (“Puede que hayamos visto demasiados vídeos de los Rolling y nos los hayamos creído”). Y además buena gente: lo único que no les gusta de la escena es tener que competir por el mercado con bandas de colegas a los que admiran. Resumo: buena música, alcohol, sexo en grupo (no se rían, que será en broma pero dicen que si no hay grupis porque se van con Los Planetas, pues se tocan entre ellos y problema fuera) y “cuatro cosas más” (Jesús dixit). ¿No nos quejábamos de que los músicos de hoy se miraban demasiado los zapatos? Pues dénse una vueltecita por un concierto de Sidonie y sabrán por qué se habla tanto del espíritu del rock. Por cierto ¿les he contado que han propuesto al que subscribe irse de bolos con la banda para escribir un diario de gira? Hombre, yo iba pensando que uno ya no tiene edad para según qué cosas, pero si retroceden hasta el último párrafo en cursiva entenderán que la respuesta sea afirmativa. Aunque seguro que al cronista sólo le quedan los restos. Joder, ¡¿dónde dejé la guitarra?! Ah, sí, olvidada junto a la actitud.