Leyenda viva de la música independiente en nuestro país (Usura, Orlando), Ana Béjar por fin decide dar un paso adelante con su primer álbum en solitario: “The Good Man” (Luscinia Discos, 16). Cinco canciones tan intensas que calan en lo más profundo. Hablamos con ella del proceso, el resultado, el presente y el pasado.


Tras más de dos décadas haciendo música, por primera vez publicas un disco en solitario acreditado exclusivamente a tu nombre. ¿Por qué ahora?
Ahora trato de crear un mundo musical propio que habitar yo sola, mi propio “hogar”. Para eso tengo que luchar contra vicios adquiridos a lo largo de tanto tiempo funcionando en “modo banda”. Necesitaba la libertad de decidir sobre mi carrera y mis composiciones en exclusiva, ya que más implicados en un proyecto conlleva irremediablemente concesiones. También he aprendido a superar ciertas trabas que yo misma me imponía y he necesitado todo este camino para llegar a darme cuenta.

El título, “The Good Man” resulta tan sugerente como enigmático. ¿Se refiere a alguien concreto o se trata más bien de una idea conceptual?
El título se me venía  a  la cabeza una y otra vez sin saber muy bien porqué, incluso aparece en alguna canción. Puede tener que ver con esta sociedad patriarcal, donde somos enseñadas a desear a los hombres “malos”, con el fin de estar bajo su dominio y perpetuar la desigualdad entre ambos sexos.

Si no fuera por la intensidad de las canciones, cinco temas podrían saber a poco. ¿Te quedaste con muchas composiciones en la recamara? ¿A que se debe esa brevedad?
Estos temas pertenecen a una etapa muy concreta de mi vida, así que tenían que ir de la mano. Además son experiencias vitales que concluyen con “Tongues On Fire”, que es la canción que cierra el disco. Ubicar otras composiciones dentro de ese espacio temporal restaba fuerza y autenticidad a la totalidad del trabajo, a mi modo de verlo y sentirlo.

“Cuando canto, disfruto de la libertad de ser yo misma”

El disco está principalmente cantado en inglés. ¿Te sientes más cómoda escribiendo en ese idioma? ¿Por qué?
Me siento más cómoda cantando en inglés ya que suelo escribir las canciones en ese idioma. No descarto escribir más en castellano, de hecho últimamente parece que acude a mí con más naturalidad a la hora de escribir un tema nuevo. No es algo que me preocupe. Respeto a un@ músic@ por sus composiciones, actitud y filosofía. Todos somos mucho más complejos que “cantar en inglés o español”.

¿Cómo es el proceso creativo? ¿Escribes directamente en inglés o hay un trabajo de traducción  a partir de unos textos previos?
Escribo directamente en inglés o en castellano, no suelo traducir o adaptar canciones.

Pese a todo “En el puente del aire” intercalas castellano con inglés, con muy buenos resultados, ¿Cómo surgió?
De forma totalmente natural: usé el castellano para la “voz” que piensa y reflexiona; y el inglés sin embargo lo usé para conversar, dentro de la canción, con alguien con el que siempre he hablado en ese idioma.

¿Crees que desarrollar tu creatividad también en el campo de la poesía puede dotar a tus composiciones musicales de una mayor sensibilidad?
Todavía no lo sé. Mi recorrido en la poesía no musicada es muy corto todavía. Lo que me ocurre es que cuanto más poesía escribo más “esclava” soy de ella y siento que tengo que reescribirla para mis canciones y ponerle melodía. Parece que no hay redención si no recurro a mi vieja fórmula.

Todo el disco trasmite una extraordinaria sensación de armonía y delicadeza. ¿Es un reflejo de tu estado de ánimo personal o se trata de algo que buscas premeditadamente en tu música como una forma de “apaciguar tus demonios”?
Gran parte de esa atmósfera a la que te refieres la he conseguido gracias a Jesús Martínez, productor con el que ya trabajé en anteriores proyectos. El se encarga de apaciguar mi música y hacerla menos descarnada con sus arreglos capaces de producir paisajes oníricos, atemporales… Creo que hacemos un tándem perfecto.

