Convertidos en uno de los grupos más destacados de la escena independiente internacional, los estadounidenses vuelven a enfrentarse al mundo con “Centipede Hz”, un disco que no busca romper con su pasado, ni marcar lo que queda por venir.

Con Animal Collective las cosas no son siempre lo que parecen. Conscientes de su rol como punta de lanza de una vanguardia pop que para muchos es la muestra suprema de genuino talento libérrimo en estos tiempos de reciclaje eterno (para otros, incapaces de hacer seguidismo al sorprendente consenso crítico, no lo es tanto), los de Baltimore siguen tratando de ir siempre un pasito adelante con cada nuevo álbum. Haciendo de su obra un work in progress de trayecto extremadamente singular, en el que decenas de nutrientes tratan de mezclar sus jugos de la forma más fluida posible. Siempre deparando composiciones que no obedezcan a un patrón fácilmente identificable, sino a la fusión integral -a veces cegadora, a ratos saturada, por lo general sorprendente- de sus elementos. Que siempre lo consigan o no, ya depende del juicio de cada uno. Porque si bien “Centipede Hz” no tiene un “My Girls” o un “Peacebone” a los que aferrarse, no por ello parece en absoluto un trabajo menos digerible que cualquiera de sus inmediatos predecesores. Ni siquiera especialmente aventurado.
Pero, volviendo a aquello que decíamos al principio sobre el ser y el parecer, Brian Weitz, más conocido como Geologist, no parece estar muy de acuerdo con esa idea. “No, no creo que sea más accesible. De hecho, ‘Merriweather Post Pavillion’ era bastante más accesible que este. No se trata de que emborronemos nuestro discurso sin más para hacerlo más raro, simplemente tratamos siempre de no repetirnos en cada álbum, y de ir siempre un paso más allá”. Para tan noble propósito, y quizá con el resultado de un trabajo algo más orgánico de lo que últimamente acostumbraban, la grabación de “Centipede Hz” recupera para la causa a Josh ‘Diekin’ Dibb, en lo que todas las noticias previas a la edición del álbum que circulaban por la red calificaban como una vuelta al trabajo conjunto en estudio de sus cuatro miembros originales. La fluida cohesión que muestra cada una de sus piezas bien podría delatar ese factor, pero Geologist quita peso al asunto afirmando que: “la verdad es que hay mucho de malentendido en todo lo que se ha extendido por la red, porque tiene poco de cierto. Aunque sí es verdad que hemos vuelto a contar con Josh, en cada uno de los álbumes anteriores, pese a todo el trabajo previo hecho a distancia, siempre la parte más importante del trabajo se hacía en el estudio”. Sí que se mantiene inalterable la contribución de ese quinto hombre, el productor Ben H. Allen (cuyo currículo alterna a los de Baltimore con Christina Aguilera, Gnarls Barkley, MIA o Deerhunter), quien siempre interpreta un rol de: “darnos un contrapunto, una fricción de fuerzas de la que siempre sale algo positivo. Ben aporta una visión externa que no nos condiciona a la hora de comenzar a trabajar, pero sí no es muy valiosa en el momento en el que, con la melodía ya perfilada, hay que darle esos retoques sonoros que acaban orientándola en un sentido o en otro”. Como también quedaba claro desde un principio que “Honeycomb” y “Gotham”, canciones filtradas y editadas en los meses previos, no formarían parte de “Centipede Hz”. “No encajaban y no entraban en la secuencia de temas que hemos elaborado para el álbum. ‘Honeycomb’ tiene un ritmo upbeat que indicaba que era perfecto para ser un single, y algo parecido ocurre con ‘Gotham’, quizá por los motivos contrarios. Son, en todo caso, temas pensados para valerse por sí mismos”.

Vayamos al capítulo de las expectativas. Teniendo en cuenta su posición de privilegio como punta de lanza de una mercurial y heterodoxa forma de entender el pop, ¿son Animal Collective conscientes de las altas expectativas a estas alturas generadas en crítica y público, especialmente después de la acogida de “Merriweather Post Pavillion”? “Sí que somos conscientes de esa expectación, no vivimos en una burbuja. Pero, sinceramente, te puedo decir que esa presión nos afectaría solo si estuviéramos aún grabando nuestro primer o segundo disco, pero no cuando estamos ya con el noveno”. Y ya no solo la presión, sino la controversia de verse siempre en el ojo del huracán acerca de su singularidad, la pesada carga que puede suponer que a uno le cuelguen (seguramente también por incomparecencia de competidores) el fardo de la innovación permanente, de la vanguardia en continua transformación. “Sí, por supuesto que lo valoramos. No es algo que nos dé igual. Ese reconocimiento a nuestra singularidad es algo que da más sentido a lo que hacemos, porque si algo tenemos claro es que, en nuestro compromiso creativo, debemos tratar de ir siempre un paso más adelante que el anterior. De hecho, es obvio que en nuestra música hay una gran influencia melódica del pop de los sesenta. Pero limitarnos simplemente a copiarlo, de la forma en que hacen otras muchas bandas, sería contradecir el espíritu no solo nuestro, sino de quienes compusieron esas canciones en su momento. Y eso vale para cualquier otra década, porque siempre ha habido y habrá gente que trate de llevar el pop a una etapa expresiva superior en su evolución, como podía hacer, por ejemplo, Aphex Twin en los noventa”.