“A Singer On The Loose” es el título de una de las veinticinco canciones que componen el cuarto disco de Remate. Un cantante anda suelto para hablarte del único lugar posible en el que esconderse cuando dolor y amor se enlazan, cuando la inocencia se multiplica como un pan y como un pez. Y no necesitas GPS para encontrarlo: las coordenadas están en “No Land Recordings” (Acuarela).

“Al cabo de llevar doce o trece temas, me di cuenta de que lo que estaba componiendo era algo largo, con muchos detalles que yo necesitaba contar. Es más una cuestión de tempo que de formato, no es tanto fantasear con el doble como obra magna…”. Un doble que no se hace largo, que no cansa ni muestra cansancio en la fórmula sobre la que está construido. Es folk, sí, pero entendiendo este concepto más como un espíritu libre que como una etiqueta que encorsete. Los pianos se desdibujan, las guitarras se truncan, la voz se pierde y muta de repente en un aullido. Blues, rock crudo, historias.

“No hay instrumento más expresivo que la voz”

Todo en “No Land Recordings” tiene sentido. Y ésa es su mejor baza. Desde el juego a dos bandas entre un escarabajo y un pájaro (“Beetle” y “Bird” son el nombre de cada uno de los discos: “investigué que había unos escarabajos que tenían alas, y que en determinado momento de su mutación genética vuelan. Y dentro de los pájaros hay algunos que no vuelan. Son cosas tontas que me llaman la atención. No pretendo que sean más profundas, para mí eso ya es profundo”), hasta las versiones elegidas, de sus dos gurús: el precursor de la libertad de la nueva ola, Nick Lowe, y el responsable de la espontaneidad turbia en el folk, Daniel Johnston. “Daniel tiene ese don superlativo al que me gustaría aspirar: cuando compone una canción, la interpreta y la graba. Él refleja esos tres momentos unidos en uno. Lowe es un crack que todo lo hace bien, crea temas que siendo clásicos son reconocibles como suyos”. Tras tres discos en los que su fuerte personalidad musical quedaba patente y clara, Remate sigue siendo maestro de su propia y elegante ceremonia, pero esta vez ha contado con el apoyo y consejo de lo que se ha llamado la “Loco Band”. Carlos Toronado y Kike Pierrot de Pal, Pablo Errea de Edwin Moses y, claro, Paco Loco y su inseparable Muni. “Es como ‘Forrest Gump’. Yo empecé a correr solo hacia la nada y se me han unido personas que sí parecen estar involucradas en mis canciones. A día de hoy puedo decir que no creo que vaya a lograr algo más grande, más trascendente, que eso, que hayan sentido suyas mis canciones”. Quizás por eso este disco es más una obra de canciones que una de autor. Quizás por eso ahora podamos disfrutar de las inquietantes letras que este asturiano escribe traducidas al castellano y que han marcado el track list. “Todos los que me rodean me lo decían y pedían. A mí me daba miedo resultar pretencioso… Mis letras responden a dos fuentes de inspiración: una parte más naïf en las historietas de ‘Calvin & Hobbes’, y otra en escritores que admiro, como Don DeLillo. Nadie inventa nada, lo que pasa es que si haces tuyas las influencias ya estás inventado”. Lo interesante de todo eso es que sus inventos, aun teniendo un hilo común que los cuelgue al sol, mantienen una entidad extraña, como si tuvieran vida propia: una canción de Remate no siempre se reconoce como una canción de Remate. “Hay películas en las que priman los actores y otras en las que prima el trabajo del director. En este disco lo importante era la historia que yo he querido contar, sin pensar en quién está detrás. Yo aspiro a que la canción emocione, qué más da si se ve mía o no”. Y vaya si emociona. El falsete se difumina dejando ver una voz profunda que lo consigue. “Antes me aproximaba a la voz con otra actitud, era una cosa menos meditada, ahora es lo más importante para mí. No hay instrumento más expresivo que ella”. Educado en la música clásica durante muchos años, este compositor juega con los sonidos abruptos, como si la música fuera eso: silencios que destruyen el ruido. “Es un disco que refleja mis días, mi vida. Un día estás solo, otro acompañado, luego con cinco amigos, luego con dos. Y eso es el disco. Los silencios en el fondo son los que diferencian las relaciones humanas, con los que estás a gusto en silencio y con los que no”. Y hablando de estar a gusto, Remate siente que por fin está en su lugar: el sello Acuarela. “Yo intuía que era el sello más afín a lo que hago. Luego, evidentemente está esa vocación internacional, algo que quiero: estar fuera de España con naturalidad, con discreción y sencillez”.