A la hora de hablar de tú música, los críticos siempre suelen hacer hincapié en tu voz (seductora, aterciopelada, cautivadora, etc), ciertamente tienes un timbre muy especial. ¿Cómo lo sientes desde dentro?
La voz es nuestro cuerpo, nuestro instrumento más directo para expresar emociones. Cantar para los demás y sentir que puedo transmitirles algo, por poco que sea, me emociona. Cuando canto, disfruto de la libertad de ser yo misma y no necesitar ningún artificio para producir música, sin tener que dar rodeos. Con una guitarra o un teclado no se consigue esa inmediatez, de ahí su poder.

Además de cantar, en “The Good Man” tocas la guitarra y, lo que resulta más llamativo, el armonium ¿Desde cuando lo tocas y cómo llegaste a ese peculiar instrumento?
Comencé a tocar el armonium en mi anterior proyecto, Todo, dúo que formé con el ex-Ginferno Ramón Moreira. El tipo de armonium que toco ahora lo encontré en Berlín y ha sido decisivo en la grabación de este disco ya que algunos temas los he compuesto con él. Tiene un timbre muy especial, como de otro tiempo u otro mundo.

Para la ocasión te has rodeado de colaboradores, entre ellos Jesús Martinez, Pablo Zúñiga y Alfonso H. Trancón. ¿Cómo ha sido volver a trabajar con cada uno de ellos?
Una fortuna poder trabajar de nuevo con músicos como ellos, que siguen tocando con el mismo amor por lo que hacen de siempre. Gente íntegra y genuina, que vive la música desde el lado más vital y emocional, alejados de las modas.

“Recuerdo la intensidad de los 90, la sensación de saber que estábamos inmersos en algo diferente, algo que estaba despuntando” 

Por otra parte también has contado con la participación de Salomé Sagüillo y Aldo Linares. ¿Qué me puede decir de ellos?
Salomé y Aldo me han acompañado desde el inicio de esta nueva andadura en solitario. Han sido parte del motor y hemos dado conciertos muy mágicos juntos. A Aldo lo conozco desde que empecé mi carrera musical. Somos una familia.

Tu pasado musical, especialmente con Usura, ha sido elevado a la categoría de histórico por su influencia en el devenir del pop independiente en nuestro país. ¿Cómo lo ves en retrospectiva?
Grupos como Penelope Trip, Bach is Dead, El Regalo de Silvia y Usura entre otros, y sellos como Elefant Records o programas de radio como Disco Grande, conseguimos con mucho esfuerzo, construir una escena donde estaba casi todo por hacer. Recuerdo la intensidad de aquellos años, la sensación de saber que estábamos inmersos en algo diferente, algo que estaba despuntando. Me divierte recordar aquellos momentos, pero es ahora, desde la experiencia de todos estos años, cuando más estoy disfrutando de lo que hago.

Por último, me gustaría preguntarte por algo extra-musical que me interesa enormemente y es tu compromiso con el PACMA. ¿Qué te lleva a dar ese paso?
La situación de los animales en este país es acuciante. En este país se admite la tortura de los animales como forma de divertimento y recibe subvenciones públicas. Soy vegana y activista por los derechos animales desde hace años. Comencé con Igualdad Animal, y más tarde, en el 15-M junto a otros compañeros, formamos el grupo de trabajo por la defensa de los derechos animales. Allí aprendí mucho de otros activistas, al debatir estrategias o puntos de vista distintos. Aquella experiencia me llevó a la conclusión de que trabajar desde fuera del sistema es necesario en ocasiones puntuales, pero es urgente hacerlo desde dentro cambiando las leyes, reflexión que me llevó a formar parte de un partido político como PACMA.